Lunes, 17 de Enero de 2022

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Menos creyentes, curas y sacramentos: radiografía de una Iglesia católica en crisis y con un futuro incierto

El barómetro del CIS de octubre marcó la cifra de autoidentificados como católicos más baja de la historia en España, un 55,4%

La propia Conferencia Episcopal reconoce que existe una crisis, sobre todo generacional, y que hay muchas cosas que cambiar

La iglesia de Santa María de Betlem, de Barcelona, vacía mientras se celebra una eucaristía.

La iglesia de Santa María de Betlem, de Barcelona, vacía mientras se celebra una eucaristía. / David Ramos (Getty Images)

“Hay que ser realistas. Cada vez hay más gente, no digo que deje de creer, pero sí de pertenecer, y hay una crisis en ese sentido, que cada vez hay menos católicos”. Son palabras de Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal de Laicos, Familia y Vida de la Conferencia Episcopal, en una entrevista con la SER. España es un estado aconfesional, como sostiene la Constitución, y siempre ha sido (y es) un país de tradición católica, pero cada vez lo es menos. Y aunque en los últimos 50 años la caída ha sido progresiva en los últimos 20 se ha vuelto vertiginosa, alcanzando sus mínimos históricos. Los datos confirman que, en la sociedad actual de 2021, la religión católica es cada vez menos atractiva y que estamos ante un proceso de secularización: hay menos creyentes, menos curas, menos seminaristas, menos seminarios, menos bodas, menos celebraciones de sacramentos, etc.

En definitiva, una menor presencia en las nuevas generaciones y en la sociedad que dificulta el relevo generacional y pone en riesgo, por no decir casi que es un imposible, tener un futuro con una solidez más propia del pasado y que ya se tambalea en el presente. Por supuesto, a todo esto hay que unir cómo afecta al prestigio de la Iglesia los casos de abusos sexuales a menores y la pérdida del peso de la asignatura de Religión en la educación. El propio Romero ha asegurado a la SER sobre lo primero que "no es justificación decir que sean pocos" y que es algo "lamentable, escandaloso y ojalá nunca hubiera existido ni un caso de abusos sexuales de menores por parte de la Iglesia".

La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que lleva preguntando a los españoles por sus creencias desde 1978, revela que el porcentaje de personas que se definen como católicas es de un 56,8%, cerca del fondo actual marcado en el pasado mes de octubre que fue de un 55,4%, la cifra más baja de la historia, frente al 90,5% que marcaba hace 43 años. Y lo mismo ocurre con los que se declaran no creyentes (englobando aquí a agnósticos, ateos o indiferentes), ya que esta cifra se ha multiplicado por cinco, de apenas un 7,6% en el siglo pasado a los 39,3% actuales. En definitiva, lo que era un porcentaje mayoritario de autoidentificados como católicos en España se ha reducido a algo más de la mitad, y la cuestión es si este descenso parará o si dentro de un año ya será menos de la mitad de los españoles.

La clave: una crisis de relevo generacional

En la sociedad actual de 2021 los jóvenes se sienten atraídos fundamentalmente por las redes sociales, las plataformas audiovisuales, los videojuegos o el ocio nocturno. Incluso el fútbol está teniendo dificultades para atraer a la juventud como lo hacía antes. Y en el lado de la balanza cuyo peso cae en picado está la Iglesia católica, que no logra conectar con los jóvenes.

Según datos del mismo barómetro, el grupo de 18 a 24 años ha perdido un altísimo porcentaje de católicos, pasando del 78,1% en febrero de 1990 al 36,3% en noviembre de 2021, es decir, 41,8 puntos menos. En 1990 todos los grupos de edad superaban el 70% y ahora solo lo hace el de mayores de 65 años, lo que evidencia que la población católica está disminuyendo y envejeciendo. Esto se traduce de dos maneras: hay menos jóvenes que desarrollan una vida católica desde el principio y a la vez hay más jóvenes que abandonan la fe y dejan de creer.

Por ejemplo, Cristina Martínez (22 años) cuenta a la SER que ha sido “creyente desde siempre”, estando “muchos años en un colegio religioso y en una hermandad”, pero señala que tras una tragedia familiar “intentaba encontrar consuelo en Dios y no lo encontraba” y tampoco “estaba de acuerdo con todas las enseñanzas y valores de la Iglesia”.

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Alberto Blasco (24 años) estuvo hasta los 18 años en un colegio religioso, pero explica a la SER que al acabar le influyó cambiar de círculo de amigos y estudiar otras ciencias, y que “como la mayoría de jóvenes” asegura no compartir “la gestión de la Iglesia” ya que “no representa los valores que quiera representar Dios”. Un caso similar al de Pablo Díaz (25 años), que reconoce que su “mayor fuente de catolicismo fue el sistema educativo” pero al ampliar el círculo de amigos y no tener una familia muy practicante de manera progresiva fue desligándose.

