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Jueves, 14 de Noviembre de 2019

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Costa pierde los nervios en el cierre de campaña de Portugal

Los guardias del primer ministro se vieron obligados a separarle de un anciano que le recriminaba

Antonio Costa se enfrenta a un ciudadano que le llamó "mentiroso". /

A pocas horas de concluir, la hasta ahora tranquila campaña electoral en Portugal se tornó inesperadamente agria este viernes, cuando el primer ministro socialista António Costa protagonizó un encontronazo sorprendentemente tenso con un anciano en la icónica Praça do Comércio de Lisboa.

Justo después de concluir el acto de cierre de campaña del Partido Socialista en la capital lusa, Costa se dispuso a darse un baño de masas y mezclarse con los militantes que habían llenado el emblemático kilómetro cero del país vecino. Mientras avanzaba entre sus partidarios, dando abrazos y tomando selfies, el primer ministro se topó con un anciano que, lejos de alabar su liderazgo, le espetó un comentario crítico sobre su gestión de los devastadores fuegos forestales de Pedrógão Grande, en los que murieron 66 personas en 2017.

“Quiero hacerle una pregunta”, dijo el anciano. “Yo siempre he votado al Partido Socialista, pero ahora tengo dudas porque cuando tuvieron lugar los incendios de Pedrógão Grande, usted estaba de vacaciones”.

Costa no dio crédito a la acusación del anciano y con enfado visible respondió, “¡Eso es mentira, es mentira!”. Cuando el anciano le pidió que no le interrumpiera, el primer ministro gritó “¡Interrumpo porque lo que dice es una mentira!” y, enervado, se dio la vuelta y siguió por su camino.

La discusión habría quedado en una anécdota menor si hubiera terminado ahí, pero momentos después Costa volvió a darse la vuelta para avanzar sobre el anciano con una expresión tan enfurecida que sus guardias de seguridad se vieron obligados a interponerse entre el candidato socialista y su acusador para evitar que el choque tomara una dimensión mayor.

¡Mentiroso! ¡Mentiroso!”, clamó el primer ministro, mientras sus militantes le pedían que se calmara y le intentaban separar del anciano. El jefe del Gobierno sólo desistió cuando uno de sus consejeros le apartó de la escena.

Imagen negativa

El choque entre Costa y su acusador se desarrolló ante las cámaras de los medios que cubrían el evento electoral y tardó poco en convertirse el asunto del día. Los comentadores políticos señalan que el encontronazo deja una imagen negativa del primer ministro a menos de 48 horas de las elecciones, y ésta podría dinamitar la mayoría absoluta que los socialistas intentan conquistar este domingo.

Poco después del episodio, Costa compareció ante los medios y se declaró “profundamente ofendido” por la acusación absolutamente falsa. En efecto, aunque la gestión gubernamental del fuego de Pedrógão Grande fue polémica, en ningún momento estuvo afectada por la ausencia del primer ministro, quien en todo momento siguió la evolución de la tragedia, inicialmente desde Lisboa, y horas después desde el epicentro la zona incendiada. El jefe del Gobierno no estaba de vacaciones, sino junto a la población afectada.

Costa acusó al anciano ser un “provocador” infiltrado por la derecha y anunció que le denunciaría por calumnias. Concluyó diciendo que estaba harto de la campaña “negra”, machada por las tácticas de los conservadores, “quienes se disponen a dar golpes tan bajos como el que acaba de tener lugar aquí”.

Cuestionado por los medios lusos, el anciano –que rehusó identificarse en todo momento– afirmó que no era “un vendido”, y que había votado al Partido Socialista toda la vida. Entretanto, Rui Rio, líder del conservador Partido Social Demócrata, negó cualquier tipo de conexión con el episodio y declaró que Costa rectificará su acusación. En su acto de cierre de campaña en Lisboa hizo una referencia discreta al asunto, declarando que los electores deben tomar en cuenta “la manera de ser” y “la postura de Estado” de los candidatos a la hora de votar.

A última hora de la noche el Partido Socialista intentó contener el daño enviando un SMS a sus militantes, en el que calificó la reacción del primer ministro como “intempestiva, pero humana”.

“António Costa ha reaccionado como cualquier ser humano confrontado por una mentira y una calumnia. […] Su honorabilidad fue puesta en duda, y él reaccionó como cualquier hombre honrado y herido por esa indignidad”.

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