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Lunes, 20 de Enero de 2020

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Villas Viejas, un territorio despoblado y de nadie en la Mancha de Cuenca

Esta pedanía del municipio alcarreño de Huete está deshabitada, pero tiene un área de servicio en la autovía A-3, acoge una popular romería y esconde una ciudad celtibérica

Villas Viejas, al pie de la autovía A-3, en Cuenca. /

Casas derruidas, algunas en pie pero amenazando ruina, apenas una casona habitable, una vieja escuela y una pequeña iglesia conforman el pueblecito de Villas Viejas, pedanía de Huete. Aquí no vive nadie, pero sí pasa mucha gente. La mayoría no paran en su viaje por la autovía A-3 que discurre por aquí; otros lo hacen en el área de servicio 111 donde hay gasolinera y hotel. En este lugar de la Mancha de Cuenca se quiere construir ahora una estación de Inspección Técnica de Vehículos (ITV). Hemos conocido este lugar en un reportaje en Hoy por Hoy Cuenca.

Reportaje sobre Villas Viejas emitido en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Villas Viejas aparece en el paisaje manchego como un área de servicio en la autovía A-3 Madrid-Levante. Es la 111. Se ubica en esa salida y cuenta con gasolinera, restaurante y hotel que toma el nombre de Segóbriga, parque arqueológico del que dista apenas unos kilómetros. Estamos a medio camino entre los pueblos de Saelices y Montalbo, pero este lugar pertenece, desde la Edad Media, al término municipal de Huete. Dista del casco urbano de esta localidad alcarreña casi 40 kilómetros, pero hasta aquí llegaba la jurisdicción optense. Entre medias queda el municipio de Campos del Paraíso que hacía de unión entre Villas Viejas y Huete pero que se independizó a finales del siglo XV.

Actualmente esta pedanía, enclavada junto al río Gigüela y por la que pasaba la antigua carretera N-III, es un lugar sin vecinos, pero llegó a contar con cerca de cien habitantes en la década de los años sesenta del siglo XX. Aunque no siempre fue así. En el Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal, obra publicada por Sebastián Miñano y Bedoya entre 1826 y 1829, la referencia que encontramos de este paraje dice: “Villavieja. Despoblado. Provincia de Cuenca; partido de Huete. Dista una legua de la cabeza de partido”. Años después, el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, magna obra publicada por Pascual Madoz entre 1845 y 1850, recoge lo siguiente en la entrada de Villavieja: “Despoblado en la provincia de Cuenca, partido judicial y término jurisdiccional de Huete a cuyos propios pertenece su terreno”.

Para conocer la historia de Villas Viejas hemos charlado con dos de sus antiguos habitantes, miembros de algunas familias propietarias de terrenos agrícolas en este lugar. Por un lado, Virgilio Rodrigo, vecino de Palomares del Campo, que cuando nos cuenta esta historia tiene 96 años. “Ahora no vive nadie aquí”, explica mientras señala la casona, ya en ruinas, donde vivió él en la calle principal de Villas Viejas, frente a la pequeña iglesia de la Encarnación. “La otra casa”, y señala ahora a una vivienda aún habitable y colindante a la suya, “es de la familia de los Madero, de Carrascosa del Campo”.

Pablo Rodrigo y su padre Virgilio, en la puerta de la casona en ruinas de la que son propietarios en Villas Viejas. / Guillermo Román

Sí, la otra familia que aún conservaba casa en Villas Viejas es la de José Madero, que fue diputado por Cuenca durante varias legislaturas, y de su hermano Jesús Madero, durante años director del Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha con quien también hemos hablado. “En la época de siega mi familia estaba en Carrascosa pero yo me iba a vivir allí durante quince días o un mes cuando era estudiante”, nos cuenta Jesús, con quien tomamos un café en Cuenca capital. “Nosotros teníamos gente viviendo allí en la casa. Desde el tiempo de mi bisabuelo siempre ha habido gente viviendo allí. Desde Carrascosa, por el camino, son diez o doce kilómetros. Se llegaba enseguida”.

Virgilio y sus hijos, junto a otros propietarios, cultivan parte de los terrenos agrícolas de Villas Viejas. “Nosotros hemos sido agricultores. Nos dedicamos a aviar el terreno, a segar la cosecha. Ahí está la era, ahí teníamos una nave…”, explica mientras señala con el dedo y nos cuenta cómo pasaban la temporada estival en este pueblecito en plena Mancha conquense. “En el verano, desde últimos de abril, cuando la patrona del pueblo, nos veníamos a vivir aquí para hacer la recolección, hasta últimos de octubre”.

Casona de la familia Madero, en Villas Viejas. / Guillermo Román

Jesús Madero nos recuerda que, en su día, antes de la mecanización de la agricultura a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, los labradores vivían cerca del campo que cultivaban. “Yo he conocido la vega del Gigüela cuando, cada dos o tres kilómetros había una casa con dos o tres familias”. Era un tiempo en el que “para cultivar esas tierras no se podía llegar desde los pueblos porque estaba lejos”, apunta. “Después se mecanizó con los tractores y desaparecieron todos los caseríos porque ya desde los pueblos cercanos se daba servicio a esas tierras. Ahora ya se hace desde Tarancón o desde Cuenca y la gente no se queda a vivir en los pueblos. Antes de que viajen los niños en autobús viajan los padres porque tardan media hora en llegar al puesto de trabajo”. Un trabajo que sigue estando en estas tierras de labor ya sembradas de cereal, y algunas nacidas, en estos días invierno.