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Esta reflexión es similar a la que explican a la SER el periodista de Religión Digital Jesús Bastante, el doctor en Ciencias de las Religiones y profesor de la UCM Rafael Ruiz o el profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid Guillermo Cordero. “El problema fundamental está en la desconexión absoluta entre la Iglesia española, sus prioridades y forma de entender el mundo, y la sociedad a la que sirve. Hay una desconexión como nunca se había visto”, analiza Bastante. “No podemos dejar de tener en cuenta que las redes sociales pueden ser el canal de la religión para estas nuevas generaciones”, propone Cordero. Ruiz la cataloga como una “tercera oleada de secularización” en la que “la transformación de nuestro mundo en el siglo XXI se ha acelerado y ha habido una pérdida de confianza en las instituciones religiosas por la presencia de ciertos posicionamientos religiosos en debates políticos que ha deteriorado su imagen o por los abusos sexuales a menores” junto a “una pérdida de la transmisión religiosa a nivel familiar”.

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Preguntado por todo esto, Luis Manuel Romero reconoce a la SER que es “uno de los grandes retos de la Iglesia” y que es necesario “escuchar a los jóvenes”: “Es evidente que con esta forma de expresarnos y de hablar tan eclesiástica y clerical es imposible que los jóvenes nos puedan entender y comprender y seamos atractivos. Con este lenguaje a los cinco minutos o menos desconectan. No conectamos con ellos, con su vida, con sus inquietudes”.

Una eucaristía retransmitida por streaming en directo. / Guilermo Guterrez/SOPA Images/LightRocket (Getty Images)

Escasez de curas, descenso de seminaristas y cierre de seminarios

Según los datos de la Conferencia Episcopal, en España hay unas 22.993 parroquias atendidas por 16.960 sacerdotes. Lejos quedan los años sesenta, donde más de 8.000 hombres se formaban en los seminarios españoles y unos 24.500 curas oficiaban misa. En 2012, hace casi diez años, la cifra ya iba por 19.347 curas. Y lo mismo pasa con las monjas, que en 2012 estaban en 10.899 y en 2019 en 8.739, o los catequistas de 109.334 a 96.470. Las cuentas  no salen, es imposible mantener las mismas parroquias y los mismos seminarios con cada vez menos personas si no hay relevo para los sacerdotes que fallecen, se jubilan o renuncian.

La crisis generacional también afecta a la vocación sacerdotal. La cantidad de matriculaciones en los seminarios baja cada año. En este último curso 2020-2021 ha habido 1.066 seminaristas, solo 215 nuevos ingresos y 126 ordenaciones sacerdotales. Hace diez años, en el 2001, había 1.736 seminaristas, y en 2002-2003 se llegaron a contabilizar 353 nuevos ingresos. Pero no hace falta irse tan lejos, en el curso 2017-2018 también hubo 300 nuevos ingresos, aunque ya iba por 1.263 seminaristas.

Esto supone que haya sacerdotes que tengan que gestionar varias parroquias, principalmente en la España rural, donde hay decenas de pueblos con falta de curas. Recientemente se cerró el seminario diocesano de Mérida-Badajoz por falta de candidatos al sacerdocio, enviando a los cuatro seminaristas actuales a Salamanca. Y lo mismo pasó con el seminario de Almería este pasado verano, trasladando los nueve seminaristas al de Murcia.

El seminario metropolitano San Atón de Mérida-Badajoz. / Sanaton.es

Por tanto, envejece el número de curas, y es que una mayoría supera la edad de jubilación, uno de los motivos para los abandonos. También aumenta el porcentaje de fallecimientos con la edad, algo agravado por la pandemia por el perfil de riesgo de la mayoría de sacerdotes. El cuerpo clerical se está erosionando, desgastándose por ambos extremos, los jóvenes y los mayores, por lo que el relevo generacional, como se puede comprobar, será complicado.

La propia Conferencia Episcopal lo admite. “Hay un problema de relevo generacional. Notamos esa dificultad”, cuenta Romero. “La vida de fe cada vez es menor, tiene menos influencia en la gente, con comunidades parroquiales con gente más envejecida, y por lo tanto si no hay niños en las catequesis y en las parroquias tampoco habrá vocaciones para la vida sacerdotal y por tanto el grueso de los sacerdotes cada vez son más mayores”, analiza.

