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Lunes, 16 de Diciembre de 2019

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Martiño Rivas: "Ellos alardean de patriotismo, a mí me gustaría ver más patriotismo cultural"

Entrevista al actor Martiño Rivas, protagonista de 'Romeo y Julieta', una de las grandes apuestas de ficción del próximo año

Martiño Rivas es Romeo en la nueva tv-movie de Telecinco

Martiño Rivas se baja del tren. Le esperan sus padres. Son pasadas las nueve y media de la noche, vuelve a casa por Navidad... como el turrón. Pide retrasar la entrevista diez minutos, lo suficiente para llegar al hogar familiar desde la estación. Martiño, no falta a su palabra y llama para comenzar la entrevista.

Lo correcto sería decir que la entrevista con este actor de 28 años se inició siete horas antes. "Ha sido como un Nadal- Djokovic", bromea Martiño al acabarla pasadas las 22:30 horas. Tal cual.

"En esta profesión, o te mueres de hambre o te mueres de sueño"

"Las élites de este país sólo se interesa por las estrellas Michelín y por el fútbol"

"Picasso, Lorca, Buñuel... ese es nuestro legado en el mundo"

"En casa me dicen que es mejor tener ventanas que tener espejos"

"Tu objetivo como actor no es el lucimiento personal, sino que brille la historia"

La entrevista se preveía para las tres de la tarde, cuando Martiño subiese al tren que le llevaría hasta su tierra natal, Galicia. Debería contar cómo es 'Romeo y Julieta', la ambiciosa tv-movie que él protagoniza y que Telecinco estrenará en unas semanas, una coproducción europea de grandes cifras. Sin embargo, la mala cobertura silenciaba continuamente a este gallego de marcado acento. Cada vez que la comunicación se interrumpía, Martiño telefoneaba y pedía sinceras disculpas. Mejor retrasarla hasta que el tren llegue a su destino.

Es extremadamente educado y considerado. La humildad reside en su actitud, va más allá de sus palabras, que se agolpan atropelladamente. Habla deprisa Martiño. Le cuesta abrirse en temas que le atañen en lo personal; se siente más cómodo al conversar de su oficio que es, a la vez que una forma de ganarse la vida, una de sus grandes pasiones.

Su semblante serio siempre esconde una media sonrisa. Martiño es de esos hombres capaces de bromear mientras todos piensan que no lo está haciendo. Hay mucho de británico en este gallego. Y también de gallego, no sólo el acento. Martiño es reflexivo, sabe escuchar y avanza en su carrera de manera inexorable, como el barco que lentamente deja el puerto y se pierde en el horizonte. El motor que mueve su máquina es la inquietud y el amor por la cultura. Y el aceite que engrasa todas las piezas es su gratitud. Porque Martiño también es un tipo agradecido.

Vas a recibir 2014 con dos estrenos que tienen que ver mucho con el teatro. Uno porque es teatro, 'Cuestión de altura' que protagonizarás en el Teatro Español, y el otro porque, a pesar de ser televisión es una adaptación del 'Romeo y Julieta' de Shakespeare...

Las dos cosas me hacen mucha ilusión. Lo curioso del medio televisivo y del cine es que algo que ya hiciste y que tenías olvidado revive de nuevo. Lo de 'Romeo y Julieta' lo hicimos en Italia, en Trento. Es una zona muy curiosa que está cerca de Suiza y de la que los propios italianos dicen "esto no es Italia". Es gente que se recoge muy pronto, que no son nada ruidosos, que no tienen nada que ver con el estereotipo de italiano que tenemos. La zona es muy bonita, con unas montañas rocosas espectaculares, con la mayor concentración de castillos medievales de toda Europa... Era increíble. Parecía que si tirabas la cámara al aire, cayese como cayese, el encuadre iba a ser precioso.

Eso, ayudado con el vestuario -que es maravilloso- y la ambientación hacen que sea un producto muy espectacular visualmente.

La función de teatro que voy a hacer en el Español es con Tomás Pozzi, un actor al que admiro muchísimo desde hace años, me parece uno de los actores más especiales y talentosos que he visto nunca. Ahora estamos en el proceso de ensayos y está siendo maravilloso.

¿Mucho trabajo estos días?

Tengo un amigo que dice que, en esta profesión, o te mueres de hambre o te mueres de sueño [risas]. Sería genial que hubiese un término medio. Pero la verdad es que estoy muy contento.

