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El tiro por la culata

Comida con sorpresa

Hay cosas que no comprendo. Es habitual que a los blogueros gastronómicos se les invite a restaurantes con la sana intención de que haya un intecambio de favores: yo te invito a comer y, si te ha gustado, tú escribes una reseña sobre mi establecimiento. No es que esté escrito en ningún sitio pero funciona así.

Hasta aquí todo correcto. Cada uno es dueño de hacer con su blog lo que mejor le parezca. A mí, de hecho, me parece una manera bastante buena de darle publicidad a un restaurante pero también es un arma de doble filo porque siempre habrá blogueros que, simplemente por el hecho de haber sido invitados, hablarán bien del lugar, con lo cual su opinión no será muy fiable.

Lo que me llama la atención es que las últimas veces que he acudido a algún evento de este tipo han sido ¡un desastre! En una de ellas éramos un grupo de 15 personas y, aunque no todos eran blogueros, alguno de los asistentes tienen muchos seguidores en las redes sociales.

Se había concertado un menú y fue de mal en peor. Pasaron 20 minutos entre el penúltimo y el último plato y, además, aun habiéndosele quemado, lo emplataron y lo sirvieron. Cuando uno de los comensales hizo notar que la comida estaba (y sabía a) quemado, la única respuesta del encargado fue reconocer que era imperdonable.

Como compensación no nos cobraron la comida pero ¡eso es lo de menos! Lo que no llego a entender es cómo, sabiendo que tienes a un grupo de gente que puede hablar bien de tu establecimiento y te puede llevar clientela, dejas escapar la oportunidad.

También he sido testigo de otro caso curioso. Organizan una comida para un grupo de blogueros. Todo sale muy bien, la gente se va contenta y recomienda el sitio en cuestión. Pero cuando va a ese mismo sitio la gente a la que has mandado, te dice que cómo puedes recomendar eso, que la comida no valía nada, que era cara y servicio, lento. Es decir, que se esmeran con el grupo, porque saben que les van a dar publicidad, pero luego no saben mantener esa calidad a diario, con la clientela habitual.

En uno de esos eventos en los que comimos regular me decían los compañeros que no iban a mencionar en sus blogs la comida de aquel día. Me razonaba uno de ellos que él no recomedaba sitios a los que no iría porque eso solo sirve para desprestigiarse sí mismo y a su blog. Y me parece perfecto.

¡Mi plato se mueve!

Por si sirve de algo, y con toda la humildad, diría que si se está pensando en hacer alguna promoción de un establecimiento invitando a un grupo de gente que puede hablar bien de tu negocio en blogs o redes sociales, lo primero que tienes que hacer es asegurarte de que lo que vas a ofrecer tiene cierta calidad. No se trata de poner caviar o gamba de Palamós, sino de que todo esté bien elaborado y servido. Estas personas están acostumbradas a comer en todo tipo sitios y no les falta criterio para distinguir la calidad.

Lo segundo: que seas capaz de ofrecer esa calidad todos los días. Si no, lo mejor es no hacer nada porque te puede salir el tiro por la culata.

* Imágenes: Getty.

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