Internacional
MARRUECOS

La Sanidad marroquí veta a un médico que atendía gratis a mujeres inmigrantes, refugiadas y pobres

El ginecólogo francés de origen marroquí Zouhair Lahna viajó a Siria esta semana después de que una comisión del ministerio de Sanidad interrumpiera la atención médica a mujeres y niños desfavorecidos en una clínica social de Casablanca

El doctor Zouhair Lahna, en su consulta de Casablanca. / S.M.

Casablanca

"Me enteré por una amiga que un doctor ayudaba a los inmigrantes. Cuando llegué a la clínica, el personal fue verdaderamente bueno conmigo, no sentí la discriminación, me sentí como una persona, estuve realmente contenta allí", explica en una entrevista a la Cadena SER Sophie, una mujer camerunesa de 33 años que acudió a la clínica para quitarse los puntos después de que el doctor le extirpara unos quistes en los ovarios.

Zouhair Lahna es el exjefe de la Clínica de las Universidades de París VII y miembro de Médicos sin Fronteras y Médicos del Mundo. Desde los años 80 trabaja en África y últimamente en Oriente Medio, en Gaza, Libia y Siria, donde ha viajado de nuevo esta misma semana. Había vuelto a su país de origen, Marruecos, para ayudar a los desfavorecidos, pero tan solo diez días después de abrir el consultorio, el pasado 25 de enero, se presentó una comisión del ministerio de Sanidad y del Colegio de Médicos para paralizar la actividad. "No es un negocio. Yo quiero que los pacientes sean pacientes y no se conviertan en clientes. Yo no doy un servicio, sino que ofrezco la calidad de medicina humana y técnica a la gente que lo necesita y si después me dan cualquier cosa es un honor", precisa a la Cadena SER en una visita a la clínica en el mes de enero.

Zouhair Lahna, en su consulta de Casablanca. / S.M.

Se presentaron dos personas del ministerio de Sanidad, uno del Colegio de Médicos y otro de la Delegación, para saber qué estaba haciendo en el centro médico. "Les expliqué el proyecto, discutimos un poco por qué lo hacía gratuitamente, y les dije que era lo suficientemente inteligente y que si quería hacerme rico me dedicaría al comercio, porque la medicina no se ejerce para ganar dinero. Se fueron y nos pararon la actividad". Lahna piensa que lo que le molesta al Gobierno es que sus consultas son gratuitas pero considera que "no se trata de competencia desleal -como le acusan las autoridades- porque atiendo a pacientes sin recursos que no pueden acudir a otros centros".

El centro médico-social Injab estaba instalado en un piso modesto en una tercera planta en el mayor barrio de inmigrantes, Farah Assalam en Oulfa, a las afueras de Casablanca. Con el ginecólogo trabajaba una ayudante voluntaria. Allí pasaba consulta a los pacientes, pero las operaciones las realizaba en los quirófanos de otra clínica privada que le hacía un precio reducido. Solo abonaba un tercio de la factura.

Exteriores de la clínica del doctor Zouhair Lahna. / S.M.

Este proyecto social dirigido por Lahna contaba con el apoyo de un consorcio de asociaciones y de voluntarios bajo la batuta de la asociación Yalla Maroc. Sin embargo, los centros sanitarios y ciudadanos que le ayudaban se volvieron rápidamente atrás. "Tienen miedo -detalló a la SER el doctor Lahna-. Trabajé con varias clínicas, les pregunté si podían aceptar a estos pacientes y en principio me dijeron que sí, pero después les entró el miedo".

Las autoridades locales también se presentaron en el centro sanitario para exigirle que retirase las placas de la puerta del edificio. "He trabajado en todo el mundo con y sin autorización según las circunstancias y los países, y por eso no necesito una placa colgada en la pared. Es mi temperamento, otros lo llamarán vocación y algunos extravagancia", escribió en una carta que colgó en su cuenta de Facebook.

Las trabas y veto por parte del Gobierno marroquí le han llevado a dejar el proyecto de Casablanca y seguir ayudando a los desfavorecidos. Esta misma semana viajó a Turquía para entrar a Siria y ayudar con la medicina a las víctimas de la guerra. "Cuando se quiere hacer el bien, la tierra del señor es grande. Porque es evidente que no podemos participar en la paz social en una tierra gobernada por personas que no la desean. Si no podemos curar a los sirios y subsaharianos que han emigrado a Marruecos, ciertamente se puede hacer en sus países de origen. Las intenciones y acciones siguen siendo las mismas, sólo la geografía cambia", determinó el doctor haciendo alusión al concepto Injab y a su voluntad de ayudar con su trabajo.

Placa en la entrada de la consulta de Zouhair Lahna. / S.M.

Los propios inmigrantes del barrio dieron la cara y defendieron al médico, que desde que abrió la clínica el 15 de enero no ha tenido más que impedimentos con el proyecto social. "El doctor no está interesado en el dinero, atiende a los pacientes gratuitamente para ayudar a la gente que tiene algún problema, como fue mi caso. Hace un buen trabajo", aseguró entristecida su paciente Sophie.

Mientras sus colegas franceses se dedican a la ayuda humanitaria después de jubilarse, Lahna ha preferido hacerlo antes porque "a esas edades ya no llegas con la fuerza y resistencia necesarias para prestar este servicio". Esa decisión le llevó a dejar el sistema sanitario francés y un buen salario, y centrarse en "lo esencial", hacer lo que sabe, ocuparse de las mujeres más vulnerables y de su salud reproductiva, y en su propio país. "No considero que estoy haciendo ayuda humanitaria, sino cumpliendo un deber con mis semejantes. No quiero dedicar mi tiempo muerto a esto sino toda mi energía para una mayor eficiencia", sentenció Zouhair.

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