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Taxi, VTC y trabajo

La huelga de los taxistas ha puesto de actualidad el tema de las plataformas digitales y los problemas que genera su convivencia con los modelos tradicionales de prestación de servicios.

Las nuevas tecnologías han hecho posible que, a través de una aplicación informática, la persona que requiere un servicio y la persona que lo presta puedan encontrarse de manera rápida y directa . Un gran avance que parece bueno tanto para el profesional como para el cliente y en el que la aplicación se mantendría al margen de la relación que posteriormente van a suscribir entre ambos.

Esto es lo que, en principio, ofrecen aplicaciones como Uber y Cabify en al ámbito de transporte de viajeros o como Glovo y Deliveroo en recogida y entrega de pedidos en tiendas y restaurantes. En teoría el conductor de Uber o el repartidor de Deliveroo no son trabajadores de estas empresas, sino trabajadores autónomos con su propio vehículo que, gracias a la aplicación, entran en contacto con el cliente que necesita su servicio. Es lo que se llama 'Economía Colaborativa', dando a entender que no hay subordinación entre trabajador y plataforma sino una colaboración entre los dos usuarios.

Por tanto la plataforma no es responsable de los conductores o los riders y no tiene la obligación de garantizarle los derechos laborales que tienen los trabajadores por cuenta ajena, ni siquiera en lo relativo a salarios o jornada.

El concepto de Economía Colaborativa encaja bastante con los casos de plataformas dedicadas a los desplazamientos, como BlablaCar, o alojamientos, como Airbnb. En esos casos está claro que quien presta el servicio fija de manera libre sus condiciones y en absoluto está sometido a un poder de dirección de la plataforma.

Sin, embargo, esto es bastante discutible en los casos de Uber, Cabify o los riders de Deliveroo. En estos casos la empresa garantiza al cliente que el servicio se presta en unas determinadas condiciones y para garantizarlo le impone al trabajador obligaciones en cuanto al recorrido que debe realizar o respecto al horario de disponibilidad.

Estas obligaciones, a menudo están encubiertas por una aparente libertad que en la práctica es inexistente, porque la empresa establece rankings entre sus trabajadores y penaliza o incluso deja de contratar a aquellos que no los cumplen. De esta manera, su supuesta autonomía no es real: funcionando como trabajadores por cuenta ajena pero al margen de la protección de la legislación laboral.

La crisis ha hecho que a estas plataformas no les falten trabajadores, a pesar de las pésimas condiciones que ofrecen. Y tampoco les faltan usuarios, atraídos por sus precios tan competitivos. Pero no podemos engañarnos: cuando un servicio es muy barato, o no tiene calidad o la persona que lo presta está siendo explotada.

Es responsabilidad de todos que las nuevas tecnologías no se conviertan en nuevas fórmulas de esclavitud. Responsabilidad con nuestro voto para que los políticos regulen el tema asimilando a estos trabajadores al resto de empleados por cuenta ajena. Y responsabilidad con nuestro consumo: no utilizando los servicios de empresas que no respetan los servicios de los trabajadores.

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