El reconocimiento de la Guía Repsol que ha revolucionado un convento de Cuenca
Las clarisas de Sisante reciben un Solete de Navidad y se disparan las ventas de su repostería artesanal elaborada con recetas centenarias

El reconocimiento de la Guía Repsol que ha revolucionado un convento de Cuenca
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Cuenca
Tras los muros del convento de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Sisante (Cuenca), el silencio de la clausura convive desde hace décadas con el aroma de almendra, vino y azúcar. Una repostería elaborada con paciencia, fe y recetas centenarias ha recibido recientemente un inesperado reconocimiento: un Solete de Navidad de la Guía Repsol, una distinción que ha puesto el foco nacional en el trabajo artesanal de las hermanas clarisas y que ya está teniendo un impacto directo en la economía del convento.
La noticia llegó a mediados de noviembre “con sorpresa y tal vez con incredulidad, porque nos avisaron por teléfono y no lo creíamos”, como ha contado la hermana Yamilet, una de las religiosas de la comunidad, en una entrevista en Hoy por Hoy Cuenca.
La confirmación oficial llegó a comienzos de diciembre y, con ella, un efecto inmediato: “Esto ha sido para nosotras un impulso tremendo para la venta y la distribución de nuestros dulces”.

Convento de Nuestro Padre Jesús Nazareno de las clarisas de Sisante (Cuenca). / www.sisante.es

Convento de Nuestro Padre Jesús Nazareno de las clarisas de Sisante (Cuenca). / www.sisante.es
Tradición, fe y sustento económico
La repostería no es un complemento, sino un pilar fundamental en la vida de las clarisas de Sisante. Sus dulces se elaboran siguiendo recetas muy antiguas, conservadas en un libro y un cuaderno que han pasado de generación en generación dentro del convento.
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Durante años, estas elaboraciones se reservaban para Navidad y se regalaban a los bienhechores de la comunidad, pero en 2010, ante la necesidad de financiar unas obras en la iglesia, las hermanas decidieron ofrecerlos al público todo el año.
“Fue entonces cuando vimos que eran bien acogidos y desde ese momento los estamos haciendo de manera habitual”, explica Yamilet. Desde entonces, la producción se intensifica en momentos clave del año, especialmente durante los viernes de marzo, cuando los peregrinos acuden en masa a venerar a la imagen de Jesús Nazareno, obra de Luisa Roldán, la Roldana.


Fidelidad absoluta a la receta
Roscos de vino, anisados, aguardentados, torta de almendra o panecillos de nueces forman parte del surtido habitual. Sin embargo, hay un dulce que destaca por encima del resto: los cordiales, una especialidad a base de almendra, clara de huevo y azúcar sobre una oblea.
“Los cordiales eran lo mejor de lo mejor para las hermanas antiguas”, señala Yamilet. “Es lo que más se vende y lo que la gente viene buscando”.
A pesar del reconocimiento y de la creciente demanda, las clarisas tienen claro que no modificarán sus métodos. “Hemos elegido mantener la fidelidad absoluta a la receta. Si no se puede hacer tal como está, preferimos dejar de hacer el dulce antes que modificarlo, porque pierde su personalidad y su calidad”, afirma.


Más trabajo y más demanda
El Solete de Navidad de la Guía Repsol ha supuesto un antes y un después. “Nos ha desbordado”, admite la hermana Yamilet. “Hemos tenido que triplicar, o incluso más, la cantidad de dulces que hacíamos habitualmente para estas fechas”.
Este aumento de la demanda es especialmente significativo porque la repostería artesanal es, hoy por hoy, la principal fuente de ingresos del convento, junto a pequeñas pensiones de las hermanas mayores. Los dulces se ofrecen en la llamada Alacena de las Nazarenas, un antiguo garaje habilitado como espacio de acogida para los visitantes, donde también se pueden encontrar recuerdos religiosos elaborados por las monjas.
“No hablamos de venta, sino de ofrecer por módicos donativos nuestros dulces y recuerdos”, matiza Yamilet. “Pero con el solete hemos notado un aumento claro respecto a otras Navidades”.


Más allá de la gastronomía
Para las clarisas, el trabajo en la repostería no es solo una cuestión económica. Es también una forma de vida comunitaria y de oración compartida. En el convento conviven siete hermanas, tres de ellas de edad muy avanzada, que siguen participando activamente en la vida litúrgica.
“Este reconocimiento nos ha unido aún más, nos ha hecho trabajar juntas y afrontar con alegría este momento tan intenso”, explica Yamilet. “No nos asusta el trabajo; somos muy emprendedoras y vamos todas a lo que hay que hacer”.
El Solete de la Guía Repsol ha puesto nombre y visibilidad a un trabajo silencioso que llevaba años realizándose en clausura. Un pequeño distintivo que, en Sisante, se ha convertido en una gran luz para mantener viva una tradición, sostener una comunidad y demostrar que la alta gastronomía también puede nacer entre oración, paciencia y horno lento.

Paco Auñón
Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado...




