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Callejeando: La calle del pintor Benedito en el 150 aniversario de su nacimiento

El pintor Manuel Benedito nació en València hace ahora 150 años. Desde 1936, en pleno apogeo de su carrera, una calle de su ciudad natal lleva su nombre

'Callejeando', con Luis Fernández: la calle del pintor Benedito (22/12/2025)

València

Cuando el arquitecto Francisco Mora delineó su plano de ensanche de València en 1907, en el entorno de la Roqueta trazó una vía que, siguiendo la alineación de la existente calle de la Ermita, partía del encuentro entre la Gran Vía y la calle San Vicente, hasta llegar a los confines del plan, que más tarde se situarían en el camino de Tránsitos. Esta nueva calle, que fue señalada con el número 53 del plano, seccionaba en diagonal las calles perpendiculares a la Gran Vía y algunos de los caminos preexistentes, como el de Jesús o el del cementerio del Hospital —actual calle de Cuenca— creando singulares plazas achaflanadas, como la que posteriormente conoceríamos con el nombre de obispo Amigó.

Sobre plano y aún prácticamente sin urbanizar, al tramo de esta calle entre el camino de Tránsitos y la calle San Vicente, es decir, a toda ella, se le denominó en 1922 con el nombre del periodista Roberto Castrovido. Pero la realidad fue que el tramo entre la calle Jesús y la calle San Vicente estaba ocupado por un jardín y unas casas adosadas al convento de Sant Vicent de la Roqueta, y tardó más tiempo en abrirse y urbanizarse, y cuando se hizo en la década de los 30, el Ayuntamiento decidió denominarlo con un nombre diferente al del resto de la alineación.

En 1935 y en paralelo al proceso de urbanización de la mencionada calle, los artistas valencianos pidieron al Ayuntamiento que, en justo homenaje a su exitosa carrera, una vía de la ciudad llevase el nombre del eximio pintor Manuel Benedito, demanda que fue atendida y aprobada el 17 de enero de 1936, otorgando el nombre de pintor Benedito a la número 53 del plano, tramo entre Jesús y la calle San Vicente.

Sobre plano, esta calle estaba llamada a ser una de las arterias principales de entrada a la ciudad, pero no fue hasta julio de 1953 cuando se abrió por primera vez al tráfico rodado la conocida como avenida de Castilla —actual avenida del Cid— que comunicaba la Gran Vía de Ramón y Cajal con el entonces aeródromo de Manises. Seis kilómetros de carretera asfaltada que ponían fin a uno de los principales problemas de tránsito que tenía València: el acceso a la ciudad por la carretera de Madrid por Cuenca, la conocida carretera de las Cabrillas.

Hasta ese momento, la entrada a la urbe por ese flanco se efectuaba por Mislata, cruzando toda la población por la calle de San Antonio hasta llegar a la Cárcel Modelo, desde donde podías llegar al centro, bien por el paseo de la Petxina o bien por la histórica calle de Quart, dos caminos antiguos que no estaban preparados para soportar el cada vez más intenso tráfico de vehículos.

También fue en esa época cuando, incomprensiblemente, se seccionó la calle en tres denominaciones, respetando las intersecciones con los viejos caminos de Tránsitos, Cementerio y Jesús, para designarlos con los nombres de San José de Calasanz, San Francisco de Borja y Pintor Benedito, respectivamente, siendo el nombre del pintor el único previo a la guerra que fue respetado por el nuevo régimen.

Manuel Benedito Vives (València, 1875–Madrid, 1963) fue uno de los más destacados pintores de la escuela artística valenciana de finales del siglo XIX y primera mitad del XX. Nacido en el número 24 de la calle Corretgeria, mostró desde muy joven una notable inclinación por el dibujo, lo que le llevó a formarse en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, uno de los principales focos artísticos del momento.

En València entró en contacto con Joaquín Sorolla, cuya influencia sería decisiva tanto en su carrera como en su proyección nacional. Benedito se convirtió en uno de los discípulos más cercanos del maestro, compartiendo con él el interés por la luz mediterránea, el realismo y una pintura de gran vitalidad cromática. Aunque desarrolló buena parte de su trayectoria profesional en Madrid, nunca perdió el vínculo con su ciudad natal, a la que regresó con frecuencia y donde expuso y mantuvo relaciones con los círculos culturales valencianos.

Especializado en el retrato, Benedito alcanzó gran prestigio como pintor de la alta sociedad, recibiendo encargos de la aristocracia, la burguesía y la familia real. Recibió las más altas distinciones y fue miembro de las academias más prestigiosas. En 1963 murió en Madrid, donde tenía su estudio, pero fue enterrado en València, tal y como había sido su deseo. Su ciudad natal le nombró hijo predilecto, le entregó la medalla de oro y denominó una calle en su nombre. Ahora, con motivo del 150 aniversario de su nacimiento, una exposición en el museo de la ciudad, nos recuerda su legado.

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Luis Fernández Gimeno

Ingeniero Técnico en Topografía y Máster en Teledetección...