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Lunes, 20 de Enero de 2020

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Lloret y Llinares, la conservera que dio trabajo a mucha gente en Lanzarote

Alrededor de quinientas personas llegaron a trabajar allí en época de zafra. La empresa cerró hace treinta años y llegó a suponer el setenta por ciento de la economía de Lanzarote. Desde la década de los 50 dio de comer a muchas familias de la Isla, convirtiéndose en uno de los símbolos de una industria pesquera de Lanzarote.

Desde que se establecieran en Arrecife los primeros secaderos y salazones de pescado, en 1950, hasta su cierre en la década de los 80, Lloret y Llinares contribuyó a poner en marcha una potente industria de la que hoy no queda prácticamente nada en pie. El pasado ocho de febrero tuvo lugar en un pequeño homenaje a la empresa en recuerdo de lo que supuso aquella industria para la isla de los volcanes.

Pepe Tabares fue el encargado de la empresa durante décadas y trabajó junto a muchos compañeros, como Francisco José Navarro, en aquella conservera. Esta mañana han evocado sus recuerdos en Hoy por Hoy Lanzarote: “defendimos esa empresa a capa y espada, como si fuera nuestra” recuerda Francisco José Navarro.

Imagen del momento del homenaje, al fondo, los motores y compresores ahora expuestos / Cadena SER

Cuando vio los motores que ahora se exponen en el lugar, Pepe Tabares no pudo evitar emocionarse: “yo entré en la fábrica con ese motor y ese compresor, en el año sesenta, llegaron a la fábrica a la vez que yo”, recuerda emocionado. “Ver esos motores es como estar en casa”, explica Francisco José Navarro.

Ambos tienen un recuerdo excelente y buenas palabras para Vicente Lloret, propietario de la empresa. “No hay palabras, pocas personas en Lanzarote le han dedicado tanta humanidad a sus trabajadores”, recuerda Tabares. “Cuando un trabajador tenía un problema iba a Don Vicente y él le ayudaba, era un padre para los trabajadores y un ejemplo para los empresarios en Lanzarote”, ha querido dejar claro Tabares.

En el acto de homenaje la representante de los propietarios se comprometió a mantener y cuidar los motores, “como legado de la actividad tan importante que se desarrolló aquí durante muchos años y en recuerdo de una Lanzarote no tan lejana, en la que la escasa agricultura y la pesca eran la principal fuente de riqueza de esta isla”.

Una de las hijas de Vicente Lloret agradeció durante el homenaje el respaldo y el cariño mostrados por los presentes, afirmando que “para nuestra familia es una gran satisfacción la ubicación de estos motores aquí, en este simbólico emplazamiento, como vestigio de todo lo que ocurrió en este lugar durante tanto tiempo; de 30 años de ilusión, esfuerzo y trabajo ininterrumpido en el sector conservero insular, convirtiéndonos en la fábrica de mayor producción de Lanzarote”.

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