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El presidente del Almería se pone las botas y gana el partido del ascensor

Con atrezo en las gradas y mensaje en el vestuario, Al-Khereiji levantó a una afición que lo percibe como el líder de la causa

El presidente del Almería abrió y cerró el Mediterráneo.

El presidente del Almería abrió y cerró el Mediterráneo. / Juan Sánchez

El presidente del Almería abrió y cerró el Mediterráneo.

Almería

Llegó el primero y se marchó de los últimos. Arengó a la plantilla y participó de la victoria como cualquier almeriense más. Mohammed Al-Khereiji no se cruzó de brazos en el partido que marcaba el rumbo hacia Primera. Del hundimiento en Santander a la gloria en el Mediterráneo, el presidente se puso al frente de las operaciones y jugó su propio partido. No marcó goles, pero empujó. No se enfundó la camiseta pero se puso las botas. En una tarde de ascensor emocional, el Almería pasó del miedo a la fe, y su presidente estuvo en cada escalón del trayecto.

No apareció para hacerse la foto, lo hizo para empujar. Entendió el contexto y leyó el momento como se leen las finales, con pulso y sin titubeos. Hizo del palco una trinchera y del estadio un aliado, consciente de que el partido también se jugaba fuera del césped. Convocó a la grada, protegió al vestuario y blindó la fe cuando el entorno más lo necesitaba. Cuando más pesaban las piernas alivió la cabeza. Y el Almería respondió porque detrás había un presidente tirando del carro.

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La herida de la derrota ante el líder aún supuraba y amenazaba con dejar secuelas en el momento más delicado del curso. Mohammed Al-khereiji entendió que no era el día para la indiferencia ni la gestión del frío. Tocaba presencia, mensaje y responsabilidad. Borrón y cuenta nueva. El presidente asumió el contexto y transformó el riesgo en oportunidad. Del silencio del vestuario al rugido del estadio, el club giró el ánimo como se giran las temporadas importantes.

Un estadio convocado para empujar

La medida fue tan sencillo como efectiva: una bandera en cada butaca. No fue un gesto estático, fue un llamamiento. El Mediterráneo se vistió de rojiblanco y respondió. La grada se sintió parte del plan, del partido y del objetivo. El ruido, la fe y la complicidad jugaron su propio encuentro. Cuando el balón quemaba, la afición sostuvo al equipo y convirtió el estadio en un impulso constante hacia la portería rival.

Liderazgo que baja al barro

No habló desde la distancia ni se escondió en el protocolo. Acompaño, arropó y creyó. La plantilla lo sintió y respondió. Porque cuando un club camina alineado, el mensaje fluye y la energía se multiplica. El Almería salió reforzado y convencido, con la sensación de haber pasado una prueba mayor. Este fue el partido del ascensor, sí, pero también la imagen de un presidente marcando el ritmo en el viaje hacia Primera División.

Tony Fernández

Tony Fernández

Redactor de Deportes de SER Almería. Llegó a la SER en 1996. Antes, en RNE. Más de 40 años de experiencia...

 

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