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Viernes, 13 de Diciembre de 2019

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Vuelta al cole: trucos para cambiar la rutina antes de las clases

Dos familias cuentan los preparativos para el regreso a la rutina y la psicóloga Silvia Álava explica cómo regresar con éxito a las costumbres anteriores a las vacaciones

Imagen de archivo de la vuelta al cole en una clase en Tres Cantos (Madrid). / ()

Las costumbres han empezado a cambiar en la familia de Carlos Guerra. “En el pueblo nos llaman los padres burbuja porque somos de los primeros en volver a casa por la noche”, explica. Vive junto a su pareja y a sus hijos de 6 años y 19 meses en Novelda del Guadiana (Badajoz) donde las familias siguen tomando el fresco en verano y sacando las sillas a las calles. Diez días antes de la vuelta al cole se recogen a eso de las diez de la noche. Son partidarios de hacer una transición lo más ordenada posible ante el comienzo del curso. “Ya tengo ganas de que empiecen las clases para que nuestros hijos descansen más. En verano se pueden acostar a las doce de la noche y la bebé se sigue despertando a la misma hora, sobre las siete de la mañana. Al menos ella luego echa siesta, pero el mayor ya no”, cuenta Carlos.

Cuando queda algo más de una semana para que empiece el cole, los hijos de Carlos se van a la cama a las diez de la noche y los días antes la hora se adelanta a las ocho y media o nueve. Así completan la transición. No sin quejas del hermano mayor que quiere seguir la juerga. Ese lunes, la bebé acudirá por primera vez en su corta vida a una escuela infantil que está a cinco minutos del colegio del hermano. Todo para facilitar horarios y conciliación.

Comenzar una semana antes la transición

No hay quien les haga conciliar el sueño por la noche y por la mañana es imposible que se pongan en pie. La escena se repite la primera semana de colegio. Quizá sea porque en España los escolares disfrutan de entre 10 y 11 semanas de vacaciones estivales, de las más largas de la Unión Europea junto a Francia, Suecia o Finlandia. Los niños alemanes y británicos disfrutan de menos días libres que se distribuyen a lo largo del año por lo que a mediados de agosto han empezado ya las clases. A los malabares de la conciliación familiar si los padres trabajan fuera de casa se une el cambio de horarios y alimentación. Volver a adaptar nuestras vidas a la rutina del curso puede acarrear tensiones que son fáciles de evitar si tomamos algunas medidas unos días antes.

“Los horarios se descompensan, son más flexibles. No hay la presión del tiempo ni del reloj. Ocurre que al comenzar el cole hay niños que comienzan con mucho sueño. Se siguen durmiendo a la misma hora de once y media de la noche, pero el despertador suena a las siete de la mañana. Ahí ya empiezan las prisas de desayunar corriendo e ir al cole. El acoplamiento del ritmo sueño y vigilia hay que comenzar a hacerlo una semana antes. Lo mismo pasa con los horarios de las comidas. Lo ideal es hacerlo de una forma paulatina”, explica la psicóloga Silvia Álava.

No ser derrotista 

Acostarse y levantarse un poco antes cada día es parte de la clave para una transición controlada. Hasta llegar a unos horarios similares al resto del año. La edad también es un factor para tener en cuenta. “En un bebé no solemos cambiar tanto los cambios de rutina para no desestabilizarlo demasiado. A veces creemos que los niños son más mayores de lo que son y se resienten si hay mucho desfase”, afirma.

La psicóloga recomienda dar la vuelta a algunas frases clásicas del final de las vacaciones como “ya se nos acabó lo bueno” cuando Álava cree que lo bueno debe de ser todo el año. O al menos intentarlo. “Cuando estamos de vacaciones no tenemos obligaciones laborales o de horarios. Pero el resto del año también tenemos que hacer por estar bien. Trabajar tienen su parte positiva al igual que el colegio y no podemos obviarlo. Sin querer, estamos transmitiendo que lo que viene ahora no es bueno y que ya no vamos a estar bien”, cuenta.

Tener buenos propósitos 

La rutina nos ayuda a hacer las cosas. Lo automatizamos y necesitamos menos recursos porque no tenemos que estar pendientes de lo que tenemos que hacer. Es como cuando aprendemos a conducir La rutina nos ayuda a automatizar los aprendizajes y por eso son tan importantes. La rutina genera estabilidad. Los niños necesitan saber qué es lo que van a hacer. No tiene que ser inflexible porque se corre el riesgo de que se pongan nerviosos si no se hace eso. Hay que saber que la rutina da estabilidad y confianza., explica la especialista.

La vuelta al cole ocupa buena parte de las conversaciones de las familias estos días. / GETTY IMAGES

Los buenos propósitos son también una herramienta importante para comenzar el curso. Y, de nuevo, importa la forma hacerlo. Si se quiere potenciar que el niño lleve al día las tareas en la escuela, mejor plantearlo así y evitar destacar los aspectos negativos del curso anterior. Borrón y cuenta nueva, que se suele decir. “No es una buena fórmula decirles ‘fíjate que el año pasado perdiste tres chaquetas, un libro de matemáticas, tuvimos que comprar cuatro estuches’. La razón es que lo ponemos ante una profecía autocumplida. Sin querer, les estamos condicionando. Mejor optar por ‘este año te va a ir genial y lo vas a apuntar todo en la agenda’. Mejor optar por lo positivo y dejar de lado los errores del año anterior

Vencer la pereza

Sandra tiene ocho y no quiere volver al cole. Prefiere vivir en unas vacaciones perpetuas. A la pregunta de si no le apetece ver a sus amigos responde que sí, pero que puede quedar con ellos fuera de la escuela.

“Lo primero es escuchar para conocer las razones. Lo más habitual es que sea por pereza. Validar las emociones. Explicarles que entendemos sus emociones y luego empezar a contrarrestar. Es decir, ver qué hay de verdad, si existe un problema específico o es que se vive muy bien de vacaciones. Y a partir de ahí, focalizar en positivo.

Cuando apenas se cambian horarios

En casa de David Bermejo hay profesores y alumnos. Él es maestro de música en Primaria en un colegio concertado de Vallecas (Madrid). Su pareja también es maestra, de Lengua. Los hijos tienen 6 y 9 años. “No cambiamos mucho los horarios. Ahora se están acostando a las diez y media de la noche, el resto del año, a las nueve y media. Así que solo hay un desfase de una hora más o menos por lo que no necesitan ningún periodo de adaptación. Por la mañana es prácticamente igual. Ahora en verano se levantan sobre las nueve y el resto del año a las ocho”, explica.

¿Cómo logra esta familia no cambiar apenas las costumbres? “Hemos pasado días en la playa, en el apartamento de mis padres, hemos ido de camping y hemos estado en Madrid. Los horarios de comidas tampoco cambian demasiado, también hay como una hora de desfase. Nada significativo. En el camping no había mucho que hacer por la noche y estábamos cansados de las actividades de todo el día así que se acostaban temprano”, cuenta David que defiende dos meses de vacaciones para todos. “Los trabajadores de todos los sectores deberían tener los dos meses. Desconectas, viajas, piensas. Yo he estado practicando para hacer vídeos y poder elaborarlos a la vuelta con mis alumnos. No quiero que queden cutres y estado viendo cómo hacerlos mejor. Los profesores trabajamos más de lo que parece. Durante el año no hay mucho tiempo y aprovechamos en verano”, dice. Esta familia es la excepción que confirma una regla de horarios relajados en verano. Un final de estación llena de recuerdos que alimentarán los madrugones y desvelos de la vuelta al cole.

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