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Tarde de toros por una buena causa

El Fandi arrolla cortando las dos orejas y el rabo; puntuaron Finito de Córdoba y Javier Conde ante un encierro deslucido de escaso juego

El ambiente que destilaba la plaza, con su tradicional colorido vestido por el sol y el calor de este verano incipiente, hacían presagiar una gran tarde de toros. Seis mil almas poblaron los tendidos de la Plaza de toros de Granada, casi tantos como los que nutrieron el callejón. Todo ello para una causa justa: la de colaborar al sostenimiento de la Asociación de Síndrome de Down de Granada. El mundo del toro, una vez más, mostró su cara más solidaria con aquellos proyectos que requieren de toda la atención, ayuda y soporte.

La predisposición de los espadas, sumado al cariño excesivo que el público de la tierra regala a veces a los toreros, terminaron por convertir a este festival en una tarde agradable de toros. Todo ello, incluso, a pesar del juego que ofrecieron los astados de Torrealta; que se dejaron, sin más. Pero exhibiendo, eso sí, su falta de fuerza y de fondo. Y el que más valió, también es cierto, parece que se fue sin torear. Una pena.

Los rejones servían como pequeño aperitivo para lo que, de verdad, la gente venía esperando. Leonardo Hernández tiró de oficio y consiguió meter en el canasto a un público ávido de ver algo, lo que fuera. Sin celo alguno, el toro vino y se fue sin pena ni gloria. No fue óbice esto, sin embargo, para que la muñeca engrasada de los tendidos terminara por coronar la faena con dos orejas.

No le sirvió a Finito de Córdoba su toro. Y fue, de verdad, una pena. Soñó el toreo despierto por momentos. ¡Qué trincherillas dibujó a ralentí! ¡Con qué gusto metió al toro en la muleta siempre que éste se lo permitió! Quizá, tan sublime, que pareció pasar desapercibido. Cierto es que todo aquello que empezó a venirse arriba al inicio de la faena terminó estrepitosamente por los suelos al ver cómo ni el pitón izquierdo servía y el derecho ya apenas tenía fuelle.

En verdad en esta misma tesitura estuvo Conde. Un toro que sí tuvo más opciones en los primeros tercios, cuajándolo con el percal en un torerísimo galleo por chicuelinas. Pero a la hora de echarse la franela a la mano, el toro empezó a desdibujarse, a descomponerse y entonces fue cuando el diestro malagueño, cambiando constantemente al toro de terrenos – del 6 al 2 – fue sacándole cosas sueltas. La media lagartijera, con la que cayó fulminado, ayudó para que el público, buenísimo, le concediera la oreja. Se le pidió también la segunda pero, con criterio, la presidencia se la negó. ¿Premiar con dos orejas una faena con media estocada? ¡Vamos, ni en Sevilla!

El cuarto de la tarde, de nombre Piedrecita, le propinó un derrote a Rivera Ordóñez mientras éste intentaba gustarse con el capote. La contusión testicular, de la que se dolió durante toda la lidia, le indispusieron por completo. Además, la falta de raza del astado, su falta de codicia, imposibilitaban nada más. Generoso el respetable, ante el gesto de Paquirri de seguir toreando a pesar de las ostensibles molestias, le granjeó un trofeo además de la cantinela de "¡Torero, torero!" mientras se dirigía a la enfermería.

Profetizó en su tierra, una tarde más, David Fandila "El Fandi". Salió a por todas y se merendó la tarde. Lucidísimo con el capote, soberbio por momentos. Ajustado en banderillas con un gran par en la estrecha sien del toro. En la muleta, bueno, hizo lo que pudo. Graduado no dio para más y el granadino se quiso justificar ante la afición sacándole cuanto tuvo. Por eso, y por ser un festival, terminó el diestro por cortarle los máximos trofeos.

La presentación en Granada de Javier Blanco, un novillero santanderino ya entrado en años, no fue todo lo lucida que hubiera cabido esperar. Y eso que le tocó el mejor toro de la tarde, sino por la calidad de su embestida – algo descompuesta y sin demasiada entrega – sí por el motor y el fuelle que tuvo, dándole la emoción que no tuvieron sus hermanos. La pena es que la falta de oficio del gladicantano le hiciera abusar en exceso de lo que hoy sutilmente viene a llamarse como toreo moderno: lidiar al hilo del pitón, abusar del pico de la muleta y no ajustarse en el embroque en la embestida del animal. Pero, bueno, se mostró dispuesto, con ganas. El buen viaje de la espada le valió también para poder cortar dos orejas al sexto de la tarde.

Ficha del festejo

Plaza de Toros de Granada. Festival benéfico. Casi media plaza.

En tarde veraniega se han lidiado seis novillos reglamentariamente despuntados del hierro de "Torrealta", desiguales de presentación, sin fuerza y descastados; el mejor el sexto.

Leonardo Hernández (rejón), dos orejas

Finito de Córdoba (media estocada y dos descabellos), palmas

Javier Conde (media lagartijera), oreja con petición de la segunda

Francisco Rivera Ordóñez (pinchazo y estocada casi entera), oreja

El Fandi (estocada), dos orejas y rabo

Javier Blanco (estocada), dos orejas

Incidencias

Al término del paseíllo tuvo lugar la tradicional foto de familia entre representantes del colectivo Down de Granada y los toreros. Francisco Rivera Ordóñez pasó a la enfermería donde fue atendido de una contusión testicular.

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