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Los refugiados generan un impacto económico positivo en Europa

Así lo demuestra un trabajo de 30 años con datos recogidos en 15 países de Europa occidental

Un momento de la concentración con motivo del Día Mundial de los Refugiados que ha tenido lugar esta tarde en la Plaza de España de Zaragoza / ()

Economistas del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS, por sus siglas en francés), la Universidad de Clermont-Auvergne y la Universidad Paris-Nanterre, en Francia, han demostrado con un estudio que la llegada de solicitantes de asilo no conduce a un deterioro en el rendimiento económico y las finanzas públicas de los países europeos que los acogen.

Es más, según el estudio, publicado este miércoles en 'Science Advances' y en el que los investigadores han utilizado un modelo estadístico dinámico basado en datos de 30 años de 15 países de Europa occidental, el impacto económico tiende a ser positivo, ya que una proporción de los solicitantes de asilo se convierte en residentes permanentes.

Más de un millón de personas solicitaron asilo en uno de los países de la Unión Europea en 2015, por lo que se trata de un año récord. Este estudio no es el primero en considerar cuál es el impacto económico y fiscal de estos flujos migratorios, pero el método que utiliza es nuevo, según sus autores. Los enfoques tradicionales adoptan principalmente un enfoque contable: comparan los impuestos pagados por los inmigrantes con las transferencias públicas que se les pagan, pero no tienen en cuenta las interacciones económicas.

Estos investigadores utilizaron un modelo estadístico presentado por Christopher Sims, quien en 2011 fue galardonado con el Premio Sveriges Riksbank en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. Ampliamente utilizado para evaluar los efectos de las políticas económicas, este modelo permite que los datos estadísticos hablen por sí mismos al imponer muy pocas suposiciones.

Los datos macroeconómicos y los datos sobre los flujos migratorios provienen de Eurostat y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y conciernen a 15 países de Europa occidental: Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Islandia, Irlanda, Italia, Noruega, Países Bajos, Portugal, España, Suecia y Reino Unido.

Los investigadores distinguieron los flujos de solicitantes de asilo de los flujos de otros migrantes y evaluaron estos últimos flujos sobre la base de la migración neta, que no tiene en cuenta a los solicitantes de asilo. Los flujos de solicitantes de asilo están formados por personas que tienen el derecho legal de residir en el país de acogida mientras se procesa su solicitud; de forma que el país anfitrión los considerará residentes solo si se concede su solicitud de asilo.

Mejoras en el PIB per cápita y la tasa de desempleo

Durante el periodo estudiado (1985-2015), Europa Occidental experimentó un aumento significativo en los flujos de solicitantes de asilo después de las guerras en los Balcanes entre 1991 y 1999 y, tras 2011 a raíz de la primavera árabe y el conflicto en Siria.

Al mismo tiempo, los flujos de inmigrantes, especialmente nacionales de la UE, han aumentado después de la expansión de la UE hacia el este en 2004. Estos eventos ofrecen numerosas oportunidades para evaluar las consecuencias de un incremento imprevisto de los flujos migratorios sobre el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita, la tasa de desempleo y las finanzas.

Los científicos muestran que un aumento en el flujo de migrantes permanentes (es decir, no solicitantes de asilo) en una fecha determinada produce efectos positivos hasta cuatro años después de esa fecha: el PIB per cápita sube, la tasa de desempleo cae y el gasto público adicional es más que compensado por el aumento en los ingresos fiscales.

En el caso de los solicitantes de asilo, no se observa ningún efecto negativo y el efecto se vuelve positivo después de entre tres a cinco años, cuando una proporción de solicitantes de asilo obtiene asilo y se une a la categoría de migrantes permanentes. Según estos resultados, es poco probable que la actual crisis migratoria sea una carga para los países europeos; por el contrario, podría ser una oportunidad económica.

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