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Sábado, 17 de Agosto de 2019

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El diálogo que frustró el atentado de la T-4

Zapatero mantuvo nueve meses abierta una negociación con ETA a la vez que PNV, PSE y Batasuna buscaban un acuerdo

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero,durante su visita a la zona afectada por la explosión de la furgoneta bomba colocada por ETA en un módulo del aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Barajas /

Sólo siete años después del diálogo frustrado entre representantes del Gobierno de José María Aznar con dirigentes de ETA, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Ejecutivo, impulsó de nuevo conversaciones con la organización criminal. Para entonces, la banda terrorista llevaba tres años sin matar.

El diálogo comenzó en junio de 2006. El 29 de diciembre, Zapatero lanzó un mensaje de esperanza en relación con ese proceso para acabar con ETA. Sólo un día después de aquella comparecencia pública del presidente del Gobierno, los terroristas desmintieron a Zapatero de la peor manera posible. ETA explosionó una bomba colocada en el aparcamiento de la nueva terminal del aeropuerto de Barajas que mató a dos ciudadanos ecuatorianos, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio.

Las conversaciones del Gobierno socialista con ETA vinieron precedidas de varios años de encuentros en el caserio de Txillarre entre el dirigente Jesús Eguiguren, entonces presidente del Partido Socialista de Euskadi, y el líder de la izquierda radical independentista, Arnaldo Otegui. Ellos pusieron las bases del diálogo, que comenzó con múltiples encontronazos.

El primer encuentro se celebró en Ginebra el 22 de junio de 2006. Tres meses antes, ETA había declarado un "alto el fuego permanente". Eguiguren llega acompañado de Javier Moscoso, ex ministro de Presidencia. "El encuentro fue frío, acorde con la situación. En aquella reunión se trató solo de hacer un balance de lo sucedido en los tres meses que llevaba vigente la tregua. ETA explicó que no habría reuniones de otro carácter hasta que no se resolviera el problema de la seguridad para que ellos pudieran moverse en el exterior, pero sabían que ese asunto no se dirimía en nuestra mesa, que funcionaba a otro nivel. Fue solo una reunión de quejas. Nos entregaron una carta para Zapatero", explicó Eguiguren al periodista de El País, Luis Rodríguez Aizpeolea. "También protestaron porque la verificación sobre el alto el fuego que planteó Rodríguez Zapatero no estaba en los preacuerdos y que, además, había vendido el proceso como un proceso de resolución técnica, de paz por presos, y no un proceso de resolución política".

Quién planteaba las quejas fue Josu Ternera, que llevaba tres años huído de la justicia española. El dirigente etarra avisó de que si durante el proceso de conversaciones, seguían las detenciones de terroristas, volverían los atentados. "Nos entregaron un documento con el número de detenciones y hasta de los controles de carretera. Dijeron que el Gobierno había mantenido la represión para debilitar a la izquierda abertzale y añadieron que la confianza había saltado hecha añicos y que el panorama era desolador. Le contesté que no había una estrategia planificada del Gobierno con esa intención y que las quejas eran prematuras porque aún no había empezado el proceso. Reconocí que las cosas no estaban saliendo como habíamos previsto, y que en una sociedad democrática el Gobierno no controla todos los poderes, como el judicial, que tiene sus límites. Y que, en definitiva, si se habían producido detenciones era porque seguía habiendo extorsión".

Tras esa primera conversación, ETA lanzó un comunicado donde relataba que el proceso de diálogo había entrado en crisis. Por esa razón, Eguiguren pensó que activar una mesa política donde se alcanzaran acuerdos podía desbloquear las conversaciones con la banda terrorista. Pero la estrategia del dirigente socialista vasco chocó con la voluntad de Batasuna, que se negó a dar pasos para facilitar su legalización. "Hoy tengo claro que ETA se lo prohibió", señaló Eguiguren algún tiempo después. Batasuna, cuya actividad política había dado apoyo a los crímenes terroristas, justificó así su rechazo a la propuesta de legalización a través de la Ley de Partidos: “Podríamos vernos en el ridículo de pasar por la ventanilla para legalizarnos y luego ser ilegalizados por la vía penal.

“Tengo que decir que el ministro del Interior [Alfredo Pérez Rubalcaba] no estaba de acuerdo con la mesa de partidos porque a su juicio esas reuniones rompían el esquema de primero, la paz, y después, la política. Yo defendí la propuesta de Otegi al considerar que sólo se rompía relativamente la hoja de ruta, porque lo que se pretendía no dejaba de ser un preacuerdo. El PSE apoyó mi propuesta y el PNV, aunque con escepticismo, también. Me encargué yo mismo de hablar con Imaz para convencerle. Ése fue el germen de las conversaciones de Loiola”, explica Eguiguren al periodista de El País Luis Rodríguez Aizpeolea en el libro Eta, las claves de la paz. “Fue muy difícil convencer a Rubalcaba, que estuvo en desacuerdo con la decisión y con la alteración de la hoja de ruta. Pero ante la insistencia socialista vasca y del PNV, dejó hacer; advirtiendo, no obstante, que era un error y que el tiempo lo demostraría”.

