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Domingo, 20 de Octubre de 2019

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Manolo Sánchez: "A Bocadi ha venido a comer hasta el Obispo"

Hablar con el dueño de este clásico restaurante cordobés es vivir los últimos 60 años de la ciudad desde la perspectiva de un local clásico, que mantiene la esencia de esos bares de toda la vida. Habrá muy pocos cordobeses que no hayan pisado alguna vez en su vida Bocadi

Hablar de Bocadi no es hacerlo de un bar cualquiera. 60 años de historia lo contemplan, pero más de medio siglo en el que mantiene la misma esencia, inalterable al paso del tiempo.

Habrá muy pocas personas en esta ciudad que no hayan pasado alguna vez en su vida por este emblemático local de la calle Conde de Cárdenas a probar alguno de sus bocadillos. Atún con tomate, tortilla con panceta o calamares... Esos clásicos bocadillos que tiene algo especial, que han marcado a generaciones de cordobeses y que atraen a miles de turistas, deseosos de conocer el secreto de ese local en el que ponen unos bocadiilos que saben de una manera especial. Manolo Sánchez es el dueño de Bocadi y con él hemos hablado. Lleva aquí 60 años desde que empezara con su padre, pero tiene claro que la saga continúa con sus hijos. Hay Bocadi para rato... afortunadamente.

 

Segunda generación de Bocadi, que fundó su padre…

Así es. Lo fundó en 1959 aunque mi padre empezó en el año 47 en lo que luego fue la taberna de San Zoilo. Allí estaba de mozo, pero el bar no era suyo. Decidió emprender por su cuenta y abrió en Conde de Cárdenas un local de 15 metros cuadrados. Hizo dos puertas en las ventanas porque aquello era una casa.

Cuando abrió el primer Bocadi ¿ya lo hizo con su esencia actual, con la venta de bocadillos?

Mi padre empezó vendiendo bocadillos en el año 47. Eran los llamados caballitos de jamón, con el pan frito, el jamón encima pinchado con un palillo de dientes. Cuando ya se vino a su negocio, empezó a venderlos de todos los sabores. En aquellos tiempos, el más caro era el bocadillo de anchoas, que costaba una peseta con 50 céntimos. En aquella época en Córdoba nadie vendía bocadillos y él empezó así

Le viene de casta totalmente Manolo…

En aquellos tiempos yo casi no tenía tiempo ni de salir del colegio. Iba mi padre a buscarme para que le ayudase. Estábamos toda la familia implicados aunque mi hermano se dedicó más a estudiar. A mí se me daban peor los estudios.

Sois una saga de hosteleros de toda la vida y la saga continúa

Llevamos con el mismo negocio toda la vida. Yo ya llevo 60 años aquí metido. Mi hija viene algún ratillo porque ella está con sus estudios, pero lo lleva en la sangre. Mis hijos tienen su carrera también pero como está la cosa tan mal, han decidido trabajar aquí conmigo. La saga continúa.

Además, Bocadi apenas ha cambiado, ¿no? Se mantiene la esencia de toda la vida…

No hemos cambiado en anda. Ponemos más cosas, pero los bocadillos siguen los mismos desde hace 60 años. Ahora añadimos más cosas a la carta, como raciones y platos combinados, pero los bocadillos son los mismos de siempre.

¿Y cuál es el bocadillo estrella?

El serranito, el de tortilla con panceta o el de calamares podrían ser los más populares, pero el bocadillo estrella es el de atún con tomate. A mí es el que más me gusta. Luego hay más de 100 clases de bocadillos, incluso con combinaciones que hace la gente que yo veo barbaridades. Yo si lo veo bien, al final lo meto en la carta (risas)

¿Cuál es el secreto del éxito para que llevéis 60 años?

El pan lleva con nosotros 60 años, pero tengo también proveedores de hace 40 años, como el atún por ejemplo. Siempre procuro tener el mismo producto, para que el cliente que viene, recuerde el mismo sabor que la última vez que vino por aquí. La gente quiere el mismo sabor que la última vez que vino, aunque haga mucho tiempo

Por aquí habrá pasado gente…

Por aquí vienen desde el más rico al más pobre. Tengo una clientela que es la mejor del mundo porque aquí viene un aristócrata o un barrendero y a los dos los trato igual, con el mismo cariño. A Bocadi han venido futbolistas, toreros como Ponce, Finito o Jose Luis Moreno; políticos, Antonio Gala o el Obispo Demetrio Fernández.

Bocadi es uno de esos establecimientos de toda la vida en Córdoba. Uno de esos locales que entran en la misma liga que El Correo, El Gallo, Santos o Lucas…

Ya quedamos pocos, pero los que quedamos tenemos aún ganas de guerra. Mi amigo Manolín, del Correo, no tiene hijos, pero yo espero que el negocio continúe cuando él lo deje. Espero que el Correo nunca muera, igual que el Gallo o tantos otros como Rafalete. Hay muchos negocios con más de 50 años.

Mucha gente habla con mucho cariño de Bocadi, pero ¿le han llegado críticas alguna vez?

A mí no muchas, pero supongo que sí las habrá. Tengo muchos amigos, pero también tendré algún enemigo aunque yo no le conozca. Hay veces que hay aquí 300 personas pero hay quien no comprende que no podemos atender con la misma rapidez en momentos así. Viene gente que quiere comerse un bocadillo en cinco minutos, pero si hay 200 personas en ese momento, es complicado. Intentamos hacerlo lo mejor posible pero no siempre.

En Semana Santa es reventar esto, no?

Ahí lo tenemos más controlado porque no servimos en mesa y con ese método, lo controlamos todo mejor, pero con todo y con eso, hay días y momentos en que es complicado.

¿Cómo ve la gastronomía cordobesa en estos últimos años, ahora que parece que se está poniendo de moda?

Lo veo bien. A mí me encanta. Yo cierro los domingos y me gusta ir a comer por ahí. Tengo buenos amigos con restaurantes y me encanta. Debe seguir así porque es darle a Córdoba categoría.

¿Y cómo ve la ciudad?

La ciudad está subiendo como la espuma. Hace 20 años estaba apagada turísticamente hablando. Con Medina Azahara y la Mezquita, estamos subiendo muy alto

Hay Bocadi para rato, ¿no?

No cambiaremos mucho ni de esencia ni de sitio. Yo, cuando me preguntan siempre digo que vivo en Conde de Cárdenas, aunque luego vaya a dormir a mi casa.

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