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Martes, 10 de Diciembre de 2019

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Tú pon los dulces, que yo pongo la sidra

Brindamos con el oro líquido asturiano para celebrar la Navidad

El brindis con sidra asturiana es uno de los iconos navideños /

Digo yo que si hay que ponerse serios con las tradiciones navideñas y desde luego con las cosas que ponemos sobre la mesa en estas fechas, habrá que hacerle sitio en el menú a una buena botella de sidra asturiana. Lo de la tradición viene porque el brindis navideño con alguna de las sidras nacidas en los llagares asturianos es un icono que hemos ido acuñando durante décadas en las que la botella de sidra – champagne, como se decía entonces, fue seria competencia para los cavas y champanes. Tanto es así que la sidra asturiana sigue siendo parte fundamental de las celebraciones, tanto en España como en América. La figura de un estilizado gaitero o un esforzado mayador forman parte ya de la memoria colectiva navideña para muchas familias.

Y no, no nos vale aquello de que la sidra achampanada era el champán de los pobres, lo que alegraba las celebraciones de la clase obrera. No, no nos vale porque ha pasado el tiempo y continúa presente en muchas casas por navidad; y si no que se lo digan al pobre gaitero que continúa cruzando el atlántico millones de veces cada año, rumbo a cualquier mesa de américa que se precie de conservar el espíritu navideño como mandan los cánones.

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Así que hagamos un poco de historia. Sidra, lo que se dice sidra, se lleva bebiendo desde hace miles de años, pero lo que es la sidra champagne o sidra achampanada llegó al mundo a mediados del siglo XIX. A Tomás Zarracina, que acabaría creando una de las marcas más reconocidas, se le ocurrió un buen día elaborar la primera sidra espumosa champanizando la sidra natural. Poco después, José Cima, llagarero de Colloto elaboró la primera sidra gasificada de forma artificial, la que realmente luego se denominó Sidra-Champagne. Más tarde, la popularidad de la bebida creció de manera exponencial debida, en gran medida, a los asturianos de la diáspora. Desde ultramar comenzaron a solicitar tal cantidad de pedidos que no tardaron en aparecer decenas de elaboradores en Asturias. La popularidad de la bebida se fue expandiendo de tal forma que, después de la Guerra Civil se convirtió en imprescindible en cualquier celebración.

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Vale, me diréis que todo esto es historia antigua, que ya estamos en el siglo XXI, que todo esto es cosa de nuestros padres, que nosotros ya celebramos con otras cosas. Bueno, aceptamos pulpo, pero que sepáis que de esta bebida se siguen elaborando millones de litros que continúan formando parte de la celebración navideña de muchas familias. Y que, además, la industria sidrera asturiana también ha venido innovando con los años. A día de hoy podemos alegrar las fiestas brindando con sidra natural (la de toda la vida, la que se escancia), sidra de nueva expresión (filtrada y que no se escancia), sidra natural espumosa (fermentada sin aditivos) y, desde luego con sidra achampanada. Podéis proponerme cualquier dulce típico navideño, que yo pongo la sidra.

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