Fernando Fabiani: ¿A dónde nos llevan las dietas extremas?
Ya sean virales, milagrosas o con ayunos diarios, este tipo de dietas esconden serios problemas para quienes las sigan. Nuestro doctor aconseja que debemos llegar a una mejor forma de alimentarnos

El doctor Fabiani nos explica las trampas y los peligros que encierran las dietas virales y las milagrosas: "Hay que llegar a una alimentación sana"
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En un contexto en el que la ansiedad por perder peso rápido se multiplica, conviene recordar que las dietas milagro no funcionan y pueden ser contraproducentes. Las restricciones extremas elevan la ansiedad, desregulan la relación con la comida y favorecen el conocido efecto rebote, un ciclo que puede resultar más dañino que el exceso de peso inicial. El caso del ayuno intermitente es paradigmático: aunque se presenta en redes sociales como un método casi infalible, su popularidad no siempre va acompañada de un enfoque individualizado ni de supervisión profesional.
Fabiani, en Hoy por Hoy Sevilla, ha dicho que "la evidencia a día de hoy es que se come menos, y por lo tanto se adelgaza, no porque sea una dieta que en si misma sea buena para perder peso".
Dietas virales: un riesgo en la era de TikTok e Instagram
Plataformas como TikTok, Instagram o YouTube son un terreno fértil para retos y prácticas alimentarias sin aval científico. Entre las más difundidas:
- “Dieta del hielo”, que promueve ingerir cubitos de hielo para “quemar calorías”.
- “Dieta del rábano”, basada en tomar un batido de rábanos cada mañana.
- “Dieta carnívora”, que propone consumir únicamente carne, vísceras y algún lácteo.
- Uso de laxantes como supuesta vía para perder peso.
Todas estas prácticas pueden ocasionar alteraciones metabólicas, déficits nutricionales y daños gastrointestinales. El problema no es solo lo que prometen, sino lo que ocultan: no son sostenibles, no son saludables y pueden derivar en trastornos de la conducta alimentaria.
La alternativa que sí funciona: la dieta mediterránea
A diferencia de las modas pasajeras, la dieta mediterránea cuenta con décadas de evidencia científica a su favor. Se basa en:
- frutas, verduras y legumbres;
- cereales integrales y frutos secos;
- pescado azul y aceite de oliva virgen extra;
- consumo moderado de lácteos y vino tinto (opcional).
Este estilo de vida también apuesta por cocciones sencillas, disfrute de la comida y actividad física regular. Más allá del control del peso, se asocia con beneficios cardiovasculares, reducción de riesgo de cáncer y longevidad.
En los últimos años, fármacos como semaglutida (Wegovy, Ozempic) o tirzepatida (Mounjaro) se han popularizado como atajos eficaces para adelgazar. Sin embargo, un estudio publicado en enero de 2026 en el British Medical Journal revela una realidad preocupante: la mayoría de los pacientes recupera el peso perdido en aproximadamente 1,5 años tras abandonar el tratamiento.
Sin embargo, dice Fernando Fabiani, "hay veces que hay que tratar el peso, en personas que tienen que ser operadas y hasta que no pierdan 20 kilos, no se les practica". Entonces "viene bien las inyecciones".
Estos estudios subrayan una idea clave: los fármacos adelgazantes solo funcionan mientras se toman, igual que cualquier otro medicamento. Su interrupción provoca un efecto rebote biológico, no moral. No se trata de falta de disciplina: es cómo responde el cuerpo.
Los datos médicos son claros: la obesidad aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2, hipertensión, apnea del sueño e incluso ciertos tipos de cáncer. Hablar de peso no es hablar de apariencia; es hablar de salud, esperanza de vida y bienestar.
La narrativa que culpa a las personas por su peso es injusta y científicamente errónea. Factores como el nivel socioeconómico, el acceso a alimentos frescos, la precariedad, la salud mental, la genética, los entornos urbanos y la disponibilidad de espacios seguros para hacer ejercicio influyen profundamente en la relación de cada persona con la comida y el movimiento.
La evidencia muestra que no elegimos nuestras condiciones de partida; por tanto, las soluciones deben ser integrales, accesibles y sostenibles, no solo individuales.
Huir de las dietas milagro y desconfiar de los atajos —ya sean virales o farmacológicos— es fundamental. La salud duradera viene de lo que funciona a largo plazo: alimentación equilibrada, actividad física, apoyo emocional y políticas que faciliten entornos saludables.




