Jueves, 04 de Junio de 2020

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Kiromantzidxa (mejor con las manos)

Comer con las manos

"¿Te importa si chupo la cabeza?", me soltó con su voz gravidulce. "Claro que no, adelante". Alargó su brazo hasta el cuenco lleno de sal que sostenía la cabeza del carabinero de Al Trapo y la cogió con las manos. Me acomodé en la silla para ver cómo se la comía. Sonreía (yo). No sé ni si lo disimulé. Entonces, mientras lamía el carabinero –lo mejor está en la cabeza, ya se sabe–, me confesó algo que me gusta pensar que solo lo sabemos unos pocos. Luego, supongo, le revelé algún secreto que acto seguido olvidé. Para compensar.

Hace unos días compartía mesa con otro amigo en un hotel decadente cercano a la playa de Ondarreta. "Aquí vamos a comer mal, pero estaremos a gusto". A veces hay que ir a sitios así. Cuando salimos a la terraza a tomar café, llegó un grupo de jóvenes japoneses y se sentaron en la mesa de al lado. Ambos nos giramos levemente para observar la escena, sabíamos que aguardaba un espectáculo. Seguimos a lo nuestro, pero de vez en cuando mirábamos sin tapujos. En una de las ocasiones, una de las chicas trinchaba las alitas de pollo con cuchillo y tenedor. Qué complicado. Con lo sabroso que es chuparse los dedos.

Quizá esa joven se escandalizaría si nos viera comer niguiris con las manos en Nakeima. No es que nos salga así, que también, es que nos invitan a ello. Si alguien no ha ido todavía a probar esa barra, ay, qué vida incompleta. Hacer cola merece la pena. De hecho, hacer cola es deseable: muda la visita en un acto emocionante y quizá, efímero. Lo efímero nos atrae. Maravillosos los niguiris, todos, especialmente el carnívoro y el de sepia. Cuenta la leyenda que el Bunwich Mr. Chang es memorable. Si tuviera que elegir un único plato de ese gallego de barrio, en plan elige o muerte, digo bocata de calamares. Y guncan de erizos. Y chirasi de mollejas. Y piña asada. Tengo ganas incontrolables de probar su ramen. Quizá cuando lleve a J. a por los callos thai. Sé que dará saltitos de alegría. Por la cocina de Nakeima pasó May antes de abrir, junto a Nina, Bolero Meatballs. Sí, lo han adivinado: es el paraíso de las albóndigas. Amigos de los animales, relax, que hay opción vegana. Y es dog friendly. En los últimos días están experimentando con postres y meriendas. Han inventando el cookwich. ¿Se imaginan? Un sándwich de cookies relleno de helado. Hay que hacer mucho deporte después para quemar esa gordura. Seguro que merece la pena. Acaban de abrir y les deseamos una sanérrima vida glotona. Sabemos que seguirán sorprendiéndonos con sus creaciones.

Me gusta la gente que come con las manos, igual que hay gente que por sus manos me puede caer mal. Es lo primero en lo que me fijo: en las manos. Dan muchísima información y no, no es Kiromantzidxa: Ekarrixu ona eskumako eskue /amen inork estotzu ainke eingo ta [Quiromancia: Dame esa manita derecha / que aquí nadie te va a morder]. Tampoco es una ciencia exacta, seamos sensatos: atendiendo a lo que sucede en Instagram salen estudios más avanzados. Torrijas. Y papaya.

Con las manos me comí las torrijas que hizo nuestra abuela en Semana Santa. Con papaya, así es ella. También con las manos me como las croquetas de Casa Julio y devoré la pastela del Arabia; me quedé con ganas de hacer lo mismo con el cuscús. Podría comer siempre cuscús. Con las manos quisiera comer los peces que nadie quiere y la res del cocinero que renunció a la cevichería La Mar, ojo, por amor a la carne. Deseo probar, por qué no con las manos, el caldo de oreja de cerdo tan bueno como para bañarse en él. Mis 30 me los hubiese zampado en Diverxo, a solas, pero opté por celebrar a base de bagels pausados y amigos en un brunch que, lejos de ser perfecto, lo fue. El siguiente desayuno de domingo será un #pícnicRAE, (de) manual, gracias a Magasand en El Retiro. Su sándwich de jamón y queso con trufa augura siesta al aire libre por lo menos. Lo dijo Montalbán: "El gourmet jamás olvida el nombre del muerto, es más, mientras se lo come hace expresa mención de él, sea jabalí o alcachofa, y recuerda otros asesinatos y devoraciones anteriores, porque el placer de comer suele ir acompañado del de la memoria de pasados festines". Coman. Coman con las manos.  

* Foto de cabecera: Getty.

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