Y Shakespeare ¿qué diría de la adaptación a televisión de su 'Romeo y Julieta'?

[Ríe] Se respeta la trama argumental de su obra: el conflicto entre las dos familias, la historia de amor... Eso sí, es una versión light, es para toda la familia y no es tan sesuda ni tan compleja con ese lenguaje tan culto. No interpretamos en verso.

O sea, que se centra más en la historia de ese romance entre Julieta y Romeo; un romance que todos tenemos idealizado, pero que acaba muy mal...

Acaba muy mal, sí [ríe]... Aunque bueno, relativamente, sí acaba bien porque las dos familias [Capuleto y Montesco] olvidan su pasado de reyertas y se perdonan mutuamente. Sí que hay una superación, lo que ocurre es que el precio pagado para que estas dos familias dejen de odiarse es grande, sobre todo, para los dos enamorados.

Una de las cosas que nos enseña 'Romeo y Julieta' -ya sea en su versión original en teatro o en sus adaptaciones cinematográficas o televisivas- es que en el mundo real hay mucha gente, muchas empresas, muchos países enfrentados por auténticas sinrazones como les ocurría a los Capuleto y a los Montesco...

Siempre hay una semilla... lo que pasa es que, con el paso del tiempo, la historia degenera en una escalada de odio irracional. Y sí, se puede extrapolar a muchos ejemplos.

Creo que siempre tiene que ver con los prejuicios y con el miedo, el miedo a lo desconocido. Siempre que hay odio, en gran medida, está vinculado a cierto sentimiento de inferioridad, inseguridad o miedo a lo desconocido.

Me consta que te gusta el teatro inglés...

[Interrumpe] Me gusta el teatro en general, lo que pasa es que los ingleses tienen muy buen teatro [bromea]

¿Qué tiene ese teatro inglés?

Yo he tenido la suerte de estudiar allí un máster de un año en la Royal Central School of Speech and Drama, que está bastante bien. El teatro británico tiene un sistema pedagógico totalmente contrastado y con un bagaje histórico importante. Esta escuela que te digo data de 1906.

Ese sistema pedagógico en torno al teatro les permite formar gente y que salgan actores, directores, dramaturgos... tan talentosos. Para los británicos, el teatro es algo muy serio. Existe un gran respeto por el teatro.

He ido muchas veces al National Theatre y una de las funciones más espectaculares que vi, era un 'Hamlet' y podías ver cómo la gente que tenías en la butaca de al lado susurraba los versos de los soliloquios de la obra a la vez que el actor. Es lo más similar a ser una estrella del rock. Hay un conocimiento, una inquietud por el teatro como forma de vida y como lugar social donde refugiarse y donde aprender.

La valoración del teatro en Reino Unido es algo transversal a todas las capas de la sociedad. Sin embargo, en España, ciertas élites miran el teatro con desdén...

Si hay una crítica que tengo que hacer a las élites de este país o a la gente más acomodada es su falta de interés por todo aquello que no sean las estrellas Michelín y el fútbol. Parece que todo su interés se ciñe a esos dos campos. Y creo que es importante que esta gente, que tiene influencia social y poder económico, cultiven cierta inquietud por las distintas manifestaciones artísticas que hay.

Protagonizaste 'El internado', serie de éxito, muy seguida por el público joven que además te idolatraba por tu físico. Sin embargo, tú no has seguido el camino del típico actor joven guapo que explota en televisión y busca la cima rápido...

[Piensa] A mí me encanta trabajar. Cuesta muy poco convencerme para que yo participe en algo, básicamente porque me aburro mucho estando en casa. Me gusta sentirme activo, exprimirme la cabeza.

También disfruto mucho tanto del cine, de la televisión y del teatro como espectador y eso me genera una inquietud que me lleva a tomar decisiones distintas a las cuales la gente podría presuponer.

No pareces un tipo que busque mucho el foco...

Procuro divertirme y sentirme cómodo donde esté. Quizá mi timidez enfermiza se ha malinterpretado como un afán por no aparecer en los sitios. Me cuesta sentirme a gusto con gente desconocida así que procuro someterme a eso lo menos posible.

Y siendo tan tímido, ¿cómo es que te lanzas a una de las artes en las que más se expone, como es la interpretación?

Sí, eso es verdad. Pero la timidez no es un obstáculo ya que funcionamos dentro de un universo de ficción en el cual siempre, más o menos, sabes cuál es el devenir de cada acción que realizas o de cada palabra que tú dices. Es un universo ordenado en el que sabes a qué te expones. Eso no ocurre en la vida real.

