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El hombre que me enseñó a dudar

Ha fallecido Chimo Ríos-Capapé, uno de los personajes más combativos en el entorno del Valencia durante las primeras décadas del S.XXI, impulsor de la -frustrada- democratización del club

Chimo Ríos-Capapé, durante una junta de accionistas del Valencia. (Foto: JM López, Superdeporte)

Valencia

"Guaita, ya sabes, siempre valiente; nunca connivente". La frase no deja de retumbarme en la cabeza desde que anoche me enteré que Chimo se nos iba. Esas siete palabras fueron las últimas que cruzamos, hace unos meses, después de un cariñoso encontronazo delante de Casa Mundo. La charla no tuvo nada de extraordinario. Peter Lim. El Valencia sufriendo para no bajar a Segunda. La impotencia de no poder hacer nada. Maldijimos a Amadeo y Aurelio. Me dio uno de sus abrazos de gigante y desapareció por Doctor Romagosa en dirección a Barcas con esos inconfundibles andares de hombretón irrompible. Ya no volveremos a vernos. Al menos, no en este mundo.

Descubrí a Chimo -como a tanta gente de la que aprendí casi todo lo que sé del oficio- en Ràdio 9. En aquellos maravillosos años de Taula, madrugadas eternas y pelucas naranjas. Pude conocerle gracias a la generosidad de Damià Vidagany, que me abrió de par en par las puertas de todas sus innumerables fuentes para hacer el programa. Con el tiempo entendí que Ríos-Capapé era una de las más útiles. Porque lo tenía todo. Tenía contactos dentro y fuera del club. Era un hombre absolutamente integrado en el tejido social de la ciudad y del Valencia. Tenía conocimientos en economía, empresa y derecho porque sabía rodearse de genios como Juanma Romero o Santi Fernández. Tenía un sentimiento valencianista a prueba de charlatanes y trincones. Tenía la genuina inquietud de quien no acepta las verdades oficiales. Y esa virtud es un foco de referencia al que un periodista crítico debe seguir siempre. Cada día. Y, tenía sobre todo, mucha mili. Calaba a los golfos y a los vendedores de humo a la primera. Por Mestalla, lamentablemente, han pasado unos cuantos en los últimos 30 años.

Eso es lo primero que aprendí de Chimo y la principal enseñanza que me deja. La que no olvidaré. De entrada, dudar. Pensar mal. Hacerse preguntas. No creer que nadie va a ser mejor o más sincero por grande que sea el despacho que ocupe en un club de fútbol, un ayuntamiento o una conselleria. Este negocio es así, lamentablemente.

No siempre estuvimos de acuerdo. Tuvimos nuestras trifulcas. Muy divertidas, eso sí. Sobre todo, en la etapa de Newcoval y Manuel Llorente, del que siempre pensamos diferente. Pero era mucho más lo que nos unía. El Valencia. Mestalla. Buqué. Jaume Ortí. Jaume Part. Jesús Barrachina. Santi Fernández. Juan de Austria. El reservado pequeño de La Principal. Las Ánimas de Gran Vía.

Fue un fijo las cuatro temporadas que tuve la enorme responsabilidad de dirigir la Taula Esportiva. Me ayudó a hacer un programa mejor, más crítico, más socarrón, más informado. Me quedo con la tranquilidad de habérselo dicho y agradecido en vida. Cierro los ojos y le veo apareciendo por el pasillo tras la cristalera en los estudios de Ràdio 9 en Blasco Ibáñez. En mangas de camisa, siempre elegante, con la carpeta repleta de apuntes bajo el brazo y esa media sonrisa que anunciaba tertulia tempestuosa para el poder establecido. Se llamara Roig, Soler o Llorente. Fue azote y ariete en juntas de accionistas. En los tiempos democráticos pre Meriton en los que todavía se podía acceder a ellas. Sus discursos, que cuidaba al detalle y preparaba de forma minuciosa durante meses, eran temidos y odiados a partes iguales por los presidentes de turno.

Chimo Ríos-Capapé se ha ido con la pena de no haber visto un Valencia libre del yugo opresor del infame de Peter Lim. Y con la tristeza de no concretar una democratización del club que persiguió por todas las vías imaginables junto a valencianistas de bien como Jaume Ortí, Santi Fernández, Carlo Cicchella, Jaume Part y Eduardo Escartí. Al menos, lo intentó. Y fue de los pocos valientes que, durante el proceso de venta, no se arrugó ante las vergonzosas amenazas que llegaban desde cualquier rincón de la ciudad, con y sin micrófono. Me guardo para mí algún mensaje que recibí de Chimo en aquellas semanas horribles reconociendo el trabajo que hicimos en la Cadena SER. Esas palabras tienen hoy un valor incalculable.

Ríos-Capapé nos deja un camino lleno de advertencias y señales a los que seguiremos por aquí hasta que la luz roja se apague o, como a él, nos toque hacer las maletas antes de tiempo. Heredamos el legado y la responsabilidad. Trataremos de estar a la altura, Chimo. Siempre valientes. Nunca conniventes. Buen viaje. Que la tierra te sea leve.

Fran Guaita

Licenciado en periodismo por la Universidad Cardenal...