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Viernes, 13 de Diciembre de 2019

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¡Tengui, falti, tengui!

Copa de vino, vista desde arriba Fruta roja madura, especia, tostado, un toque de vainilla, algo de regaliz…  ¡Este vino ya lo he olido! ¿Estoy perdiendo olfato o todos los vinos empiezan a oler igual? Tal vez el cultivo de las mismas variedades tiene la culpa: cabernet sauvignon, merlot, syrah... ¿Cuándo empezamos a perder autenticidad para copiar aromas? Sí existen los vinos más continentales con mencía, aciertos con la bobal y buenas adaptaciones de la tempranillo. Pero con la parkerarización del gusto, la sobremaduración polifenólica, la larga maceración con las pieles y las barricas nuevas tostadas, muchos vinos pierden su identificación con el terruño y solo nos enseñan su perfil más fotogénico. Vinos modelo que son técnicamente perfectos, como los del nuevo  mundo, pero a los que les falta la personalidad de esa peca en la mejilla que, al final, acaba siendo lo más sexy. Si no que se lo digan a Cindy Crawford, que tenía más admiradores que Claudia Schiffer, la Barbie perfecta. Dicen que las cosas que están de moda dejan de ser in cuando todo el mundo las lleva. Los prescriptores hablan de  una tendencia a vinos más personales y originales pero la realidad en el mercado aún está en la fase bomb fruits. Es decir, aún nos gusta Scarlett Johansson recordando a esa voluptuosa Marylin que ansiamos en cada sorbo. Aunque se propicien las variedades autóctonas como la garnacha y el monastrell, las mencías del Bierzo marcan tendencia. Las variedades más comerciales se siguen vendiendo (¡y lo más importante, bebiendo!) como la triunfal chardonnay, el perfumado sauvignon blanc, el floral gewürstraminer, el característico albariño y el tropical verdejo. Pero, para los vinos más de culto, lo que se lleva el godello gallego. En rosados, los tradicionales vinos de garnachas y tempranillos de Rioja y Navarra, o la concentración de cabernet y merlot, quedan desbancados por el frescor de la pinot noir.

Penélope Cruz

Este vino ya lo he visto. Todos los tintos tienen la misma descripción visual: “cereza picota, capa alta, lágrima lenta”, aunque lleven cuatro años en botella. ¿Es culpa del cambio climático o que ya nos hemos acostumbrado a ponernos silicona y teñirnos el pelo? Las mujeres más deseadas de Hollywood son Penélope Cruz y Carey Mulligan, mujeres con carácter que solo se mejoran con maquillaje, sin el botox de Kim Basinguer o sin querer ser una figura de cera como Nicole Kidman. Para seguir estando nominados, lo mejor es producir vinos a lo Meryl Streep. Vinos que sepan envejecer y adaptarse sin dejar que las modas eclipsen su esencia.   * Imágenes: Getty (1) / EFE (2).

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