Lo que origina mi timidez es el miedo a no tener las cosas bajo mi control en el día a día.

Escuché decir, hace poco, a Gerardo Vera, que el actor tarda en asimilar a su personaje hasta que al final deja fluir su talento. ¿Dónde es más fácil que se dé este proceso: en la ficción grabada (cine o tele) o en el directo del teatro?

Cada proceso es distinto y depende de muchas cosas. Creo que, por las dinámicas de trabajo, es más sencillo en el teatro. Hay varias semanas de ensayos; tú tienes el texto con antelación, lo que te permite ir esbozando al personaje...

En el cine, que también tienes el texto con bastante antelación, lo que sucede es que muchas veces no hay tiempo para ensayos. Llegas el primer día y te pones a rodar. El teatro es más una labor de equipo y eso facilita las cosas.

Lo que no tiene sentido es desdibujar tu personalidad por el simple capricho de no verte reflejado en el personaje. Yo creo que debes preguntarte qué cosas tienes tú en común con el personaje y qué cosas os distancian para potenciar las que ya tienes y coger las que no.

Mi principal preocupación es servir al dramaturgo, al guionista, al director. Preguntarles cuál es la historia que quieren contar y qué pieza debo ser yo para que toda la maquinaria funcione.

En la obra 'Cuestión de altura' se pone sobre la mesa el valor que le damos a nuestra imagen. Nuestra imagen más allá de la apariencia, lo que percibimos de nosotros mismos, lo que perciben de nosotros los demás... ¿Qué ves tú cuando te miras al espejo?

Si me miro al espejo es porque busco ver algo concreto: cómo me queda una camisa, el peinado... [Ríe] No suelo llegar a reflexiones muy profundas a base de mirarme en espejos. En mi casa dicen que es mejor tener ventanas que tener espejos.

Y cuando abres esas ventanas, ¿te gusta que te lleguen consejos? ¿Los escuchas?

Por supuesto. Creo que esa es una de mis virtudes. Creo que tengo el afán de superación y la humildad necesaria como para escuchar a todo el mundo.

Luego no le hago caso a nadie, hago lo que me da la gana, básicamente. [Bromea]. Tengo muy presente la opinión de la gente a la que quiero y me resulta imposible tomar decisiones trascendentales sin hacer un referéndum entre ellos.

Sí, porque no es lo mismo escuchar la opinión de la gente que te importa y luego hacer lo que te sale de las narices, que hacer lo que te sale de las narices sin más...

No, por supuesto que no es lo mismo y, si peco de algo, es de ser excesivamente reflexivo. No suelo actuar por impulsos. Siempre me gusta tener distintas visiones antes de dar un paso al frente.

Una de las frases que encontramos en 'Romeo y Julieta' es "Conservar algo que me ayude a recordarte seria admitir que te puedo olvidar". ¿Qué es lo que tú nunca podrás olvidar aunque no tengas material nada que te haga recordarlo?

[Piensa] Es una pregunta complicada... me gustaría darte una respuesta ingeniosa...

Profesionalmente, procuro no olvidar nunca el ser honesto con la historia. Sé que es más lucido hacer de payaso gracioso, pero es que, muchas veces, te toca hacer de payaso triste. Y para que el payaso gracioso resulte gracioso necesita alguien que le coloque el chiste; y sin el triste, ese chiste no hubiera funcionado.

Tu objetivo como actor no es el lucimiento personal, sino que brille la historia. Es un máxima que intento seguir siempre.

En televisión has vivido el éxito de 'El internado', una serie concebida para tres temporadas y que acabó con siete. Luego has vivido el caso opuesto, en 'El don de Alba', que se canceló tras su primera y única temporada. ¿Cómo se tienen que vivir esas dos caras de la moneda, el éxito y el fracaso, la decepción?

Hay que mirar siempre a la victoria y al fracaso con desconfianza, y no casarte con ninguno de ellos. Nunca he celebrado demasiado mis victorias ni me he dejado hundir por mis derrotas. Siempre he tenido la cabeza templada en ese sentido.

Cuando haces un trabajo, te gustaría que la gente se divirtiera, lo disfrutase... Si eso no sucede, tienes que seguir adelante. En su momento fue triste que no siguiese 'El don de Alba', pero desde entonces no han dejado de sucederme cosas buenas que igual, de seguir otra temporada, no las podría haber hecho.

