Domingo, 09 de Mayo de 2021

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MÚSICA | ENTREVISTA

Los gustos refinados y el inglés de Canillejas de Hola a todo el mundo

El grupo madrileño tiene nuevo disco, 'Away', y vuelven a demostrar que su música es tan especial como ellos

Hola a todo el mundo con el vestuario que les ha diseñado La Casita de Wendy inspirado en 'Herbario', de Emily Dickinson

Hola a todo el mundo con el vestuario que les ha diseñado La Casita de Wendy inspirado en 'Herbario', de Emily Dickinson / ELENA GRIMALDI

Poesía americana, té verde, taoísmo y el respeto de Francia por la cultura. De esas cuatro cosas podrían conversar los componentes de Hola a todo el mundo con profundidad. A la radio han venido a hablar de música, y lo hacen, pero irremediablemente sus gustos refinados tienen un claro reflejo en su sonido: suave, ligero, atemporal. Tras dos discos y unos seis años de gira y componiendo a la vez, decidieron darse un respiro para hacer canciones con tranquilidad y disfrutar el proceso. “Como los músicos tienen que tocar, se está dejando un poco de lado todo lo que es la producción musical”, explica Ana (teclados y coros). Durante más de un año estuvieron tocando en el salón de la casa de Sergio (bajo) y de ese lugar de inspiración salieron más de 40 canciones. “Ha sido la primera vez que teníamos tanto material. Se han quedado dos o tres canciones que yo retomaría para futuros discos”, cuenta Ana.

Portada de 'Away'

Ari (guitarras y voz) se encarga de las letras. Su acento pasa por británico pero reconoce que su inglés “es de Canillejas” y que escribir una canción es “como una tesis” porque lo hace rodeado de libros, un diccionario de rimas y otras herramientas que le ayudan con el idioma y con la inspiración. Sus letras no son autobiográficas, le interesan más “las cuestiones universales del ser humano” que las suyas individuales, y en la poesía americana de finales del siglo XXI ha encontrado su musa. Una estrofa de Walt Whitman da nombre al grupo y Emily Dickinson da coherencia a su tercer disco. “Estuvimos consultando su Antología bilingüe en casa de Ana. Dickinson se expresa de una manera muy clara, muy cotidiana, y eso era también lo que buscábamos en este disco”, explica Ari, que adelanta que todo lo que sucedió después con la poetisa fue fruto de la casualidad: “Dickinson reapareció después de grabar el disco porque cuando fuimos a elegir el vestuario a La casita de Wendy, Inés nos dio varias opciones y una de las telas tenía flores que había calcado del Herbario de Emily Dickinson, así que eligió ya por nosotros, nos quedamos con las flores”. El grupo cuida mucho su imagen. “Para las ocasiones hay que vestirse, así que para el directo hay que vestirse”, afirma Ana, que no descarta rescatar alguna de las capas y vestidos que su madre –modista, como la de Ari- le preparó para giras anteriores. De momento Ari ya ha dado un cambio importante con el corte de pelo. “Siempre he tenido las puntas muy mal”, bromea.

Para darle forma a las canciones de Away eligieron a Luke Smith, productor de grupos como Foals o Crystal Fighters. “Ha sido una experiencia muy intensa y muy enriquecedora, todo lo que nos ha aportado ha sido muy acertado”, dice Ari mientras Ana recuerda el nivel de exigencia durante la grabación: “Los productores ingleses son muy disciplinados, muy de repetir”.

A base de tocar una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, el grupo está más que preparado para afrontar los conciertos que tiene por delante. De momento una de las citas que más les emociona es la del festival BBK Live, en Bilbao, y les encantaría volver a Francia y no sólo por el queso que les ponían en el camerino: “El público es muy respetuoso, allí mantienen un trato especial con la cultura” -recuerda Ari y Ana le da la razón- “había mucha gente mayor. Ahí es donde ves si la música es un bien común. Aquí, si pasas una determinada edad y vas a un festival, eres el desfasado de turno”. La confirmación de que la concepción de la música era distinta llegó en un festival en La Bresse: “Todos los institutos de la ciudad tenían pases para todos los conciertos, iban con los profesores a escuchar la música al mismo tiempo aquí estaba prohibido que los menores entraran en las salas. Eso es interpretar la música como cultura, ¡es como si vetaras la entrada a niños al Museo del Prado!”

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