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Martes, 12 de Noviembre de 2019

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Reconocimiento facial avanzado, una herramienta más de la ciberseguridad

Convertir nuestra cara en la contraseña para desbloquear nuestro dispositivo es un opción que aporta más seguridad

El reconocimiento facial como acceso más seguro a dispositivos móviles e informáticos, cada vez empieza a ser más habitual. / ()

No es ciencia ficción, ya es posible encontrar dispositivos capaces de proyectar sobre nuestra cara una serie de sensores que recogen como es la estructura facial, generando una especie de huella que nos identifique. Estaríamos hablando, según José Antonio Rubio, doctor Ingeniero en Ciberseguridad por al URJC, del reconocimiento facial “como un rasgo de seguridad, una manera de identificarnos para el acceso a nuestro móvil u ordenador”.

Y es que esta forma de autenticación, aunque todavía no generalizada, ya la ofrecen muchas compañías de dispositivos móviles y ordenadores, según Pablo González, director del máster universitario en Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones en la Universidad Europea de Madrid, además de responsable del departamento de Preinnovación del área CDO de Telefónica.

Pero, ¿se puede suplantar esta contraseña de acceso que es mi cara?¿Una fotografía nuestra o un video con nuestra cara puede utilizarse para acceder sin problemas al dispositivo? González recuerda que cuando las tecnologías biométricas faciales empezaban, la suplantación era más fácil, luego “esos sistemas evolucionaron y empezaron a medir la profundidad de la cara, a ver si los ojos parpadean o si la cara tenía profundidad” para descartar que se tratara de una foto. Y aunque la suplantación puede ocurrir, lo cierto, es que es más difícil porque “el coste que lleva saltarse esos sistemas es elevado en tiempo y de conocimiento”, hasta el punto de que hoy una contraseña es mucho más insegura que un sistema de autenticación mimético, aunque “todos los sistemas tienen sus puntos débiles”.

Como siempre, indica González, para que el hackeo de las contraseñas de acceso sea más difícil, la recomendación es tener doble autenticación. Una contraseña al uso combinada con un rasgo mimético, nuestra cara o la huella, por ejemplo, empieza a ser una alternativa más que recomendable. Una práctica que ya tienen en cuenta muchas empresas, usando diferentes factores para el acceso a datos.

Pablo González cree que “en el momento en que los ciudadanos puedan hacer uso para cualquier acción de un rasgo mimético suyo, como nuestro dedo, la huella, por ejemplo, esto empezará a democratizarse y a usarse de una forma más abierta”.

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