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Biglino advierte de que el auge de los populismos representa la mayor amenaza para nuestra democracia

La catedrática de Derecho Constitucional de la UVA, Paloma Biglino, ha participado en la Cátedra Monarquía Parlamentaria de la UBU

La catedrática de Derecho Constitucional de la UVA, Paloma Biglino, ha intervenido en la Cátedra Monarquía Parlamentaria de la UBU / Universidad Burgos

Que la sociedad española se encuentra cada vez más polarizada y que el auge de los populismos representa la mayor amenaza para nuestra democracia es una reflexión compartida por la práctica totalidad de los ponentes que comparecen en la Cátedra de Monarquía Parlamentaria de la UBU, pero no todos son capaces de explicarlo y, sobre todo, de exponer cómo combatir ese peligro como la hace la catedrática de Derecho Constitucional de la UVA Paloma Biglino Campos.

Sirviéndose de una lucidez y sencillez en su discurso capaz de captar de inmediato la atención del público que asistió a la última conferencia de marzo del seminario dirigido por Juan José Laborda, la ex directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales reflexionó sobre el hecho de que “en España nunca se ha vivido en un clima de tanta polarización como ahora” para afirmar que, en contra de otras opiniones, eso no se debe a la actual fragmentación política, “que ya ha existido en otras épocas”.

En su opinión, “estamos viviendo un fenómeno de sobrepuja -por parte de los partidos políticos- en la búsqueda de votos” que les conduce a radicalizarse cada vez más hacia un extremo u otro del espectro político para diferenciarse de sus adversarios, radicalizándose cada vez más. Y, lo que es peor, apunta Biglino, “hay sectores que niegan esa radicalización”. “Los partidos deben reflexionar y ser los principales antídotos contra el populismo”.

Pero una cosa es solicitar ese ejercicio de reflexión y otra confiar en que suceda. Paloma Biglino no lo ve claro. En su opinión, “los partidos políticos se han convertido en empresas de colocación de personas que no tienen otro medio de vida ni profesión que la política” y, lo que es aún más desesperanzador, en “empresas cuyo único objetivo es su perpetuación”.

En su conferencia “Monarquía, parlamentarismo e independencia del poder judicial frente al populismo”, la catedrática Biglino afirmó que “el populismo no es una ideología, si no una estrategia para alcanzar el poder” que se basa en “fomentar la distancia que separa a los representados de sus representantes” elegidos democráticamente, “sean quienes sean, asegurando que solo ellos, los populistas, pueden representar a la ciudadanía”.

El populismo, aseguró, no promueve golpes de estado, “quiere llegar al poder ejecutivo a través de las urnas para luego dominar el legislativo, vaciarle de su capacidad de contrapoder y gobernar a través del control de los medios de comunicación”.

En su opinión, la monarquía parlamentaria sirve de obstáculo al populismo al ser “una institución que, por su neutralidad, queda al margen de la contienda política y no puede ser captada por los partidos políticos, que siempre tienden a ocupar espacios que no les son propios, como el judicial”. En su opinión, la toma de posición del actual rey emérito ante el golpe de estado protagonizado por Tejero o la intervención del rey Felipe VI tras la convocatoria del referéndum del 1 de octubre de 2017 en Cataluña, son actuaciones que corresponden el papel del monarca como jefe de un Estado democrático”, pero, apunta Biglino, “deben ser excepcionales”.

“El rey reina, pero no gobierna y carece de instrumentos para frenar el populismo. El parlamento lo obstaculiza también, pero tampoco es capaz de ya que puede ser controlado evitarlo -los casos de Hungría e Italia lo demuestran- y es ahí donde aparece el poder judicial como el freno más efectivo frente al populismo”, aseveró Paloma Biglino.

Los riesgos a los que se enfrenta el poder judicial para servir de único y definitivo freno para el triunfo del populismo y el consiguiente fracaso de la democracia es “la desactivación, en primer lugar, del Tribunal Constitucional, después del Supremo y posteriormente del resto”, una estrategia, ya puesta en marcha en otros países, que el populismo desarrolla “forzando jubilaciones de los magistrados, modificando para ello la edad de jubilación y alterando los criterios de elección de los miembros de estos tribunales”. Ante esa perversión del sistema democrático basada en la separación de poderes, el antídoto propuesto por Paloma Biglino es rotundo: “salvaguardar y reforzar la independencia del poder judicial”.

 
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