Sobre la violencia política
El Enfoque de Francisco Pomares

El Enfoque, de Francisco Pomares (27/04/26)
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Santa Cruz de Tenerife
Con el tercer intento de asesinato contra Donald Trump, Estados Unidos ha cruzado una línea. La violencia política ya no es una anomalía: es contexto. No es un hecho aislado, es una secuencia.
El año pasado marcó un punto de inflexión. El asesinato de Charlie Kirk y el de una congresista demócrata mostraron que la violencia ya no distingue ideologías. Antes, el Asalto al Capitolio de Estados Unidos en 2021 ya había anticipado el cambio: cuando una parte del país acepta la fuerza en lugar de las urnas. En una sociedad armada y polarizada, el adversario deja de ser rival para convertirse en enemigo. Y cuando eso ocurre, la violencia deja de ser impensable.
EEUU inventó la democracia contemporánea. Supo construir un sistema basado en equilibrios, en contrapesos, en la aceptación de reglas comunes incluso en medio del desacuerdo. Hoy, ese sistema sigue existiendo, pero cada vez parece más erosionado por una dinámica que lo tensiona hasta el límite. No se trata de una ruptura súbita, sino de un desgaste continuo. Una deriva lenta hacia un escenario en el que la violencia deja de ser la excepción para convertirse en una posibilidad permanente, fruto de la polarización, la deslegitimación del sistema y el desprecio social a quienes buscan entenderse.
¿Podría ocurrirnos aquí? Desde luego que sí. Por suerte, aquí no tenemos armas.




