Sociedad

Las obras del ARU en Santa Catalina desatan la indignación vecinal: “Nos están robando vida, sueño y tranquilidad”

Retrasos, sobrecostes y falta de información marcan un proyecto que los vecinos ya califican de “pesadilla” y que, según denuncian, puede acabar en los tribunales:

Las obras del ARU en Santa Catalina desatan la indignación vecinal. “Nos están robando vida, sueño y tranquilidad”

Aranda de Duero

José María Rojas llega a la entrevista con la frustración acumulada de toda una mañana esperando. A las ocho estaba en su vivienda porque le habían asegurado que llegarían las persianas. Dos horas después, seguía sin noticias. “Me dicen que llegarían después, hasta las 12… yo no puedo estar perdiendo tres horas de mi vida”, lamenta. Esa espera, aparentemente anecdótica, es para él el reflejo exacto de lo que están viviendo los vecinos del plan de rehabilitación urbana de Santa Catalina: retrasos, desinformación y una sensación constante de abandono.

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Rojas, que actualmente vive en casa de sus hijos mientras duran las obras, lo resume con crudeza. “Lo sufro de rebote, pero mi casa es aquella”. Y lo que empezó como una oportunidad se ha convertido, asegura, en todo lo contrario. “Si esto nos lo vuelven a presentar hoy, les decimos que no. A mí regalos envenenados, no”. De hecho, rechaza frontalmente el discurso institucional que presenta el proyecto como una ayuda. “Que nadie se piense que nos están regalando nada. Nos están robando. Nos están robando vida, nos están robando sueño”, asevera.

El principal reproche de José María Rojas es la falta de información y de empatía del equipo de gobierno desde el inicio. “Falta de información. Total y absolutamente”, insiste. Explica que a los vecinos se les trasladó inicialmente una aportación económica muy inferior a la que finalmente se les exige. “Nos dijeron que íbamos a participar con un 14%… y luego resulta que en vez de 4.000 euros tenemos que poner 6.800. Pues que nos lo hubieran dicho y decidimos si queremos o no”. Y advierte del desenlace que, a su juicio, es cada vez más probable. “Esto no va a terminar bien. Esto va a terminar en un juzgado”.

En ese contexto de frustración, Rojas también cuestiona el perfil de quienes están gestionando el proyecto, a partir de una conversación con otro vecino del barrio. “Me decía uno, por Sentir Aranda… ‘estos son chicos jóvenes, que tienen carrera’”, relata. Sin embargo, su respuesta es contundente y deja ver el fondo de su crítica. “Yo prefiero una persona que no tenga carrera, aunque sea viejo y que no sepa ni leer ni escribir, porque seguro que tiene más sentido común y más empatía con la gente”. Para él, el problema no es la formación técnica, sino la distancia con la realidad social de Santa Catalina. “No saben lo que es tratar con las personas humildes y pobres”.

"A un vecino le han roto las tuberías y no puede ni ducharse"

Mientras tanto, el día a día en las viviendas se ha vuelto, según describe, un cúmulo de problemas. “Ventanas rotas, persianas que no bajan, puertas provisionales… esto es una sin razón”, enumera. Asegura que las deficiencias son constantes y afectan incluso a cuestiones básicas. “Un vecino me decía que le han roto las tuberías del agua y no puede ni ducharse”. Y más allá de los fallos técnicos, lo que más le duele es la falta de empatía hacia la realidad del barrio. “No saben cómo se vive allí”, afirma. Y pone un ejemplo que le marcó especialmente. “A una vecina que tiende su ropa en un tendedero exterior, le dijeron que se fuera a la lavandería. ¿Pero cómo le dices eso a alguien que tiende la ropa en la calle?”.

En su relato, la vivienda trasciende lo material. Es memoria y vida. “Mi vida está en ese piso. Yo me casé allí. Mi noche de bodas la pasé allí. Allí nacieron mis hijos”, explica, visiblemente afectado. Por eso, eleva el tono cuando habla del impacto del proyecto. “Me quieren destrozar mi piso. Me quieren destrozar mi vida. Y no se lo voy a permitir”. Rojas también cuestiona la forma en la que se están ejecutando las obras, con todos los bloques abiertos al mismo tiempo- “Han empezado todo al tiempo… esto se va a quedar todo empantanado”. A su juicio, una planificación distinta habría evitado muchos problemas: “¿No es más fácil coger un bloque y terminarlo?”.

El proyecto, recuerda, nació con grandes expectativas para un barrio necesitado. “Era un sueño… afecta a más de mil viviendas”. Sin embargo, la percepción actual entre los vecinos es muy distinta. “Se ha convertido en pesadilla”, reconoce.. Lejos de quedarse en la queja, Rojas anuncia que mantendrá la presión y anima a sus vecinos a hacer lo mismo. “Protestad, bajad al Ayuntamiento. Llenadle de escritos”. Él, por su parte, lo tiene claro. “Voy a ser como un tábano… voy a bajar a todos los plenos a protestar, empezando por este jueves”. Y mientras tanto, esperando a que las persianas lleguen. Como tantas otras soluciones que, de momento, siguen esperando.