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Miércoles, 17 de Julio de 2019

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¿Quiere que sus futuros hijos estén más sanos? ¡Haga ejercicio!

Varios estudios muestran que los padres, a través del esperma, pueden influir en la salud de sus futuros hijos.

La salud de los hijos es lo que más importa para los padres. Pocos escatiman en dinero para que nazcan y crezcan con buena salud. Lo que muchos ignoran es que, después de nacer, algunas oportunidades de mejorar su salud ya han pasado.

Las madres, durante el embarazo, evitan fumar y beber alcohol por los posibles efectos negativos. Pero, ¿y el padre? Se asume de forma general que el hombre no influye directamente en la salud de sus hijos. Sin embargo, ahora sabemos que esto no es verdad.

La salud del padre también afecta a la de sus futuros hijos. Por eso es esencial que el padre haga ejercicio y lleve una vida sana durante los meses previos al embarazo. Esto permitirá transmitir los beneficios a la futura generación.

¿Cómo influye el padre?

Varios estudios muestran que los padres, a través del esperma, pueden influir en la salud de sus futuros hijos.

Estos estudios científicos se han centrado en estudiar las marcas hereditarias en el código genético del esperma, llamadas marcas epigenéticas. Estas determinan qué genes están activados o apagados. Hace unos años pensábamos que estábamos determinados genéticamente, pero hoy en día sabemos que nuestro estilo de vida es esencial, no solo para nuestra salud, sino también para la de las siguientes generaciones.

Parece ser que tanto la dieta, el índice de masa corporal, e incluso el nivel de condición física son factores determinantes. Los padres con peor dieta, o un mayor sobrepeso, pueden afectar de manera negativa al desarrollo metabólico de sus futuros hijos.

Lo más interesante es que dos recientes estudios, en gente joven y sana, han demostrado que hacer ejercicio de 2 a 5 veces por semana, entre 6 y 12 semanas, es suficiente para modificar positivamente las marcas epigenéticas que van a ser transmitidas a nuestros futuros hijos. Entre las marcas apagadas, destacan las relacionadas con enfermedades metabólicas y neurocognitivas.

Haz ejercicio: por ti y por los que vienen después

En los últimos años, el papel del ejercicio físico en nuestra salud ha sido demostrado en numerosos trabajos científicos. Resulta sorprendente lo positivo que puede ser algo tan sencillo como salir en bici o correr.

Hoy en día pasamos el día sentados delante del ordenador, con largas jornadas de trabajo, y conducimos a todas partes. Esto ha hecho que en unas décadas hayamos disminuido de manera drástica nuestros niveles de actividad física. Con ello ha habido un aumento alarmante en la incidencia de determinadas enfermedades.

Sabemos que el pilar fundamental de la salud es una buena alimentación y ser físicamente activos. Todos sabemos que el ejercicio nos ayuda a prevenir infinidad de enfermedades como la diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares. También reduce los niveles de colesterol y glucosa en sangre. Sin embargo, parece que esta no es razón suficiente como para animar al 50 % de la población, que apenas se levanta del sofá en su tiempo libre.

Tenemos que tener muy presente que un estilo de vida activo, en el que se realice ejercicio físico, es indiscutiblemente muy positivo. Las recomendaciones internacionales de ejercicio son de al menos 150 minutos a la semana a intensidad moderada, o 75 minutos si son de ejercicio intenso. Tan solo hace falta entre 1 a 3 horas de ejercicio a la semana para reducir el riesgo de enfermedades y para nuestra salud. ¡Además ahora sabemos que también es para nuestras futuras generaciones!

¿Qué beneficio va a dar a nuestros hijos?

Los estudios multigeneracionales son difíciles de llevar a cabo con personas, por el tiempo y seguimiento que eso conlleva. Por eso muchos se hacen con ratones, donde se ha demostrado que factores como una dieta alta en grasas, o tener sobrepeso, son variables que repercutirán de manera negativa en los hijos e incluso nietos.

Los efectos negativos son, principalmente, una mayor predisposición a enfermedades metabólicas, como resistencia a la insulina y glucosa alta. Aún así, se ha visto que el ejercicio regular en estos ratones influye de manera positiva y previene algunos de esos efectos metabólicos negativos.

Hace poco, investigadores españoles han descubierto que los ratones con padres físicamente activos tienen una mejor capacidad cognitiva, además de una mejora fisiológica en el hipocampo (parte responsable de la memoria). Parece ser que nuestro cerebro también se beneficia de los hábitos de vida de nuestros padres.

Es sorprendente que algo tan sencillo como el ejercicio físico pueda tener efectos tan positivos para futuras generaciones, incluso para los nietos. Solo hace falta invertir menos del 2 % de tiempo semanal en hacer ejercicio y mantener un estilo de vida sano. Está claro, que si queremos lo mejor para nuestros hijos, tendremos que sudar un poco para conseguirlo.

Javier Botella, PhD candidate, Victoria University y Alba Moreno-Asso, Postdoctoral Research Fellow, Victoria University

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

The Conversation

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