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Viernes, 06 de Diciembre de 2019

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Huracán desde las entrañas

María Moreno triunfa en el Falla con su espectáculo 'De la Concepción'

María Moreno baila en el Teatro Falla en su espectáculo 'De la Concepción' /

María es blanca. Es verde. Negra. Y rosa. María nace, torea, sufre, ríe. María gira, se dobla, se retuerce, se eleva, se encoge, se hace grande. María Moreno levantó el Falla como lo hacen los grandes huracanes tras esparcir los colores, emociones y movimientos de su intenso espectáculo De la Concepción, con el que derrocha su poderoso talento. María Moreno rezuma Cádiz por los poros, desde las entrañas. Su ciudad la entendió y se entregó. 

La bailaora gaditana estrenó en la anterior Bienal de Sevilla este espectáculo que va desde lo conceptual al flamenco más puro. Pero la cita de Cádiz era especial y María lo sabía.

Cada parte de De la Concepción está marcado por un color y un vestuario. En la primera parte, la artista nace. Está vestida de blanco, se proyecta una de las imágenes de Susana Girón, suena el compás de las castañuelas a modo de despertar, como si desde las entrañas la llamaran a dedicarse a esto, una seguiriya, silencios. La bailaora acaba de nacer sobre el escenario y quiere crecer.

En la segunda parte se pone torera, se viste de terciopelo verde y suena una adaptación de Juncal, una de las canciones más bellas del grupo de rock andaluz Alameda. "Se ha levantado con dificultad, casi arrastrando su cuerpo, tiene que hacerlo para demostrar el arte que lleva dentro", reza la letra. María Moreno dice que es un homenaje a su padre. Emoción y sufrimiento, tensión en el rostro, fuerza con las banderillas. Pepe de Pura realiza una transición musical hermosísima.

Para entonces ya tiene a medio Falla entregado , pero es en la tercera parte cuando llega la conquista. Justo en el momento de mayor pureza. La raza de Enrique El Extremeño, la fuerza del patriarca, impone en la soleá. "Se le ha borrado a la arena la huella de un pie descalzo". María se viene arriba, lucen sus tacones, retumba el teatro. Va vestida de negro y rojo. "Échale carbón", le grita El Extremeño. Se lo echa. Cae al suelo y el cantaor la tapa con una enorme tela negra, que la cubre por completo.

Y llega el momento de la alegría. Sale Roberto Jaén, otro que juega en casa. Aporta picardía y salero. Literalmente, arrastra a María desde lo negro a lo rosa, a la felicidad, a la sonrisa, a la carcajada, suenan cantiñas, suena a Cádiz. Se proyecta una imagen de ella, alegre, con los labios pintados. La bailaora avanza y su rostro queda en su bata de cola. Bata de cola y mantón. Ahí la bailaora se hace grande. "María, no te puedo aguantar", le han gritado desde arriba. Dibuja en el aire un huracán de talento. Un ciclón de duende de Cádiz que alimenta de arte desde el patio de butacas hasta el paraíso. La guitarra de Óscar Lago, la percusión de Javier Teruel, las palmas de Roberto Jaén, las voces de Pepe de Pura y Enrique El Extremeño la acompañan. Suena como remate un fandango de Rocío Jurado, Por mi madre lo jurao.

Y cuando todo funciona sobre el escenario, nada más hace falta. Caen la cortinas del escenario, el Falla se desnuda, se encienden las luces. Todos, de pie. Solo un reproche: ha sabido a poco. Al final, después de haber nacido, toreado, sufrido y reído. Después de deslizarse, romperse, girar y volar. Después de ser blanca, verde, negra y rosa, María se tira al suelo emocionada. No ha sido fácil llegar ahí. Ha ganado. El Falla se ha rendido. A ver quién recompone los efectos de este ciclón.

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