Quitando de unas pocas familias, Villas Viejas no ha contado nunca con vecinos y población estable, aunque tuvo escuela con unos treinta niños y aún se conserva el pequeño edificio en la calle principal junto a la iglesia y frente a las casonas. “Esto estaba muy ordenado. Uno de los que vivían aquí le daba la pensión a la maestra, aunque tenía casa y debajo estaba la escuela”, nos cuenta Virgilio. “Aquí acudían los pocos niños de este pueblo y los de las fincas agrícolas de las cercanías, dispersas por el valle del río Gigüela, que los traían en las caballerías por las mañanas y se los llevaban por la tarde”, apunta Madero.

Actualmente Villas Viejas es un pueblo deshabitado. / Guillermo Román

La mecanización de la agricultura, como en otros pueblos de Cuenca, puede haber sido una de las causas de la despoblación de este lugar. Otra, como ocurrió también en otras pedanías, Villalbilla por ejemplo, en el municipio de Villar de Domingo García, en la Alcarria, es la falta de servicios. Aquí en Villas Viejas no había luz eléctrica en las casas hasta los años 70. “Antes sí había una línea muy precaria que llegaba desde la dinamo de la fábrica de papel”, explica Madero. “Yo recuerdo estar por las noches y ver oscilar el filamento de la bombilla desde estar casi apagado hasta ponerse incandescente y dar mucha luz. No había regulación ninguna”. Aún hoy carece de alumbrado público y no hay ni agua corriente ni alcantarillado. “Inicialmente eran dos caseríos y los dos tenían aljibe con el que se abastecían. Además, había un pozo junto al río que se usaba para beber, pero de un agua de mala calidad como son las de estas tierras de yesos”.

Y tampoco había tiendas. “La venta venía en furgones que llegaban tocando el pito. Se salía a comprar y no volvían hasta el jueves siguiente. Sí había pan porque yo he conocido horno en Villas Viejas”, recuerda Madero.

Otra de las razones de la despoblación pudo ser el abandono de la fábrica porque, sí, en Villas Viejas había una industria junto al cauce del Gigüela del que aprovechaba las aguas para mover la maquinaria. Era una fábrica de papel, aunque Virgilio recuerda que en su día fue de harinas. “La desmontaron y se la llevaron para Teruel o no sé para donde. Luego montaron una fábrica de papel y ahí vivían cinco matrimonios de obreros”. Como industria productora de papel se mantuvo hasta los años 80 dando trabajo a familias de la comarca. Aquí se hacía papel de estraza, “que entonces se usaba mucho para las ventas porque todo se liaba en ese papel”.

Ruinas de la antigua fábrica de papel de Villas Viejas. / Cadena SER

Otra de las razones que no han favorecido el desarrollo de Villas Viejas según sus vecinos, ha sido depender administrativamente de un municipio que tiene su núcleo de población a casi 40 kilómetros. Hasta Huete había que ir para hacer diversos trámites. “En tiempos en los que se entregaba obligatoriamente la cosecha de cereal al Servicio Nacional de Trigo, había que llevarlo al silo de referencia. Y habiendo un silo en Montalbo y otro en Saelices, las cosechas de Villas Viejas había que llevarlas con galeras y con mulas hasta Huete”, recuerda Madero. Y a Huete siguen reclamando algunas inversiones. “Desde Huete solo se han recaudado los impuestos, pero reinversiones no habido. Puedes decir que es que no vive nadie, pero Villas Viejas es una de las ocho o diez pedanías de Huete que más aporta a las arcas municipales porque con la gasolinera, el hotel y las tierras contribuye más que Carrascosilla o Bonilla, pueblos a los que sí les arregla la carretera, el agua o el alumbrado”.

Hoy en día, este pueblo solo vuelve a recuperar la alegría en la romería de la Virgen de la Encarnación. Los vecinos de El Hito, y muchos de la comarca, regresan a la iglesia de Villas Viejas acompañados de su Endiablada en el tercer sábado de mayo cuando diablos y danzantes hacen resonar cencerros y paloteos. Uno de los participantes es Virgilio Rodrigo: “Venimos aquí para subir a lo alto de un cerro que le dicen el Polamar, que ya está hundido como todo, donde es la romería. Después bajamos y se le dice la misa en la ermita. Y así pasamos el día”. El Ayuntamiento de El Hito tiene en marcha la solicitud de declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional para esta romería.

