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Somalia, el país de la eterna huida

  • Somalia es el segundo país más afectado por el cambio climático
  • De sequías periódicas cada 10 años ha pasado a ser anual
  • 739.000 desplazados en poco más de 6 meses por esta sequía eleva a más de 1,8 millones de personas obligadas a vivir fuera de sus hogares en este país

Ahmed, tiene 3 años, y pesa sólo 10 kilos, tuvo malaria y lleva así de enfermo un mes /

Enviado especial a GALKACYO, SOMALIA

Si uno mira más allá de la impactante foto del hangar del aeropuerto de Lampedusa lleno de ataúdes en octubre de 2013, se ve Somalia. Si se escuchan las conversaciones de aquel médico que unos días después pidió socorro por teléfono a Italia y Malta desde un barco con más de 300 personas que se hundía, también se ve y se escucha Somalia. En ambos casos la mayor parte de las víctimas mortales de ambas tragedias, dos de las más importantes en la luctuosa historia del Mediterráneo de los refugiados, nacieron en Somalia. Sí, son desde hace más de 15 años una de las nacionalidades mayoritarias que llegan a Europa por la vía marítima ya que tienen cerradas otras puertas. Sin embargo son una minoría los que logran salir del país, la realidad es que la gran mayoría de los somalíes jamás tendrán ni siquiera la posibilidad de plantearse huir fuera de sus fronteras.

Más de cien mil nuevos desplazados al mes causados por la sequía que lo arrasa todo. Unos han perdido 100, otros 500, una señora nos cuenta entre lágrimas que su clan se ha arruinado porque sus 5.000 cabras se están disecando en medio de estas tierras desérticas. Los rebaños han sido arrasados, el 65 por ciento ha muerto de sed, es el peor indicador posible para un país cuya mayor parte de la población es nómada y se dedica a la ganadería. Si no hay animales, y si caen hasta los camellos que son capaces de aguatar hasta dos meses sin beber, nos dicen algunos pastores, el resultado es dramático para las 739.000 personas que se han tenido que desplazar dentro del segundo país que más sufre el cambio climático. Si en la hambruna de 2011 se hablaba de la peor sequía en 50 años, esta de 2017 va camino de superarla.

Casi dos millones de somalíes viven desplazados forzosamente dentro del país, entre los que contabilizan los de esta sequía y los de la eterna guerra que cumple ya 25 años. Acompañando a un equipo de Save The Children España en un recorrido por esta fotografía humanitaria tan delicada, llegamos a uno de esos no lugares, el campo de Kheyre in Bacadwen. Allí encontramos a los supervivientes de la sequía en medio de la nada, después de dejar atrás decenas y decenas de cadáveres de cabras o camellos, llegamos después de muchos kilómetros hasta el campo de desplazados internos, uno de los centenares que abundan por todo el país aunque en realidad llamarle "campo" es demasiado. Son un grupo de chamizos, de chozas construidas con ramas de los arbustos y con trozos de tela, donde han ido llegando desde enero centenares de familias como nos explica Mohamed de Save The Children.

Después el jefe del campo, un pastor desplazado con su familia, nos dice que son 257 chozas, que a 6 miembros por familia, son estos 1.500 habitantes de la nada que necesitan que los camiones traigan agua cada día para sobrevivir. Aquí para excavar un pozo habría que descender hasta 400 metros, algo inviable para estas comunidades. Es un campo de desplazadas, casi todas son mujeres y niños, los maridos, todos pastores nómadas se han marchado a las ciudades en busca de trabajo.

Llegamos a la hora del screening nutricional y el primer caso que vemos ya es preocupante: El indicador sobre el brazo de Ahmed está en rojo, el color que en el medidor del perímetro braqueal significa desnutrición aguda severa, el estado más peligroso. Su madre, Jalimo, está acompañada de Esteha, otra hija de 5 años, también desnutrida, "tengo 6 hijos y dos de ellos malnutridos ahora mismo, este pequeño se llama Ahmed, tiene 3 años, y pesa sólo 10 kilos, tuvo malaria y lleva así de enfermo un mes, por eso he venido a que lo atiendan, ya lo había llevado al hospital, se recuperó pero vuelve a estar mal. "Con 3 años, dicen los médicos que lo atienden, el niño debería pesar al menos 15 kilos. Junto a Ahmed está la pequeña Esteha, que con 5 años se está alimentando de la pasta de cacahuetes energética con la que se recuperan muchos pequeños, ella también está malnutrida severa.

Los trabajadores de los equipos móviles de Save The Children visitan cada campo y en días como hoy han realizado más de 100 test nutricionales con un brutal resultado: 49 casos desnutridos moderados y 9 agudos severos, índices alarmantes propios de una situación de hambruna, aunque aún el nivel de mortalidad no llega a lo que marcan los indicadores que se consideran para hacer oficial una declaración de hambruna.

La familia de Halimo perdió por la sequía todos sus animales, 400 cabras y algunos camellos, la sequía ha acabado en esta zona con el 65 por ciento del ganado y como la gran mayoría de las familias son nómadas y dependen de sus rebaños, de ahí la dimensión de esta crisis alimentaria. Jalimo dice que es la peor sequía que recuerda, y que está preocupada, que no puede imaginar un futuro para sus hijos sin ganado. Es una de las miles de desplazadas forzosas de este país de huida, ella vivía moviéndose con su ganado en busca de aguas y pasto y ahora tiene su vida aparcada en el chamizo y la vida de su hijo en manos de los médicos.

"De momento estamos evitando las muertes en el campo pero hay casos como este niño que si no llega a venir hoy y si no lo derivamos ahora mismo al hospital podría haber muerto en las próximas horas, la situación es muy dura" advierte Mohamed Abdulaye, de uno de los equipos nutricionales de Save The Children en esta zona y que trabaja en 15 campos de la nada como este .

Hasta el ganado se ha visto afectado por la sequía / Pedro Armestre/ Save the Children

Más al sur, después de más de 240 km, llegamos a Galkayo, una ciudad en grado 3 de alerta por ataques de Al Shabab y otros grupos terroristas y de los clanes enfrentados, pero que sin embargo es el refugio de muchos miles de desplazados. Al lado de las bases de las agencias de la ONU está el campo de Orshe, con esos mismos chamizos construidas con ramas y trozos de tela. En una chabola construida con chapa metálica y que hace de centro nutricional encontramos a Amina, de 26 años. "Se llama Hassan y tiene un año y 3 meses y todavía tiene diarreas y no respira bien. Todo mi ganado, 200 cabras y camellos murieron por la sequía. Nos llevamos el ganado a Etiopía en busca de pastos pero allí también hay sequía. Hace 3 meses cuando ya no teníamos nada decidimos volver a Somalia pero mi niña de tres años murió en el camino, no lo resistió también con fuertes diarreas y ahora no tenemos nada y mi hijo Hassan está enfermo", lamenta esta joven a la que ahora le quedan 3 hijos.

Su hijo Hassan es uno de los casos más complicados porque además de malnutrición aguda severa tiene problemas respiratorios y diarrea. Esta vez no quiere volver a vivir lo que hace 3 meses cuando en el camino de vuelta de Etiopía, cuya frontera está muy cerca de esta zona, perdió a su hija. Al menos con Hassan ha llegado a tiempo de ser tratado en uno de esos centros nutricionales.

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