Nacho Ares cuenta la historia de Francisco de Cuéllar, uno de los protagonistas de la Armada Invencible
El capitán Francisco de Cuéllar fue uno de los protagonistas principales de la azarosa aventura de la Armada Invencible en 1588. Tras naufragar en Irlanda y huir de forma totalmente épica del enemigo inglés, regresó a Madrid en donde dejó el relato de una aventura increíble.

Francisco de Cuéllar en Madrid
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Cuéllar representa al Madrid que era puerto seco de todas las ambiciones y todos los naufragios del Imperio de Felipe II. El manuscrito que escribió quizá en Amberes o de regreso ya a España, una extensa carta donde Cuéllar narra su odisea en la Armada Invencible descansa hoy en los archivos de la Real Academia de la Historia en Madrid tras ser rescatado del olvido por Cesáreo Fernández Duro en 1884. Esta joya documental de apenas 20 páginas permaneció oculta durante siglos, custodiando el relato vívido de los naufragios en Sligo y su milagrosa huida por las tierras de Irlanda. El documento permitió dar voz humana a la tragedia de la Armada, convirtiendo un expediente militar en una de las crónicas de aventuras más fascinantes de la literatura colonial española.
El fantasma de Cuéllar
Cuéllar no solo se enfrentó a los elementos del Canal de la Mancha, sino que también lo hizo a la justicia militar de sus propios compatriotas, tras ser condenado a la horca por un malentendido de órdenes durante la batalla.
Sin embargo, el destino le tenía reservada una prueba mayor en las costas de Irlanda. Allí, tras el naufragio de los galeones en las playas de Streedagh, Cuéllar se convirtió en un náufrago entre salvajes y santos. Su relato de esos meses es una epopeya de supervivencia pura: herido en una pierna, despojado de sus ropas por saqueadores, refugiado en chozas de barro y finalmente convertido en el defensor de un castillo asediado junto a otros supervivientes españoles. Su huida a pie, sorteando el frío y la persecución inglesa, es uno de los testimonios más vívidos de la resistencia humana en el siglo XVI.
Al regresar finalmente a España tras su paso por Flandes, el rastro de Cuéllar se pierde en las calles de Madrid en donde vivió entre 1603 y 1606. Es en los despachos del desaparecido Alcázar de los Austrias, donde debemos imaginar al capitán insistiendo en la limpieza de su honor. Allí, entre legajos y escribanos, Cuéllar transformó sus cicatrices en peticiones de justicia, logrando que se revisara su proceso y se le reconociera el valor demostrado en las tierras del norte.
Sus huellas finales en la capital nos llevan a las cercanías del Palacio de los Consejos y la Cuesta de la Vega. En este entorno, el capitán preparó su última gran aventura, solicitando licencia para pasar a las Indias hacia 1607. Después su pista se pierde como un fantasma de la historia.




