Vídeo Sigue el programa especial de 'La Ventana' desde Sant Jordi

El Balcó
Economía y negocios

Arquitectos jóvenes y precarios: "Cada semana pienso que debería dejarlo"

Los profesionales que entran al mercado laboral denuncian que tienen que trabajar muchas horas a cambio de salarios bajos y que los despachos les obligan a ser falsos autónomos

Arquitectes joves i precaris: "Cada setmana penso que ho hauria de deixar"

Barcelona

Barcelona ha sido elegida Capital Mundial de la Arquitectura para este 2026 y la arquitectura catalana es reconocida y tiene mucho prestigio en Europa y en el mundo. No obstante, los jóvenes arquitectos denuncian que el sistema se sostiene sobre una estructura basada en salarios bajos, muchas horas extra y falsos autónomos. Elena Roig y Núria Escoda, arquitectas de 25 y 32 años respectivamente, han contado su experiencia a El Balcó de SER Catalunya.

Elena tiene 25 años, hace tres que terminó la carrera y trabaja como arquitecta. “Disfruto del trabajo, pero no es como me esperaba”. Ha explicado que la precariedad empieza con las prácticas universitarias. “Se plantean como si te hicieran un favor, pero estás trabajando”. Después ha sido falsa autónoma hasta hace poco: “También te lo plantean como si fuera más beneficioso para ti, porque el primer año la cuota es más baja. Tú, como acabas de salir de la carrera, incluso te lo acabas creyendo”, ha reflexionado. Y también ha señalado que un problema importante es “la alta rotación en los estudios, sobre todo entre gente joven”.

Núria tiene 32 años y lleva nueve trabajando en un estudio de Barcelona, pero no está satisfecha con la remuneración del sector. “Deberíamos estar más valorados por el trabajo que hacemos. La profesión exige cada vez más cosas y los honorarios van a la baja”, ha asegurado. Además, ha explicado que antes vivía en Barcelona, pero que ahora, con su pareja que también es arquitecto, se han mudado fuera de la ciudad porque el alquiler se llevaba demasiada parte de su sueldo.

Una precariedad generalizada y “normalizada”

Los de Elena y Núria no son casos aislados. En las últimas semanas, SER Catalunya ha recogido los casos de una decena de arquitectos jóvenes y todos explican situaciones similares. “No he tenido un contrato en toda mi vida laboral”. “De los siete años que he trabajado, solo he tenido contrato seis meses”. Estas son las carreras de dos arquitectos jóvenes que quieren mantener el anonimato. “Era eso o nada. Directamente, te ofrecen ser falso autónomo con el eufemismo de colaborador”, explica uno de ellos. “El contrato que te ofrecen solo lo puedes aceptar si tienes 25 años y vives en casa de tus padres”, añade la otra. “Es una profesión muy vocacional. Nos gusta, pero no nos sale a cuenta. Cada semana pienso que debería dejarlo porque es insostenible”, remata el primero.

De hecho, los datos lo corroboran. Según una encuesta del Sindicato de Arquitectos de 2024, el 3% de los profesionales son falsos autónomos. Es cierto que se ha ido reduciendo con los años, ya que en 2011 esta proporción era del 24%. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que casi la mitad de los arquitectos dicen haber sido falsos autónomos en algún momento de su carrera.

“Hemos normalizado la situación y es profundamente injusta”, explica Maria (nombre falso), que hace dos años terminó el máster y trabaja como falsa autónoma en un estudio de arquitectura de Barcelona. Las horas extra son el pan de cada día en los momentos de entrega de proyectos o participación en concursos. “Las hace todo el mundo. Incluso los jefes”, apunta.

Según la misma encuesta, más de la mitad de los arquitectos dicen que cobran por debajo de lo que marca el convenio, que es algo más de 28.000 euros brutos anuales. Si nos fijamos solo en los jóvenes de menos de 35 años, el porcentaje sube hasta el 70%. Y otro dato: más de dos tercios de los arquitectos dicen que hacen horas extra y casi la mitad no las cobra.

