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Así llegó el agua del Gorbea a Vitoria (y la artista de circo que sobrevoló la Plaza de la Virgen Blanca)

En nuestra sección de fotos antiguas nos remontamos a 1884, cuando se realizó la traída de aguas del Gorbea a Vitoria con una celebración en la que participó Miss Leona Dure

La inauguración de la traída de aguas del Gorbea, en 1884. /

En el anterior artículo dimos cuenta del fracaso del pozo artesiano de la Virgen Blanca, con el que se había intentado obtener agua para la ciudad. Tras ese intento fallido se continuó analizando alguna que otra posibilidad de dotar a Vitoria de un suministro de agua potable suficiente. A mediados de los 80 del siglo XIX, se decidió crear un ente que gestionara un proyecto para llevar a buen fin el objetivo propuesto .

Para ello se creó la Sociedad de traída de aguas, presidida por Vidal de Arrieta, en la que se integraron varios notables ciudadanos vitorianos, pertenecientes en general a familias bien situadas: El Marqués de la Alameda, Joaquín Paz, Justo Oquendo, Ladislao de Velasco, Juan Ibarrondo, Emiliano del Campo, Pablo Velasco, Julián de Apraiz, Eiiseo de Olalde, Gregorio Pelaez, Cipriano Martínez, Hipólito Tolosana, Gabriel Buesa, Juan Francisco Aguirre, José María de Zavala y Domingo Martínez de Aragón.

Tras las gestiones oportunas se consiguió la concesión de un manantial conocido como la 'Cueva del Agua', situado en las faldas del Gorbea al norte de la localidad de Murua, perteneciente a la jurisdicción del municipio de Zigoitia, con la que se llegó a un acuerdo, respetando los derechos de explotación del agua por parte de otros usuarios, que la utilizaban en aquel momento.

Se encargó el proyecto al ingeniero Bellsolá, iniciándose las obras en septiembre de 1882. Para ello se colocó una tubería desde el nacedero citado hasta Vitoria, con una longitud de 19,13 kilómetros. El tubo era de hierro de 25 centímetos de diámetro y soportaba una presión de hasta 30 atmósferas, considerado en la época como más que suficiente.

La red penetraba en la ciudad por Portal de Arriaga, pasaba por la Catedral de Santa María y finalizaba en la plaza de Montehermoso, donde se conectaba directamente con la red urbana existente en aquel momento.

Las obras duraron dos años y el domingo 21 de septiembre de 1884 se inauguró la anhelada traída de aguas. No se había construido aún el deposito correspondiente que hoy conocemos en El Campillo y que ahora es una sala de exposiciones.

A las once de la noche del día anterior a la programada ceremonia, una avería en la conducción puso en dificultades la pretendida inauguración. Se reparó a lo largo de la noche y finalmente todo quedó en perfecto estado para el día siguiente.

A las cinco de la tarde se inició el acto en la Plaza Vieja o El Mentirón, hoy Plaza de La Virgen Blanca, con la llegada de la Corporación Municipal, Junta de la Sociedad de la traída de aguas, Diputación Foral y otras autoridades, acompañadas de una banda de música que amenizó la ceremonia.

El obispo de la diócesis de Vitoria fue el encargado de bendecir las obras junto a varios sacerdotes. Para ello se había instalado en la plaza, a la altura de la entrada a las calles Zapatería y Herrería, un altar  elevado sobre el suelo y revestido de tapices.

Bendecidas las obras por parte de Mariano Miguel Gómez se procedió a dar rienda suelta al agua, arrojándose chorros inmensos hacía el cielo y también cascadas y surtidores. En la parte alta de la plaza se había reproducido una gruta, réplica de la Cueva del agua, de donde procedía el suministro, y por donde también manaba abundante agua. La plaza estaba repleta de ciudadanos que quedaron entusiasmados e impresionados con el espectáculo y contentos por pasar a disponer de un servicio bastante mejorado, comparado con el existente. Los balcones eran ocupados totalmente por el público y la balconada de San Miguel y las escaleras de acceso a ella aparecían abarrotadas de personal.

A las ocho de la noche la aparición de la lluvia impidió la continuación del festejo que consistía en continuar con pirotecnia y un espectáculo de luces.

En dos fachadas de la ciudad se habían colgado sendos carteles iluminados que destacaban el acontecimiento. En uno de ellos había una dedicatoria: “A la Sociedad de traída de aguas de Gorbea” y en otro figuraba la inscripción “21 de septiembre día feliz para Vitoria”.

