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Lunes, 16 de Septiembre de 2019

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Piketty pone el foco en la desigualdad

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Financial Times ha otorgado a El capital en el Siglo XXI el título de libro del año. Piketty ha publicado un libro recuperando el estilo de los manuales clásicos de economía, donde se eliminaban las matemáticas para que fuera útil para la sociedad. La obra es el resultado de décadas de investigación en un proyecto para reconstruir las series históricas sobre distribución de la renta. La economía sigue siendo una ciencia empírica y la riqueza de datos que han aportado Piketty y su equipo permitirá avanzar enormemente en el conocimiento del problema y en su solución.

La solución no será definitiva ya que, como denunció Marx, el sistema de economía de mercado donde el capital es principalmente privado genera desigualdad de manera endógena. La alternativa es el comunismo que propuso el propio Marx que elimina la desigualdad haciéndoles pobres a todos, menos a la nueva casta comunista que surge de la revolución. Pero lo que permite el trabajo de Piketty es medir la intensidad de la desigualdad. No es casual que en 2007 el endeudamiento mundial sobre PIB estuviera en máximos desde 1929 y que el nivel de desigualdad también registrará máximos desde la Gran Depresión.

El boom de crédito intensifica la acumulación del capital y dispara los niveles de desigualdad. Cuando pincha la burbuja del crédito, provoca una depresión y las cicatrices son una elevada tasa de paro y de deuda pública. Y entonces la desigualdad se convierte en pobreza. En ese momento la crisis económica se convierte en social y en política, como estamos comprobando en nuestra España.

La solución no es acabar con el sistema capitalista y apostar por el comunismo, como una pandilla de iluminados pretenden hacer con nuestra querida España.La solución tampoco puede ser la falta de sensibilidad de nuestro presidente, Mariano Rajoy, que ha negado que tuviéramos un problema de desigualdad y ha hecho una política económica que parece diseñada para provocar más pobreza. Especialmente regresiva será su reforma fiscal de 2015 en clave electoral. Después de haber subido 50 impuestos, la mayoría indirectos en el que la gente de renta baja paga el mismo tipo que las grandes fortunas, Rajoy ha decidido bajar la progresividad del impuesto sobre la renta, el principal mecanismo de redistribución y solidaridad del que dispone un gobierno. También ha concentrado sus recortes en sanidad, educación y pensiones, el otro gran mecanismo para revertir la desigualdad, especialmente la educación que es la que garantiza la igualdad de oportunidades.

La solución pasa por aprovechar la capacidad de la economía de mercado para aumentar el crecimiento y la riqueza de las naciones. La principal limitación en la actualidad en España para acumular capital es la restricción de crédito. Deberíamos aprender de las lecciones de Japón que tardó una década en atacar su crisis de crédito y en 2013 registró el mismo PIB nominal que en 1991. Una vez que pones a la economía a crecer con políticas de estímulo y políticas financieras para estabilizar la deuda, como ha hecho en buena medida EEUU, hay que atacar el problema de la desigualdad.

La principal propuesta conceptual de Piketty que yo comparto es aumentar la progresividad del sistema fiscal. En España habría que evitar la rebaja del IRPF, especialmente en los tramos de rentas altas. Hay que plantearse la lucha contra el fraude fiscal con la concienciación de la campaña del carné por puntos, que redujo drásticamente las muertes en accidentes de tráfico. Y eliminar las desgravaciones del impuesto de sociedades, como nos ha recomendado la propia Comisión Europea. A nadie nos gusta pagar impuestos pero hay 1,5 millones de españoles que viven en una familia donde todos sus miembros están en paro y ya no reciben ningún tipo de ingreso. Esos deben ser la prioridad de la sociedad y de cualquier político que quiera gobernar España. Si la democracia no resuelve la pobreza extrema volverá el totalitarismo.

La clave no es subsidiar, la clave es vincular la renta pública a planes de formación y reinserción al mercado de trabajo. Y luego apostar decididamente por la educación. No sólo hay que gastar más, tenemos que gastar mejor. Vivimos en un mundo cada vez más global donde los chinos, los coreanos o los polacos lideran las clasificaciones del informe PISA sobre educación. Para eso hacen falta recursos y la historia y la teoría económica nos enseñan que el mercado sin una intervención inteligente del estado acaba haciendo una sociedad muy desigual.

España ya padeció una depresión en los años setenta que fue la herencia recibida del franquismo y el totalitarismo. La democracia permitió que gente de renta baja como yo fuéramos a la universidad y prosperásemos. No fue casual. Se hizo con reformas fiscales que empezó Suarez y continuó Felipe González que nos permitieron tener ingresos públicos propios de un país desarrollado. Y sobre todo por una apuesta decidida por la educación, la inversión en infraestructuras y la modernización de nuestro parque empresarial. Pero también por una red de protección social que nos hizo una sociedad más resistente y más solidaria. Ya sabemos cual es el camino para salir de la depresión. Pero hay que agradecer a Piketty por centrar el foco en el debate y recordarnos lo obvio, aunque hay muchos ciegos que no quieren reconocerlo.

José Carlos Díez, profesor de Economía de la Universidad de Alcalá

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