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Miércoles, 13 de Noviembre de 2019

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La iglesia de San Pedro el Viejo

Al final de la calle del Nuncio y entre las calles de Segovia y la Costanilla de San Pedro se halla una pequeña iglesia que se cuenta entre las más antiguas de Madrid: es la iglesia de San Pedro el Viejo. Un templo cargado de historia y de misterios

Esta iglesia con torre mudéjar fue mandada construir por el rey Alfonso XI en el siglo XIV. El motivo: la victoria de 1344 frente a los moros en el sitio de Algeciras. El nombre original de la iglesia era San Pedro el Real, pero se le cambió a finales del siglo XIX por San Pedro el Viejo. 

La talla de Jesús el Pobre

Una de las joyas de esta iglesia es la talla de Jesús el Pobre, de Juan de Astorga, que data del siglo XVIII. También son importantes la imagen del Santo Niño del Remedio, un órgano barroco, un Cristo crucificado y las lápidas funerarias en las paredes de la iglesia. 

La leyenda de la campana

La campana que coronaba la torre de la iglesia hasta el siglo XVI era realmente enorme. La leyenda cuenta que los operarios encargados de colocarla no fueron capaces de hacerlo por su peso desaforado. Así que la dejaron junto a la torre y se marcharon para tratar de idear una solución. Pero a la siguiente la campana estaba en su lugar sin que nadie supiera cómo había llegado hasta lo alto del campanario. Y comenzó a hablarse de milagro, por supuesto.

El enigmático poder de la campana

Mientras estuvo en su lugar, y como añadido a su prodigioso izado, la gran campana de San Pedro el Viejo tuvo fama de deshacer tormentas, sobre todo de granizo, y de ser capaz de ahuyentar a los espíritus malignos que en aquellos tiempos pululaban por doquier.

Se decía que a veces la campana sonaba sola, antes graves amenazas para Madrid o en situaciones trágicas como las epidemias. Las crónicas recogen que sonó sin que nadie la tocara el 13 de septiembre de 1598, a la muerte de Felipe II, y el 2 de mayo de 1808, durante la famosa revuelta contra los invasores franceses.

La historia del caballero emparedado

En el siglo XVI, al derrumbarse uno de los muros interiores de la iglesia, apareció el cuerpo de un hombre emparedado. Estaba de pie, con ropas de caballero y en buen estado de conservación, a excepción de su cabeza. No había sido emparedado en vida, sino ya muerto, y debía de ser, por su indumentaria y posición erguida, una persona principal.

En aquella época no se tuvo en cuenta que aquello era un tanto macabro, así que el cuerpo fue expuesto varios días para disfrute de los parroquianos. Después se le enterró debidamente, aunque no se sabe dónde se hizo ni hay constancia de cuál era la identidad del caballero.

Exorcismos a toche y moche

Hace siglos, en la iglesia de San Pedro el Viejo se llevaron a cabo exorcismos. Los practicaba un sacerdote italiano, llamado Genaro Andreini, que llegó a ser conocido en todo Madrid. Cada persona que llegaba a él diciendo estar poseída, recibía su exorcismo sin muchas más indagaciones. Y así el número de endemoniados creció. Fue como un sicólogo –o un curandero espiritual– para las gentes de principios del siglo XVII. Pero la Inquisición tomó cartas en el asunto, que se estaba desmadrando, y le hizo regresar a Italia.

Es curioso que a este exorcista le dedicara un romance –por supuesto jocoso– nuestro popular escritor francisco de Quevedo.

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