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Lo peor no es la bofetada de Will Smith

Los Oscar 2022 nos deja un mal sabor de boca con un acto que justifica el machismo y la violencia

Will Smith abofetea a Chris Rock en los Oscar 2022

Will Smith abofetea a Chris Rock en los Oscar 2022 / ETIENNE LAURENT (EFE)

Una broma sobre el aspecto de una mujer en 2022. Una bofetada de un tío a otro por haberse metido con "su mujer" en 2022. Para la gala de los Oscar de este año no parece haber pasado el tiempo. Por un momento hemos retrocedido años, décadas, y es como si hubiéramos olvidado de golpe todo lo que el Me Too y el movimiento feminista han ido enseñándonos sobre machismo, violencia de género y amor tóxico.

La bofetada de Will Smith no es una bofetada en la calle, de dos personas frente a frente que pierden los estribos. El actor, que ha ganado el Oscar por su papel en El método Williams, ha tenido tiempo para pensarlo. Cuando ha escuchado la broma, totalmente machista, de Chris Rock, con el que ya había tenido algún desaire, ha salido de su butaca, nadie le ha parado, y ha subido al escenario. Los que justifiquen que es un acto en caliente se equivocan. Puede que el público no haya sabido cómo reaccionar cuando ocurrió por si se trataba de una broma y ha roto en aplausos ante un discurso delirante. Será consecuencia de este mundo de fake news, donde cuesta creer lo que vemos.

El discurso de Will Smith corroborando la acción era una machistada tremenda: primero, ha defendido al personaje, un padre y un marido tóxico. Después, ejercía esa toxicidad en sus propias palabras. De poco sirve que pida perdón —solo a la Academia, ni a Chris Rock ni a su esposa Jada Pinkett— si después acaba justificando un acto violento "por amor" y por protección. Un argumento que, desgraciadamente, nos acerca a los discursos de muchos maltratadores. El amor —de ningún tipo— justifica la violencia. La broma era machista y mala sobre el físico de una mujer que padece una enfermedad autoinmune, pero eso no puede llevar a que el cómico sea agredido en el escenario, en directo, ante millones de personas en todo el mundo que veían en directo una celebración del cine y la cultura. Al final la que pierde vuelve a ser ella.

Pero tampoco en cuestiones de forma. En el momento actual, donde son las redes sociales, para bien o para mal, las que marcan los códigos informativos, la Academia se ha cerrado en banda, en un acto de falta de transparencia y lentitud para reaccionar ante uno de los sucesos más terribles que han ocurrido en la historia de estos premios.

Quizá sea simbólico que haya perdido este año El poder del perro, la película más nominada de la noche, la favorita, que ha ganado mejor dirección para Jane Campion, en favor de CODA. Solo tres mujeres lo han logrado en 94 años de historia. Casi nada. Es simbólico porque Campion usa el wéstern —género típicamente americano y violento— para hablar de masculinidad tóxica, la misma que ha ejercido Will Smith sobre el escenario para "proteger", decía él, a su mujer. No hay nada más tóxico en el amor que la posesión y la violencia.

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A partir de ese momento el patio de butacas no volvió a ser el mismo y, probablemente, ninguna gala sea igual. "Lo peor no es el bofetón", decía una compañera en la radio, lo peor es lo que implica, que una institución como la Academia que quiere ser diversa y plural lo permita, y que ninguno de los ganadores que pasó por la sala de prensa después de la gala haya querido hablar de ello. Es más, la Academia ha vuelto a mostrar que sigue anquilosada en en los 90, no solo por la cantidad de remakes que están exportando en los últimos años, sino por su manera de gestionar una crisis de comunicación, sin transparencia y prohibiendo a la prensa preguntar por uno de los sucesos más desastrosos de la historia de los Oscar.

En su cuenta de Twitter oficial han tardado más de dos horas en mencionar lo ocurrido, antes han tuiteado un vídeo promocional de Rolex, marca de relojes que patrocinaba la gala. El tuit ha llegado sobre las 7:10 de la mañana. En él condenaban la violencia, pero pedían que fuera un momento de celebración para los ganadores. También para Will Smith que no ha tardado en aparecer en la fiesta posterior a la gala que cada año celebra la revista Vanity Fair, de la que ya hay vídeos del actor y cantante bailando con el Oscar y haciéndose selfies con el personal.

La Academia no puede permitir este tipo de violencias. Sus estatutos, que cambiaron en 2017 por los escándalos de acoso y abuso sexual, lo dejan claro. Tampoco el resto de compañeros debería aplaudir esta actitud. Will Smith no debería ser cancelado, pero sí tiene un largo camino por delante para entender y enmendar lo que ha hecho. No hablamos de si ha humillado a Chris Rock, sino en qué lugar ha dejado a su mujer y qué imagen de hombre ha dado en prime time televisivo. Seguramente la serie The Good Fight haga pronto un capítulo sobre cómo un patio de butacas aplaudió un bofetada y un discurso machista, y después de fueron de fiesta con el autor de uno de los más grandes desastres de la historia de los Oscar.

Pepa Blanes

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...

 
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