Antiguas escuelas (a la izquierda) e iglesia de Villas Viejas. / Cadena SER

Los fosos de Bayona

Y en torno a Villas Viejas aún hay otra historia que contar, la del colindante yacimiento arqueológico de Los Fosos del Cuarto de Bayona. Sobre este lugar, Antonio Blanco Freijeiro publicó en 1981 en el Boletín de la Real Academia de la Historia: “Situado en la margen izquierda del río Cigüela, en lo alto de un cerro de irregular contorno, este enorme ‘oppidum’ ocupa una extensión de 33 hectáreas y se halla defendido en todo su perímetro por una muralla y un foso. Los materiales arqueológicos exhumados en él indican que el apogeo de su existencia corresponde a una época protohistórica, y que su abandono se produjo antes de la romanización, como era de esperar de un poblado fortificado de tales dimensiones. Quienes lo han estudiado lo identifican conjeturalmente con la Conterbia Cárbica de los Celtíberos, aunque no han faltado intentos de hacerlo con Munda y con Segóbriga. Los sondeos realizados en 1978 por C. Moncó y M. Bartelhemy confirman el interés del yacimiento, y la fecha terminal de su existencia hacia el cambio de era”. Concluía Blanco Freijeiro sugiriendo una pronta declaración como monumento histórico nacional “dada su evidente importancia y el peligro que su integridad corre por obra de los arados y aficionados a las excavaciones”. Esa declaración se consiguió en los años 80 y hoy en día, los Fosos del Cuarto de Bayona de Villas Viejas, tal vez la antigua ciudad celtibérica de Conterbia Cárbica, es Bien de Interés Cultural con categoría de zona arqueológica. “Cuando éramos críos nosotros”, recuerda Jesús Madero, “y antes de la Ley de Patrimonio de España, la gente te contaba que por la noche se veían personas buscando restos. Aquello ha sido expoliado históricamente y el desastre llegó después con los detectores de metales”.

Espacio donde se ubica el yacimiento arqueológico de los Cuartos de Bayona, junto a Villas Viejas. / Wikipedia

Los Fosos de Bayona es un yacimiento pendiente aún de un estudio más completo. En los años 80 Pilar Mena, Fernando Velasco y Rafael Gras trabajaron en algunos puntos de la muralla. Pero surgieron problemas con los propietarios de las parcelas agrícolas. Andrés Fernández Rubio y Clara Acebes lo relataron en diciembre de 1987 en un artículo titulado El sufrimiento de excavar publicado en el diario El País. “Esa fue la última excavación que se hizo en la muralla, en la esquina de una era, y salió una de las puertas de la ciudad. Pero se cubrió de nuevo”, apunta Madero.

Villas Viejas, un enclave en medio de la Mancha de Cuenca, junto al río Gigüela, al pie de una de las grandes vías de comunicación como es la autovía A-3, asentamiento humano desde la antigüedad, abandonado y vuelto a habitar en varias ocasiones a lo largo de la historia, hoy despoblado y “en territorio de nadie”, sentencia Jesús Madero. “No es de Saelices, no es de Montalbo, no es de El Hito y de Huete como si no lo fuera”.

El alcalde de Huete, Fran Domenech, en declaraciones a SER Cuenca, ha reconocido la petición sobre las inversiones en Villas Viejas, una población “que no es pedanía de municipio de Huete como tal, sino una extensión del propio pueblo, como si fuera una calle más”. Esto se debe, explica, a que “cuando en el siglo XV se independizaron como entidades propias los territorios históricos de Huete, Villas Viejas estaba despoblado, y siempre ha sido del municipio. En 1973, cuando se agregaron las actuales pedanías [Bonilla, Carrascosilla, Caracenilla, La Langa, Saceda del Río, Moncalvillo de Huete, Valdemoro del Rey, Verdelpino de Huete], Villas Viejas seguía siendo de Huete y así sigue”.

Respecto a invertir en mejoras como el alumbrado público, las acometidas de agua o el saneamiento, Domenech reconoce que no se abordan “porque no hay vecinos empadronados allí”. “Si los hubiera ya podríamos optar a las ayudas del Plan de Obras y Servicios de la Diputación Provincial e invertir en mejoras”, añade el alcalde.

ITV

Sobre el nuevo proyecto de la estación de Inspección Técnica de Servicios (ITV) que ya cuenta con el visto bueno de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, el alcalde de Huete ha confirmado que se instalará en una parcela junto a las casas abandonadas de Villas Viejas. “Esta ITV dará servicio a la comarca y generará hasta once puestos de trabajo”, explica Domenech. “Una vez autorizada, el promotor deberá solicitar la licencia de obra que tramitaremos en el Ayuntamiento de Huete. Después la licencia de actividad. En cuanto plazos, serán meses o un año”.

Sobre el yacimiento de los Fosos de Bayona, el alcalde reconoce su importantica. “Es una joya importantísima. Ahí tenemos las minas de lapis specularis más largas y extensas de toda la provincia de Cuenca. Es algo a tener en cuenta para un futuro. Dentro de las prioridades, y de las inversiones en patrimonio que son múltiples, tarde o temprano le tiene que tocar también a este yacimiento”.

Interior de las minas de lapis specularis de Saceda del Río, en Huete. / Cuenqueando

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