Nunca sabes lo que va a pasar. Y eso también es lo bonito de esta profesión, no marcarte metas. No creo que sea acertado diseñar tu carrera desde el sofá de tu casa. Tú vas tomando las decisiones en función de cómo te llegan los ofrecimientos. Intentas hacerlo lo mejor posible, divertirte y pagar las facturas.

Aunque me estás diciendo esto, de no planificar, de no marcarte metas concretas... ¿Qué te gustaría que te hubiera ocurrido en tu carrera cuando pasen 10 años y mires atrás?

Me gustaría haber dado con un equipo de gente creativa, en el cual nos entendamos y desarrollemos proyectos por nuestra propia iniciativa. Un poco lo que fue el origen de Animalario [compañía teatral] en los noventa. Y contribuir a renovar el panorama teatral.

Dar con gente con las mismas inquietudes que yo. Es un poco lo que me he encontrado en 'Cuestión de altura', por eso está siendo tan mágico este proceso que estoy viviendo. Por primera vez me estoy sintiendo parte de un grupo creativo.

 

Antes me has dicho que, normalmente, se teme lo que se desconoce. ¿Tú crees que la clase política teme al mundo de la cultura porque realmente lo desconoce?

No sé si es un tema de temores... Creo que es una vendetta en la línea de las mejores tragedias shakesperianas. No se perdona que gente del mundo del espectáculo tomase, en determinados momentos, una posición y hubiese dado su opinión de manera abierta. Y que eso entrase en contradicción con los intereses del gobierno que había en ese momento. Eso es algo que no se ha perdonado y se está ejecutando una especie de venganza.

Hace un par de meses, tú padre - el escritor y columnista Manuel Rivas- escribía en El País, "La decadencia de Madrid tiene que ver con la desactivación de su pulso cultural. Cuando se desocupa la cultura, entra a saco la vulgaridad", ¿algo que comentar a esto?

Pues que suena bastante razonable lo que escribió papá [ríe]. Cada teatro, cada cine, cada museo que se cierra es una tragedia porque es irrecuperable. Una vez que montan un Zara en un teatro es muy difícil que eso vuelva a ser un lugar en el que se puedan ver espectáculos.

Para mí eso es lo que mueve a las ciudades, su principal motor de la vida social y lo que hace que la gente salga a las calles. Si terminamos yéndonos todos a los centros comerciales que hay en las periferias cada vez que queramos hacer algo en común, me parece una forma tan despersonalizada y aséptica de convivir que a mí no me interesa ese estilo de vida. Por eso procuro defender que se conserve este legado cultural que hay.

Y tener respeto por los grandes actores y grandes artistas de este país. ¿Qué es España si no es Picasso, Dalí, Lorca, Fernando Fernán Gómez, Buñuel, Berlanga, Azcona...? Ese es nuestro legado en el mundo.

Esta gente que tanto alardea de patriotismo... me gustaría ver más patriotismo cultural y más patriotismo fiscal con la cultura.

¿Qué has aprendido en estos años desde que te viniste de Galicia, te instalaste en Madrid, comenzaste una carrera de actor de una manera más adulta, más decidida...?

Mira, siempre hay varias frases a las que recurro. No las tengo memorizadas, pero en mi camerino las tengo transcritas. Una es de 'Largo viaje hacia la noche', de Eugene O'Neill y es un discurso del padre al hijo en el que le dice que él hubiera cambiado todo lo que posee por haberse convertido en el artista que siempre quiso ser.

Tengo otra frase de Mijaíl Chéjov [sobrino del celebérrimo Anton Chéjov] a su mujer en la que le pide que sea consciente de que en este oficio le esperan muchos días duros, fracasos, desgracias... y aún así debes seguir testarudamente hacia adelante.

Y luego hay otra, que me encanta, que dice que "la poesía cuida de los suyos". Cuando las cosas no salen como quiero, hay pocas cosas que te puedan motivar más que ponerte a leer algo de esto, a ver una buena película como 'Las uvas de la ira' o 'La ley del silencio'. Me resulta muy motivador.

Es como abrir esa ventana que dices...

Es como no perder la esperanza. Como dice una de las máximas del teatro británico "Stay Hungry, Stay Foolish" ("mantente hambriento, mantente ingenuo"). Creo que ese es el equilibrio perfecto. En esta profesión te llevas tantos palos que si no lo miras todo con cierto escepticismo, se puede volver muy doloroso. No entiendo cómo no acabamos todos locos...

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