En esas negociaciones políticas, que transcurrieron en paralelo a las conversaciones con ETA, Otegi entregó a Eguiguren un folio con los puntos para la negociación de un acuerdo:

  1. Sobre el carácter y la identidad nacional del Pueblo Vasco.
  2. Sobre los mecanismos que permitan a la ciudadanía vasca adoptar, libre y democráticamente, decisiones en torno a su futuro político e institucional.
  3. Sobre la garantía y el respeto a todos los derechos de la ciudadanía vasca.
  4. Sobre la articulación institucional.
  5. Incorporación de los acuerdos al marco jurídico y referéndum popular.

El lugar elegido para las reuniones de la mesa política formada por Jesús Eguiguren y Rodolfo Ares, del PSE; Josu Jon Imaz e Iñigo Urkullu, del PNV, y Arnaldo Otegi y Rufi Etxeberria, de Batasuna, que tuvieron lugar entre el 20 de septiembre y el 10 de noviembre de 2006, fue una basílica situada entre Azpeitia y Azkoitia, “levantada donde está la casa-torre de los Loiola”, y santuario guipuzcoano de los jesuitas.

En aquella negociación política se planteó la posibilidad de impulsar una entidad común que agrupará a Navarra y a las tres provincias vascas y se llegó a un consenso para proponer una reforma de los estatutos de Euskadi y Navarra cuyos destinatarios eran sus respectivos parlamentos y donde se dejaba abierta la posibilidad de regular el derecho a decidir solo posible en un escenario de ausencia de terrorismo. En las Cortes se ratificaría lo acordado y después se sometería a referéndum.

Con el acuerdo prácticamente cerrado sobre la identidad nacional del País Vasco y las fórmulas de colaboración institucional entre Navarra y Euskadi, e incluso sobre las fórmulas legales para incluir el derecho a decidir en los estatutos de esas dos comunidades, todas las partes se citaron el 8 de noviembre para ratificar el consenso alcanzado.

El 6 de noviembre de 2006, Otegi se reunió a solas con Eguiguren en Txillarre, para comentarle que querían hacer dos modificaciones sobre el acuerdo que pretendían firmar: “Me informó de que querían añadir al acuerdo un nuevo punto, en el cual todos nos comprometíamos a la creación de una Comunidad Autónoma Única, formada por Euskadi y Navarra, en un plazo de dos años. Y que quería que lo supiéramos antes de la reunión, por si era posible buscar alguna fórmula de compromiso. Mi respuesta fue tajante e inmediata. Era una exigencia imposible. No existía ninguna fórmula legal ni democrática para consensuar eso. Aparte de ser inviable, iba en contra de toda la filosofía del acuerdo. Y nunca se había planteado en todos los años de conversaciones. No me lo podía creer. La única esperanza era que se tratara de una extraña estrategia para conseguir otra cosa”.

La ruptura de la negociación en la Mesa Política avanzó el fracaso de las conversaciones con ETA, que seguían empantanadas.

La segunda tanda de reuniones con los terroristas comenzó en septiembre de 2006. La banda cambia a su interlocutor principal. Ya no es Josu Ternera, sino Javier López Peña, alias Thierry, jefe político de ETA. El Gobierno incorpora a las conversaciones al catedrático de Derecho Penal y exvocal del Poder Judicial José Manuel Gómez Benítez.

"Para ETA", escribe Eguiguren, "introducir Euskadi en lugar de ciudadanos vascos significaba excluir Navarra". "La novedad más importante fue la presencia de Thierry, que empezó acusando al Gobierno de poner en marcha la doctrina Parot (una interpretación sobre cómo restar redenciones de pena que obligó a los etarras condenados con el Código Penal de 1975 a pasar más años en la cárcel) para utilizar a los presos. Le contestamos que no era una decisión del Gobierno sino una decisión autónoma de la Justicia, Thierry dijo que no creía en la división de poderes, que a él no se le hablara del Estado de derecho ni de la función autónoma de la Justicia".

Las condiciones: no más atentados, ni rearme, ni violencia callejera

El 11 de diciembre de 2006, Francisco Javier López Peña, Thierry, jefe de ETA, se reúne en un restaurante de Oslo con Jesús Eguiguren. El lugar está muy cerca del hotel donde se han celebrado varias reuniones entre los representantes del Gobierno y los jefes terroristas. Thierry reprocha a Eguiguren diversos incumplimientos del Gobierno en relación con ETA. Y le amenaza: "Lo que yo diga va a misa. Podemos atentar donde queramos y como queramos. Si se rompe el proceso, esto va a ser Vietnam. Responderemos a las detenciones con un atentado en España".

El dirigente socialista le responde que quién ha incumplido los compromisos pactados es la banda terrorista. Y le recuerda lo acordado con ETA durante el proceso de negociación.

"-No atentados contra las personas.

- No atentados contra todo tipo de viviendas, bienes, edificios o símbolos.

- No kale borroka.

- No acoso social ni político; no extorsión económica.

- No adquisición de armas, compra, tráfico, etcétera; no adquisición de cualquier tipo de material.

- No atracos.

- No acciones de abastecimiento de todo tipo de material; suspensión del reclutamiento, formación y entrenamiento.

- No a la exaltación o propaganda de la lucha armada"

El diálogo, que entonces se desarrollaba en Ginebra, fue cargándose de tensión y fuertes discrepancias. Los terroristas exigieron hablar de Navarra y autodeterminación. El Gobierno se negó. El 30 de diciembre de 2006, un coche bomba en el aparcamiento de la T-4 causa dos muertos y destroza cualquier esperanza de acuerdo dialogado para poner fin a más de 40 años de historia criminal de ETA.

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