La Ventana de Cantabria
Sociedad

Los hermanos Tonetti, los payasos santanderinos que conquistaron España desde el circo

De la calle San Sebastián al Circo Atlas: la historia de Pepe y Nolo Tonetti, símbolos del espectáculo popular y de la memoria cultural de Santander

La historia de los Hermanos Tonetti y su circo Atlas

Cantabria

Hacer “el Tonetti” es una expresión que todavía hoy pervive en Cantabria para describir a quien anda despistado o haciendo el tonto. Detrás de esa frase cotidiana se esconde la historia real de los hermanos Tonetti, dos payasos nacidos en Santander que marcaron una época dorada del circo en España y cuyo legado sigue visible en la ciudad, a pie de calle, en el monumento del parque de Mesones.

José y Manolo Villa del Río —conocidos artísticamente como Pepe y Nolo Tonetti— nacieron en 1921 y 1928, respectivamente, en la actual calle San Sebastián, cerca del río de la Pila. Desde muy pequeño, Pepe mostraba una inclinación natural por hacer reír: se pintaba la cara con hollín y representaba escenas cómicas improvisadas ante los vecinos. Su padre intentó reconducirlo hacia un oficio “más serio”, llevándolo a trabajar a la eléctrica de Viesgo, pero la vocación pudo más.

Durante la Guerra Civil, Pepe dio sus primeros pasos sobre el escenario animando a heridos en hospitales y actuando en espacios como el Casino de Santander. Hacer reír no era solo un trabajo: era una forma de estar en el mundo. Su hermano menor, Manolo, no tardaría en seguir sus pasos, formando con él un dúo inseparable.

Ambos comenzaron a trabajar juntos en 1953 en el Circo Americano, año en el que adoptaron el nombre de Hermanos Tonetti, en homenaje a un célebre payaso italiano. El verdadero despegue llegaría poco después. En 1955, ya consolidados como una de las grandes referencias del humor circense, se asociaron con el empresario Salvador Hervás en el proyecto Radio Circo, que más tarde se convertiría en el Circo Hervás. Un año después fundaron su propia compañía: el Circo Atlas.

El Circo Atlas se convirtió en uno de los grandes referentes del espectáculo en España durante las décadas de los cincuenta y sesenta, llegando a contar con cerca de 70 trabajadores en plantilla y actuando dentro y fuera del país. En aquellos años, los Tonetti eran una auténtica institución popular, comparables a otras grandes figuras del humor familiar que vendrían después.

Sobre la pista, cada hermano asumía un papel muy definido. Nolo interpretaba al payaso “listo”, elegante y contenido, mientras que Pepe daba vida al “tonto”, despistado y desgarbado, con nariz postiza y gestos exagerados. Esa contraposición construía un humor inteligente, pensado para divertir a los niños y arrancar sonrisas cómplices a los adultos, en una época en la que el circo era uno de los grandes entretenimientos familiares en España.

Sin embargo, el esplendor del circo empezó a apagarse con la llegada de los años setenta. El sector entró en una profunda crisis que afectó de lleno a los Tonetti. Tras años de dificultades y actuaciones cada vez más modestas, en 1982 la situación se volvió insostenible. Durante una función, Nolo sufrió una grave crisis nerviosa y tuvo que ser internado. En noviembre de ese mismo año, el Circo Atlas cerró definitivamente.

Un mes después, el 4 de diciembre de 1982, Manolo Villa del Río falleció tras quitarse la vida, víctima de una profunda depresión. La noticia marcó un antes y un después. Pepe continuó un tiempo actuando en solitario o junto a su hija, pero nada volvió a ser igual. En 1984, tras la muerte de su hijo en un accidente de moto, decidió retirarse de los escenarios.

Lejos del foco, Pepe se volcó en otras disciplinas artísticas como la pintura y la poesía, dio conferencias sobre la historia del circo y llegó a ejercer como consejero circense del Ministerio de Cultura. Murió en 2004, a los 83 años, dejando tras de sí una vida dedicada a hacer reír.

Hoy, Santander recuerda a los hermanos Tonetti con una escultura singular en el parque de Mesones, el mismo lugar donde solían instalar su carpa. No se trata de una estatua elevada, sino de una obra a ras de suelo, pensada para que el público camine entre ellos. Un homenaje discreto y cercano, como lo fue siempre su forma de entender el espectáculo.

La historia de los Tonetti es la de una ciudad, la de un oficio y también la de una paradoja: la de quienes arrancaron carcajadas a miles de personas mientras, fuera de la pista, convivían con el peso del fracaso, la crisis y el silencio. Quizá por eso su recuerdo sigue tan vivo. Porque, como recuerdan quienes conocen su historia, detrás de cada payaso siempre hay una persona. Y a veces, la mayor sonrisa es también la más frágil.

Eduardo Bermúdez Dapena

Licenciado en Periodismo por la Universidad del...