“No es una buena perspectiva de futuro ver que la gente que tenemos por encima está igual o peor”, reflexiona Maria. “No quiero ser como ellos, pero no sé cómo hacerlo si no es trabajando muchas horas”, añade. “O me mato a trabajar ahora o asumo que haré un trabajo que no me gustará”.

“Hay mucha ambición entre los arquitectos. Es un trabajo muy vocacional. Y también hay un componente de autoexigencia que se enseña desde la carrera. Esta manera de hacer se arrastra mucho en los primeros años de vida profesional”, explica Martí, arquitecto y profesor, que ha decidido alejarse de los grandes concursos públicos para vivir más tranquilo. “Yo estoy fuera de esos caminos. Siempre hago proyectos con los pies en la tierra”, concluye.

Un problema “transversal” que pagan los jóvenes

Desde la Asociación de Jóvenes Arquitectos de Cataluña (AJAC) —que forma parte del Colegio de Arquitectos— lamentan que la precariedad es un problema transversal a toda la profesión, pero que quienes más lo acaban pagando son los jóvenes. “Trabajo no falta, pero falta cobrar bien y tener buenas condiciones”, explica su presidente, Albert Nogueras.

“Ganas un concurso para hacer un edificio público de 8 millones y piensas que eso te sacará de pobre durante tres o cuatro años. Una vez empiezas a trabajar, ves las horas que tienes que dedicar, el trabajo que debes externalizar… vas repartiendo y quedan migajas para todos”, apunta Nogueras.

Antes de la crisis, había unos honorarios mínimos fijados que los arquitectos cobraban en función de las características del proyecto. Estos mínimos se liberalizaron y desde entonces la competencia en los concursos públicos es mucho más feroz. “Los estudios ofrecen un precio muy devaluado porque quieren asegurarse el encargo”, señala Nogueras. “Yo he llegado a decirle a un jefe: si cobras eso, trabajaremos todos, pero estaremos perdiendo dinero”.

Un concurso público con solvencia abierta (donde cualquiera puede presentarse) puede recibir más de cincuenta propuestas. Es decir, una gana y las otras 49 han trabajado para nada. Por eso, la única manera que tienen de sobrevivir muchos estudios es exprimir al máximo a los trabajadores. El propio Albert explica que trabajó muchos años en un estudio conocido de Barcelona, donde había una rotación altísima de jóvenes y muy pocos eran asalariados. “Aquello era un ejército de autónomos. Quizá éramos 150 y solo diez o quince tenían contrato”, recuerda.

Manifiesto para hacer pública la indignación

Ante este panorama, un grupo de arquitectos ha impulsado un manifiesto para expresar su preocupación por la precariedad del sector. Hasta ahora, ya lo han firmado casi 1.700 personas. “En los últimos años se ha complicado la subsistencia económica de los estudios de arquitectura en Cataluña, debido a un sistema de concursos que suponen inversiones cada vez más elevadas, unos honorarios insuficientes y una demanda creciente de servicios y documentación asociada a los proyectos”, detalla el texto.

La carta va dirigida al futuro decano del Colegio de Arquitectos, aprovechando que hay elecciones el mes de mayo. Los arquitectos quieren, por un lado, que se equiparen los honorarios a los de otros países como Francia, Suiza, Bélgica u Holanda. Por otro, que se limite el número de estudios que pueden presentarse a los concursos públicos para evitar el desgaste y que se compense económicamente a los estudios que presenten propuestas.

“En muchos casos, la inversión en tiempo y dinero en concursos de arquitectura, necesaria para poder conseguir encargos, puede llegar a suponer más de un 30% de las horas de trabajo anuales de algunos estudios”, lamentan. Por ello, querrían que el Colegio hiciera un estudio de cuánto cuesta exactamente presentarse a un concurso y que hubiera menos candidatos, pero con remuneración por sus proyectos. Una idea es limitarlo a tres propuestas: dos por criterios de solvencia (expediente y proyectos realizados) y una cuota para arquitectos jóvenes o más noveles.