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Descenso de la actividad religiosa: menos bodas, bautizos, comuniones y asistentes a misa

Al final, la consecuencia es que se produzca un descenso progresivo del peso de la misma en la sociedad, algo que no es nuevo, pues este proceso de secularización ya empezó en siglos pasados y se ha ido extendiendo a lo largo del siglo XX hasta acrecentarse en el XXI. Esta merma de seguidores se suma a un creciente abandono de prácticas como ir a misa, bautizar a los niños, hacer la comunión o casarse. El CIS lleva preguntando a los que se declaran creyentes de alguna religión desde 1983 por la frecuencia con la que asisten a oficios religiosos (más allá de comuniones, bautizos, bodas o entierros) y desde julio de 2006 más de la mitad de los creyentes afirma que no va “nunca” o “casi nunca” a misa o a otros actos, siendo en el último barómetro de noviembre de 2021 la cifra del 52,6%. Varias veces al año va un 22,1%, dos o tres veces al mes un 7,8%, todos los domingos y festivos un 13,2%, y varias veces a la semana un 3,7%.

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Con respecto a las ceremonias de tipo social, como muestra la CEE, los bautizos han pasado de ser 268.810 en 2012 a 175.844 en 2019 (último registro), las primeras comuniones de 245.427 a 204.628, las confirmaciones sí se mantienen más o menos y pasan de 110.065 a 124.258, igual que las unciones de enfermos de 20.493 a 25.122, pero las bodas caen en picado de 62.847 a 36.650.

En cuanto a las bodas celebradas por la Iglesia, una práctica de lo más habitual tradicionalmente en España, la tasa actual bruta de nupcialidad por mil habitantes según el INE a 2020 es de 1,91%, frente al 7,18% de 1976, es decir, la cifra más baja. Si bien en 2020 hubo un total de 90.416 matrimonios, nueve de cada diez fueron civiles, unos 80.774. Los matrimonios eclesiásticos se vieron superados por los civiles en 2009, y la distancia ha ido subiendo desde entonces. En 2020 hubo 9.444 matrimonios católicos, un 10,5% del total, casi la mitad que el 20,8% de 2019, mientras que en 1992 era al revés, con un 79,4% de matrimonios confesionales y un 20,6% civiles.

Por último, esto también se traslada a los nacimientos con respecto al descenso de bodas. En 2019 el INE mostraba que el 48,41% de los nacimientos eran de madres no casadas, en 2018 era del 47,28%, en 2017 del 46,79%, en 1976 del 2,15% o en 1975 del 2,02%. Esto es, un aumento inmenso y prolongado en el tiempo. Por tanto, casi la mitad de niños que nacen en España son fuera del matrimonio.

¿Qué opciones tiene la Iglesia de cara al futuro?

"No tiene sentido seguir hablando y respondiendo a preguntas que nadie se hace. Necesitamos una Iglesia cercana a la gente de a pie, que esté en la calle, acompañando a la gente, siendo consciente de sus problemas y desde ahí intentar transmitir el mensaje de Jesús”, resume Luis Manuel Romero.

Rafael Ruiz, profesor de la UCM y doctor en Ciencias de las Religiones, que precisamente se encuentra inmerso en un estudio sobre la cuestión para su próximo libro ‘La secularización en España’, habla de tres posibles planteamientos: “Uno es el posicionamiento trinchera, que desee ser un sector cerrado que no se ‘contamine’ de una sociedad secularizada. Otro, el difuminado, que a los individuos les vincule una identificación pero en su día a día se pierda la importancia de la religiosidad y las consecuencias de esa identificación. El tercero, el de la tensión, que sabiéndose minoría sea una minoría creativa que pueda contribuir a toda la sociedad. Estas tres son las posiciones que se pueden plantear y no una recuperación o una vuelta a lo anterior”.

“Diferentes partidos tratan de activar debates relacionados con la moral tradicional católica como el matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto o la eutanasia. Estos temas vuelven al debate político de manera periódica y no dejan de ser importantes políticamente”, destaca Guillermo Cordero desde su parcela de investigación.

En cambio, para el periodista Jesús Bastante, de Religión Digital, es “una cuestión endémica y que tiene difícil solución”. Y de hecho, opina que precisamente debería alejarse de todos esos temas que están en el debate político: “Debería ser una Iglesia más samaritana, más cercana al sufrimiento del pobre".

Cristina Martínez (de 22 años, y que ha pasado por el bautismo, primera comunión y confirmación) cuenta a la SER que cree que la Iglesia “debería actualizar sus ideas” y no “seguir las reglas de un libro de hace más de 2000 años”. Alberto Blasco (de 24 años, y también con bautismo, primera comunión y confirmación), pide, al ser consultado por la cuestión, que la Iglesia siga el ejemplo de la palabra de Dios que es “compartir, ser solidario o tratar el prójimo como a ti mismo”. Y Pablo Díaz (25 años, bautizado y con la primera comunión hecha) pone sobre la mesa el tema de los referentes: “De las diez personas más influyentes para los jóvenes, cuántas son creyentes o hablan de la religión. Ni Broncano, ni Ibai Llanos, Dani Rovira, Dulceida, etc. Los referentes influyen muchísimo”.

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