Fútbol

El Sporting se cae estrepitosamente justo en el peor momento

Los rojiblancos pierden en Zaragoza (3-0), se quedan fuera del playoff precisamente a las puertas del derbi contra el Oviedo y sufren la preocupante lesión de Rubén Yáñez

Miguel Ángel Ramírez protesta en la zona técnica de La Romareda. / LaLiga

El Sporting está en una crisis seria, de juego y de resultados, que si no se frena pronto amenaza con tirar por la borda la excepcional primera vuelta del equipo. La bochornosa derrota en Zaragoza enciende definitivamente unas alarmas que hasta ahora tapaba la clasificación, pero que no escapaban a un análisis minucioso de los últimos dos meses de competición. Los números lo dejan claro: una victoria en los ocho últimos partidos (nueve si se incluye la derrota en Copa del Rey contra Unionistas de Salamanca). Pero es que, más allá de eso, el Sporting se parece poco o nada a aquel equipo eléctrico y megacompetitivo de los primeros tres meses de competición. Si bien los problemas en ataque no son nuevos, la defensa no es ni la sombra de aquella que no concedía ni media ocasión. En La Romareda el equipo fue nulo en ataque y en elaboración, pero fue una broma de pésimo gusto en defensa, con errores bochornosos, tanto colectivos como individuales. El Sporting se queda fuera del playoff justo en el peor momento: a las puertas del derbi en El Molinón. Y para colmo, en una noche horrible, vio cómo se lesionaba Rubén Yáñez y cómo Cote veía la quinta amarilla, que le impedirá jugar contra el Oviedo.

En aquel Sporting de hace unos meses Francho Serrano no hubiera centrado absolutamente solo un balón, Mollejo no habría rematado sin oposición alguna en el palo contrario y Cali Izquierdoz no hubiera desviado sin ningún sentido hacia su propia portería un balón fácil de atrapar para el portero Rubén Yáñez. Pero tampoco Christian Rivera hubiera regalado el balón al rival con un pase horizontal peligrosísimo en la frontal del área, ni a Yáñez se le hubiera ocurrido Eso ahora ocurre y al Sporting le salió carísimo.

En ningún momento el equipo le acabó de tomar la medida a un partido que resultó muy sencillo a un Zaragoza rudo, contundente, que contó con la complicidad del árbitro para anular al Sporting con una dureza a veces desmedida. Sin embargo antes del descanso Ais Reig ya había amonestado a dos jugadores rojiblancos (sin apenas haber pegado media patada) y solo a la enésima acción marrullera acabó mostrándole la amarilla a Mollejo, que se hacía el sorprendido, entre grandes aspavientos, tras una dura entrada a Hassan, que no era ni mucho menos la primera. Ver para creer el diferente criterio del colegiado con unos y con otros. La amarilla a Christian Rivera, por mover los brazos al correr, fue para no dar crédito. La derrota, en todo caso, no se explica por el arbitraje.

El Sporting fue un equipo casi nulo en ataque, flojo en defensa y completamente superado en el mediocampo, que apenas existió. Mucho pelotazo, poca creación. Y de ahí para arriba, salvo Hassan en alguna acción esporádica, el Sporting no existía. Ni Nacho Méndez, ni Rivera, ni Gaspar, ni Otero ni Djuka. Nada de nada. Lo de la defensa fue aún peor.

La goleada pudo ser mayor, pero el palo impidió que el Zaragoza marcara lo que en ese momento hubiera sido el segundo gol, en otra jugada horriblemente defendida por un Sporting desordenado y visiblemente fatigado. Raúl Guti, el autor del disparo, se lesionó en esa jugada, al chocar con Christian Rivera.

También el Sporting tuvo una oportunidad que pudo cambiar el sino del partido: con 1-0, Cote se sacó un zurdazo que desvió ligeramente Edgar Badía y se acabó estrellando en el larguero. El lateral rojiblanco se llevaba las manos a la cabeza. Pero a renglón seguido el equipo gijonés regaló definitivamente el partido. A Christian Rivera no se le ocurrió otra cosa que un pase horizontal delante de su propia área, de esos que los entrenadores prohíben desde categorías inferiores. El objetivo era que llegara a los pies de Róber Pier, que estaba muy lejos y que tampoco hizo mucho para enmendar el error. Como cabía esperar, Maikel Mesa no desaprovechó la oportunidad para marcar el segundo gol y sentenciar la derrota del Sporting.

Y como todo era dantesco, un minuto después Rubén Yáñez cometía un error grosero, inexplicable, para regalar el tercer tanto. Al portero se le escurrió el balón de las manos cuando lo tenía aparentemente bien blocado. Francho aprovechó el donativo. Para colmo, en el intento de reacción el portero se lesionó en la rodilla y se retiró entre lágrimas, generando una enorme preocupación en el sportinguismo.

Solo con el partido perdido un desafortunado Ramírez empezó a mover el banquillo. Tarde y mal. El único que apareció fue Christian Joel, que evitó el cuarto gol con una buena intervención. Róber Pier volvió a dar muestras del pánico que asola a la defensa con un fallido intento de despeje que a punto estuvo de aprovechar Vallejo.

Al Sporting se le acumulan los problemas en el peor momento posible. Lesiones, sanciones, poca chispa, agotamiento físico... Pero sobre todo una evidente falta de lucidez futbolística a la que Ramírez debe poner solución para que el sueño no se transforme en pesadilla. Debe hacerlo ya, ante lo que viene: el derbi asturiano del sábado. Si se gana, será el mejor escenario posible para cambiar la dinámica. Pero si se pierde...

David González

David González

Vinculado a SER Gijón desde 1998. Director de SER Deportivos Gijón y voz de los partidos del Sporting...

 
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