Hoy por Hoy Cuenca
Historia

Descubre la imagen con mil detalles que refleja cómo era Cuenca en el siglo XVI

Un grabado de 1565 firmado muestra la primera imagen detallada de esta ciudad castellana y del río Júcar

Un dibujo del siglo XVI muestra la vida en Cuenca y su río Júcar

Cuenca

En pleno siglo XVI, cuando la fotografía aún no existía, un artista flamenco capturó con extraordinario detalle una escena que hoy se considera un documento único: la vista occidental de la ciudad de Cuenca y su río Júcar. Aquel dibujo, realizado en 1565, se ha convertido en una ventana privilegiada al pasado.

Más de cuatro siglos después, esta obra, como la otra vista desde el Huécar, y las muchas más que realizó en distintas ciudades españolas, siguen ofreciendo claves fundamentales para comprender no solo la fisonomía urbana de la ciudad, sino también su actividad económica, sus modos de vida y la relación de sus habitantes con el entorno natural.

A través del análisis de este grabado, Tirso Moreno, de la asociación Los Ojos y de la empresa Vestal Etnografía, nos ha destacado en el espacio La memoria de la tierra el valor de esta imagen como testimonio histórico y como herramienta para interpretar la evolución del paisaje conquense.

Vista de Cuenca obra de Wyngaerde en el siglo XVI. / aRCHIVO

Un artista al servicio de la historia

El autor de esta imagen es Anton van den Wyngaerde, un pintor de origen flamenco que trabajó para la corte de Felipe II entre 1557 y 1571. Durante ese periodo, realizó una extensa serie de vistas de ciudades españolas que hoy constituyen un auténtico tesoro documental.

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Estas obras no solo tienen valor artístico, sino también histórico. Como explica Tirso Moreno, se trata de “un tesoro documental gráfico único para conocer nuestra historia, nuestras ciudades y en este caso nuestro río Júcar”.

En el caso de Cuenca, el artista realizó dos vistas. La analizada en este reportaje corresponde a la perspectiva oeste, una representación minuciosa que permite observar con claridad tanto la estructura urbana como la vida cotidiana de la época.

Detalle de la vista oeste de Cuenca de Wyngaerde.

La “primera fotografía” de la ciudad

Aunque se trata de un dibujo, su nivel de detalle ha llevado a considerarlo como la primera “fotografía” de Cuenca. “Es la primera imagen con detalle que tenemos de nuestra ciudad”, subraya Moreno, quien destaca que el grabado muestra no solo edificios y calles, sino también “esa intrahistoria, esa vida anónima asociada a los recursos naturales”.

La imagen refleja una ciudad organizada en torno a tres cerros: el de la Majestad, el de San Cristóbal y el del Socorro. Cada uno de ellos aparece acompañado de su correspondiente arrabal: San Antón, la ciudad histórica y el barrio de los Tiradores, respectivamente. Esta disposición permite entender Cuenca como una “ciudad paisaje”, donde la geografía y la urbanización se integran de forma inseparable.

Detalle de un lavadero en la vista del oeste de Cuenca de Wyngaerde.

Las puertas y la estructura urbana

El grabado también muestra las principales entradas a la ciudad en el siglo XVI. A la izquierda, la vía procedente de Madrid accedía por el barrio de San Antón. A la derecha, la entrada desde Valencia se realizaba por la denominada puerta del campo, situada en lo que hoy es la zona de la Diputación.

Entre ambos accesos se extendía el campo de San Francisco, descrito como una especie de plaza mayor de la época. Estos elementos permiten reconstruir no solo la forma de la ciudad, sino también sus conexiones y su importancia estratégica.

Un río familiar y, a la vez, diferente

El río Júcar ocupa un lugar central en la imagen. Su trazado resulta reconocible, con una curva que aún hoy forma parte del paisaje urbano. Sin embargo, su aspecto presenta notables diferencias respecto al actual.

“Destaca principalmente su aspecto desarbolado, completamente desnudo”, explica Moreno, en contraste con la ribera actual, más frondosa y naturalizada. Aun así, algunos elementos permanecen, como el barrio de San Antón o la silueta general de la ciudad al fondo.

El grabado también incluye edificaciones desaparecidas, como la ermita de Santo Toribio o el primer convento de la Merced, lo que refuerza su valor como documento histórico.

Vista de la hoz del Huécar de Cuenca en 1565 de Anton Van den Wyngaerde. / Wikipedia

El puente de San Antón

Uno de los puntos clave de la escena es el puente de San Antón, cuya estructura se mantiene prácticamente intacta hasta hoy. Este puente no solo permitía el acceso a la ciudad, sino que también marcaba la confluencia de los ríos Júcar y Huécar, elementos naturales que actuaban como muralla.

“Es un punto estratégico”, señala Moreno, al destacar su papel en la configuración defensiva y urbana de Cuenca. Bajo el puente, el grabado muestra una intensa actividad humana, reflejo de la importancia del río como espacio de trabajo y encuentro.

El barrio de San Antón

El barrio de San Antón aparece como uno de los núcleos más relevantes de la época. No solo era la principal entrada desde Madrid, sino también un importante centro asistencial, con hasta tres hospitales: San Antonio Abad, San Jorge y San Lázaro.

Además, tenía una marcada vocación productiva. Era conocido como el barrio de las ollerías, donde se concentraban alfareros y tenerías. Esta actividad ha dejado una huella que perdura hasta hoy en la tradición cerámica local.

Industria, agua y economía

El grabado revela también la estrecha relación entre el río Júcar y la actividad económica. En sus aguas se observan las llamadas “maderadas”, troncos transportados río abajo que evidencian el uso del cauce como vía de transporte.

Estas maderas eran desembarcadas en la zona del Sargal, donde se apilaban y se trasladaban hacia aserraderos y otras instalaciones productivas. Incluso se aprecian caballerías participando en estas tareas.

La industria textil también ocupa un lugar destacado. El Hospital de Santiago, visible en la imagen, contaba con un batán y otras infraestructuras vinculadas a la producción de paños. Más abajo se identifican otros elementos clave, como el molino de la Narera y el lavadero de los genoveses.

Este último, en particular, refleja la dimensión internacional de la economía conquense. “Significa que Cuenca era una potencia económica y aquí venían los más ricos de Europa a hacer negocio con la lana”, explica Moreno.

Transformaciones del paisaje

El paisaje del Júcar ha experimentado importantes cambios desde el siglo XVI. Uno de los más evidentes es el aumento del arbolado en sus riberas, que hoy ofrecen una imagen más natural y frondosa.

Otro cambio significativo fue la desaparición, a mediados del siglo XX, de dos cerros situados entre el río y la actual calle Colón: el Cerrillo de San Agustín y el de los Moralejos. Su demolición alteró de forma notable la percepción del entorno.

A pesar de estas transformaciones, el río sigue siendo un elemento central de la vida en Cuenca, ahora más vinculado al ocio y al disfrute de la naturaleza.

Paco Auñón

Director y presentador del programa Hoy por Hoy...