Jakobsen rompe su silencio: "Pensé que me iba a morir, un sacerdote me reservó un lugar en el cielo"
El ciclista neerlandés relata en primera persona el accidente que pudo costarle la vida

Momento del accidente de Jakobsen / Luc Claessen/Getty Images

“Contusión cerebral. Fracturas en mi cráneo. Nariz rota. Paladar roto y desgarrado. Diez dientes que ya no estaban. Parte de mi mandíbula superior e inferior desapareció. Cortes en mi cara. Me cortaron el pabellón auricular. Pulgar roto. Hombro magullado, pulmones magullados. Mi nervio de la cuerda vocal ha sido golpeado. Y mis nalgas muy magulladas. Recibí el golpe con la cara y luego con el culo: con eso le di una bofetada a ese hombre –comisario de la UCI–. Fue suerte, tengo un culo bastante gordo. En la primera semana también desarrollé grandes úlceras, y no pude sentarme sobre ellas durante cuatro semanas”. Así cuenta el ciclista neerlandés Fabio Jakobsen por primera vez los graves daños que padeció tras el terrible accidente que sufrió en la Vuelta a Polonia en agosto.
Jakobsen ha roto su silencio en el medio de su país www.ad.nl., en el que ha descrito lo que recuerda del fatídico choque: “Era la primera carrera para la mayoría de los corredores después del parón por el coronavirus. Conocía la carrera y el final de la etapa, ya había competido allí un año antes. Izquierda, derecha, derecha a través de Katowice. La meta estaba en el mismo lugar de siempre, en bajada. Recuerdo estar de buen humor, saludar a mi amigo Julius van den Berg, que estaba en el grupo de cabeza, cómo llegué al último kilómetro junto a mis compañeros Davide Ballerini y Florian Sénéchal. Eso es lo último que recuerdo. Luego, todo se vuelve negro”.
"Mi compañero de equipo Florian puso su bicicleta contra una valla y corrió hacia mí. Vio que estaba tirado en el asfalto, entre las vallas. Había sangre por todas partes. Florian vio que me estaba ahogando con mi propia sangre. No podía moverme, vio el pánico en mis ojos. En un acto reflejo tomó mi cabeza y la levantó ligeramente para que la sangre corriera por mi boca y garganta. Luego me calmé, dijo. Pero él tampoco sabe nada al respecto, su memoria se detiene ahí”, ha explicado.
Ya en el hospital ha asegurado que “pensaba que me estaba muriendo. Estaba aterrado, estaba luchando, sentía pánico. Fueron los días más largos de mi vida. Esta allí como un zombi”.
Varios días después del accidente, los médicos le enseñaron una foto suya. “Solo vi sangre, parecía un animal atropellado”, ha relatado.
Recibió la visita de un sacerdote
“Me preguntaron si podía sentarse a mi lado. Yo solo asentí. No soy un hombre religioso, ni nada por el estilo. Si hubieran enviado a un imán o a un budista habría tenido la misma reacción. Estaba desesperado, solo quería vivir. Leyó un libro, en italiano. Tal vez oró para que yo viviera, pero por el mismo dinero me reservó un lugar en el cielo”, ha desvelado.
Ahora Jakobsen, con su vida cambiada para siempre, ve la luz al final del túnel y empieza a subirse a la bicicleta, en paseos con su pareja, Delore. El futuro nadie lo sabe, pero ahora ya respira. “Luego ver si puedo volver a ser ciclista”.




