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Domingo, 15 de Diciembre de 2019

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CiU, la historia de un matrimonio de conveniencia

Las fracturas entre Duran i Lleida y Artur Mas han llevado a CiU al seísmo político, provocado por diferentes desencuentros que comenzaron con la negociación del Estatut

Fotografía de archivo de Josep Antoni Duran i Lleida y Artur Mas, durante un acto de campaña política. /

La coalición de Convergencia i Unió se crea en 1978: ambas formaciones acuerdan presentarse conjuntamente a las elecciones aunque manteniendo sus respectivas identidades como partido. En las primeras autonómicas tras la dictadura franquista consiguen la victoria -aunque en minoría- y ya no les moverían del gobierno de la Generalitat hasta el año 2003. Durante este período hay dos figuras fundamentales en ambos partidos: Jordi Pujol y Duran i Lleida, que consiguieron pese a las turbulencias una buena relación -especialmente si la comparamos con la que tuvo después el líder de Unió con Artur Mas-.

Hablar de Convergencia y Unió es hablar de una historia de muchas crisis, típicas a las que existen en los matrimonios de conveniencia... Tensiones, por ejemplo, a la hora de confeccionar listas. Aunque siempre ha estado claro cómo funciona la cuota de poder: para cargos electos, Unió Democrática se queda con el 25 por ciento, frente al 75 por ciento de Convergencia, porcentajes que, habitualmente se ha dicho que dan una cuota de representación a los democristianos muy superior a la que obtienen en número de votos.

CiU no se constituye como federación -cómo un órgano común entre los dos partidos y unos estatutos- hasta el 2001, tras una de las principales batallas que fue interna a la sucesión de Pujol. Duran aspiraba al cargo pero finalmente el elegido fue Artur Mas. Y desde entonces la relación ha tenido muchos altibajos. Un buen ejemplo de ello es que Duran, que ha desempeñado un papel muy importante en Madrid, se enteró de la reunión de Mas con Zapatero para negociar la reforma del Estatut por la llamada de los periodistas.

Tras diversas heridas abiertas lo que ha acabado por abrir un auténtico seísmo en la federación (y también dentro de Unió Democrática) es el proceso soberanista. El líder de Unió no es independentista, nunca se ha posicionado a favor del plan de Artur Mas y su figura ha sido muy cuestionada, por parte del sector independentista de su partido, de las bases, y de miembros de Convergencia. Un buen ejemplo de ello es la votación en el Congreso de los Diputados en el que Convergencia se saltó lo pactado y votó diferente a Unió y que abrió una de las últimas heridas dentro de la federación. Ahora, la cercanía con el 27 de septiembre les obliga a posicionarse y saber por tanto si se consuma la ruptura definitiva.

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