Opinión
La Mirada de Toledo

Juan José Sanz Cid: los picamaderos, un pájaro muy madrugador

Juan José Sanz Cid, Investigador Científico Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)

Juan José Sanz Cid: los picamaderos, un pájaro muy madrugador

Juan José Sanz Cid: los picamaderos, un pájaro muy madrugador

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Seguramente durante las primeras horas del día quizás hayas escuchado este sonido. Un repiqueteo en el silencio de la mañana que realizan los machos de picos picapinos (Dendrocopus major) para señalizar su territorio e iniciar la construcción del nido. Efectivamente, este ave hace su nido o casa de madera utilizando árboles con la madera viva y excavando un túnel de hasta veinte centímetros de largo y quince de diámetro. Esta especie es la más común con su característico plumaje negro y blanco, y una mancha roja en la cabeza que nos permite conocer si es un macho o una hembra. Pero éste no es el único picamaderos que tenemos en nuestro entorno, también podemos disfrutar de una especie de menor tamaño, el pico menor (Dendrocopus minor) y el pito real (Picus viridis) de plumaje verde y característico canto que parece el relinchar de un caballo.

Los picapinos tienen una serie de adaptaciones comunes a las 300 especies que hay en el mundo que les permiten explotar los recursos de la madera muerta de los árboles donde obtienen insectos xilófagos, es decir que se alimentan de madera muerta, tras unos cuantos picotazos. Tras hacer un fino agujero con el pico sacan su larga lengua de un estuche situado en el cráneo y alcanzan la larva en la madera. Además, a diferencia de la mayoría de las aves que tienen 3 dedos de las patas dirigidas hacia delante y 1 en oposición, estos picamaderos tienen 2 dedos dirigidos hacia adelante y 2 hacia detrás. Esto les permite trepar por los árboles sin caerse y es una característica que comparten con los loros.

Pero lo más fascinante es que los machos de estas especies pican con su pico en los troncos para hacer sonidos que marcan su territorio y así atraer a las hembras. El picamaderos da cabezazos a la madera hasta 20 veces por segundo. Su cabeza se mueve a unos vertiginosos seis metros por segundo y la fuerza de desaceleración con cada picotazo es 1.000 veces la de la gravedad. Para picar sin sufrir daño cerebral cuenta con un equipamiento único. Esto atrajo a los científicos porque no tenían daños cerebrales o en los ojos al realizar esta actividad. Los músculos fuertes y densos en el cuello del ave le dan fuerza para golpear repetidamente su cabeza. Pero son los músculos adicionales del cráneo los que evitan que el ave se lastime. Estos actúan como un casco protector para el cerebro. A diferencia del cerebro humano, el del pico picapinos está estrechamente confinado por músculos del cráneo y un hueso comprimible. Esto evita que el cerebro se mueva cuando el ave está apuñalando el tronco de un árbol. Un milisegundo antes de impactar, el pico picapinos contrae los músculos del cuello. Luego, cierra su grueso párpado interno que actúa como un cinturón de seguridad para el ojo. Sin este párpado, la retina podría romperse y, lo que es peor, el ojo podría salirse de su cuenca.

Estas adaptaciones son especialmente importantes para los machos, que picotean hasta 12.000 veces al día durante el cortejo. Por todos estos motivos, un pico picapinos, aunque golpee directamente al árbol, nunca tendrá traumatismos craneoencefálicos.

 
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