Eduardo Moreno obtuvo unas imágenes de este histórico acto, una de las cuales ofrecemos a continuación.

El lunes 22 de septiembre de 1884 comenzó a funcionar en Gasteiz entre otros lugares en la calle Santo Domingo, una fuente abastecida con “abundante” agua del Gorbea resaltándose el dato de que“la concurrencia a llenar herradas, calderones y botijos es tal, cual si de aquellos benditos caños saliera vino de Jerez o Champagne.”

El domingo siguiente 28 de septiembre, se escenificó la parte de la ceremonia inaugural que tuvo que ser suspendida por la lluvia, con la plaza de nuevo llena de vitorianos. Se ofreció una sesión de fuegos artificiales de bengalas y se iluminó la plaza con linternas Drumont y lampiones o faroles que resaltaban los bordes de los jardines y la boca de la cueva artificial colocada, por donde salía el agua. El publico entusiasmado observó de nuevo los surtidores y cascadas y disfrutó de la música ofrecida por el txistu y el tamboril.

Se completó el espectáculo con la actuación de Miss Leona Dare (1855-1922) , una reina del circo en el siglo XIX, que triunfaba en Europa y en el resto del mundo por ir colgada de un globo de aire caliente en un trapecio, realizando números acrobáticos. En su actuación en Vitoria se deslizó por un cable desde la fachada de la Iglesia de San Miguel hasta cerca de las casas de la calle Postas, suspendida en el aire y asida al alambre unicamente con la boca, apretando los dientes alrededor de un aparato especial. Vestía un elegante y llamativo traje de color rojo brillante, dejándose algunos espectadores la vista al detenerse en su escultural figura.

A este evento asistió con muchas ganas, el presidente de la Sociedad de traída de aguas, Vidal de Arrieta, principal impulsor de la obra, quien ostenta en la actualidad como reconocimiento a su labor, la titularidad de una de las calles que rodean al deposito de El Campillo. No pudo estar presente en la primera parte de la ceremonia inaugural de la semana anterior por enfermedad, y aun no repuesto del todo contempló el desarrollo de la segunda parte, sentado en el interior de un automóvil,.

Un año después, hace 130 años, en agosto de 1885 se terminó la construcción del depósito, en el cual se recepcionaban y almacenaban las aguas provenientes del Gorbea. El coste de la obra fue de 125.000 pesetas. Fue construido bajo la dirección de Jacinto Arregui, y emplazado sobre un terreno adquirido por el Ayuntamiento al Conde de Ezpeleta por 10.133 pesetas. En la obra se utilizaron 3.800 metros cúbicos de mampostería ordinaria, 520 metros cúbicos de hormigón hidráulico y 160 metros cúbicos de sillería recta y aplantillada.

Hasta entonces se vino utilizando en la ciudad la red de distribución antigua, mientras se colocaba una nueva de 10,4 kilómetros de longitud, que estuvo terminada para la fecha señalada anteriormente, junto con el nuevo depósito. Dos tuberías principales se colocaron en las dos laderas de Gasteiz al Este y Oeste partiendo del aljibe, a través de las cuales se enviaba el agua a toda la ciudad.

El desnivel existente entre el manantial y Vitoria es de 149 metros, lo que daba como resultado una excelente presión natural al liquido elemento, para que fuera repartido por la red urbana sin intervención de ningún artefacto o motor que le impulsara. Por ello el agua era conectada a la red directamente, sin pasar por el depósito. Este tenía una capacidad de 5.000 m3 y se consideraba que en caso de necesitar suministrar el agua a la población, por motivo de una avería u otro contratiempo en la red de llegada desde el Gorbea, el depósito citado permitía distribuir agua a Vitoria durante 12 días, eso si con menor presión. Llenarlo costaba muy poco: 27 horas.

Una gran obra hidráulica para aquella pequeña Gasteiz, con un censo de habitantes de aproximadamente la décima parte de la población actual.

Pedro Oribe y sus dos amigos Iñaki y Pedro Mari, montañeros y espeleólogos aficionados, solían visitar con asiduidad la zona del Gorbea. En 1965 improvisaron unas escenas del oeste americano en la 'Cueva del agua', en concreto delante de la verja que por seguridad impedía e impide la entrada a la misma y obtuvieron algunas fotos. Usaron la cámara mas barata del mercado entonces, una Werlisa, que tenía una sola velocidad de disparo, unicamente tres aberturas de diafragma y no disponía de fotómetro que midiera la intensidad de la luz, por lo que había que poner la cifra del diafragma “a ojo”. A continuación mostramos una de las fotos.

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