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Jueves, 05 de Diciembre de 2019

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El fiasco del Niemeyer

El inicio del juicio sobre el ‘caso Niemeyer' ha despertado una gran expectación tras los escándalos que han rodeado al equipamiento cultural más importante construido en Asturias en los últimos cincuenta años. Todo gira en torno a la figura de su exdirector, Natalio Grueso, sobre el que recaen las principales acusaciones. Un informe de auditoría habla de gastos sin justificar, facturas falsas, cobros duplicados y una contabilidad caótica. La Fiscalía señala además que se modificaban conceptos e importes en las facturas y que los viajes y alojamientos en hoteles eran disfrutados por familiares y amigos de Grueso, sin formar parte del personal del centro. En definitiva, una presunta estafa y un escándalo mayúsculo que desencadenó además una enorme polvareda política tras destapar el gobierno de Foro el escándalo. El comienzo del juicio ha resultado tan sorprendente como decepcionante, aunque les confieso que en el fondo esperaba las explicaciones de Natalio Grueso, amparadas en aquello del 'muerto al hoyo y el vivo al bollo'. Alega que despachaba sus decisiones con el fallecido presidente Areces y que no veía las facturas. Además, durante su intervención dejó numerosas 'perlas'. Algunas descubren al personaje y su confusión: 'Quizás mi gran error fue no contratar a mi mujer' o 'Si veo una factura de un hotel de 60 euros no pregunto' o 'Si mi madre no suponía coste a la Fundación, venía'. Les aseguro que tengo que frotarme los ojos y tragar saliva para soportar tanta injusticia, tanto desagradecimiento, tanta burla y tanta crítica desmedida a un gobierno. Recuerdo cadenas humanas alrededor del centro, manifestaciones multitudinarias y todo tipo de acciones en defensa de lo indefendible. Qué pena que la ilusión y esperanza que supusieron para Avilés, y en definitiva para Asturias, el proyecto de Oscar Niemeyer hayan tropezado con estos dirigentes. Porque tendrán que pasar muchos años para superar tan ignominiosa etapa. Solo es de esperar que el proceso no se alargue en demasía, porque el ventilador del descrédito ya está puesto en marcha y puede resultar insoportable escuchar tanto disparate amparado sobre quienes ya no pueden defenderse. El hombre es un lobo para el hombre.

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