Últimas noticias Hemeroteca

Viernes, 03 de Abril de 2020

Otras localidades

Coronavirus Covid-19

Diario de una periodista confinada

Así es mi día a día desde que convertí el salón de mi casa en un improvisado estudio de radio

Elena López en el estudio improvisado en su salón

Elena López en el estudio improvisado en su salón / Radio Coruña Cadena SER

Día 1 (16/03/2020)

El primer día laborable de un confinamiento es la toma de contacto de una nueva vida. La mía comenzó a las seis y cuarto de la mañana, a las seis y dieciseis ya estaba en mi puesto de trabajo. Hoy algo de tensión para que nada fallara, ni por medios materiales, ni por medios personales. Primera prueba de fuego superada. El informativo más casero de la Historia "completado con éxito". A la luz del flexo y cerrada en el salón.

Poco a poco llega la luz natural y el estudio radiofónico se amplía y se convierte en una escuela unitaria. Sí, de las de pueblo. Por aquí hemos hecho tareas de segundo y cuarto de Primaria, lo mismo un dictado que unas fracciones, que llamamos al departamento de prensa de María Pita para conocer las últimas medidas tomadas por el Concello en torno a la crisis del coronavirus.

De momento, ha transcurrido todo "de buen grado" y hasta el mayor le ha hecho el desayuno al pequeño. Una forma más, pues sí, de "voluntariado en tiempos de pandemia", para esas madres y padres trabajadores que confinados se convierten en mujeres y hombres "orquesta". La jornada laboral ha pasado de la calma de la madrugada al grito de "niños, callaos, que entro en directo". Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 2 (17/03/2020)

El segundo día laborable en confinamiento que te levantas de madrugada para acudir al estudio de radio que te has montado en el salón comienza a parecer hasta normal. Silla, flexo, ordenador y quantum, que ya se ha convertido en uno más en este hogar en pandemia. Y es que el ser humano se acostumbra a todo... o a casi todo.. vaya capacidad!

La radio en la intimidad tiene un pase pero ayer ya hemos visto y escuchado a la Policía Nacional con megáfonos requiriendo a los coruñeses que de manera inmediata se recluyan en sus domicilios y no salgan ante la alerta sanitaria. Hemos pedido permisos para salir y hay guardia en los supermercados... y ya han llegado los militares... desde aquí dentro parece una película, pero es real, y nos hemos ido a dormir tan panchos.

Por cierto, hoy las tareas se han hecho con algo más de reticencia, claro la novedad de ayer era un aliciente, ves, la costumbre. Me ha faltado el dictado que siempre me han gustado mucho, como compensación me han dictado ellos a mi los colegios en donde hoy se reparten los menus de las becas comedor para elaborar la noticia.

También he recordado que existe la medida de "kilolitros", madre mía! El voluntariado casero ha consistido en que el mayor ha fregado los cacharros del desayuno, primera vez, primera sensación de "hijo adulto". Ufff, esto sí debe de ser grave. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 3 (18/03/2020)

El tercer día laborable en confinamiento y el quinto encerrados se va notando. Mi estudio de radio se va adaptando. Lo he movido de sitio, cada vez tengo más espacio, más cables también, y la soledad del flexo ya es mi amiga. Una estancia como la de aquellos antiguos estudios de radio. Yo no tengo piano de cola, pero sí un organillo a pilas. Hoy las tareas escolares han costado más, pero el recreo ha sido en la ventana, cacerolas en mano, con mucha sonoridad, justo a las doce en punto del mediodía. Hoy estuvimos con la tabla del tres y con las metáforas. Se me ha ocurrido poner de ejemplo la metáfora de nuestra realidad que ha puesto en evidencia "el virus de la corona". Estamos solos dentro de las casas pero, sin embargo, cada vez más conectados por las redes. La soledad del bloguer hoy es en positivo.

en la mañana de hoy mi grito de "callaos que entro" ya se ha reducido a un simple "entro" y aquí se hace el silencio total. Cada vez que escuchan un profundo "Cadena Ser" me gritan un "mami, entras". En fin, no sé cómo acabaremos... el pequeño ya me ha dicho dos días seguidos "mami! son y cuarto", pendiente de entrar en el informativo. ¿Retos virales? aquí es un no parar. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 5 (20/03/2020)

El quinto día laborable en confinamiento y el séptimo encerrados va implantando nuevas costumbres. Y digo quinto laborable porque la radio en día festivo no para. El día del Padre y "de los Josés y Josefas" ha sido atípico para todos. Lo mejor: cuando a las siete de la tarde salimos todos a cantar el "Hola don Pepito, Hola don José" a pleno pulmón. Primero parecía que no había nadie. Nos cambiamos de ventana. Y con las esperanzas puestas en el mejor momento del día, de repente, al fondo de la calle, salió una voz salvadora, más bien un vozarrón, y todos le seguimos. Los impares empezaban. Los pares le respondíamos. Fue como una liberación. Raro sí, "un himno", da igual la letra, la cuestion es co-mu-ni-car-se. Lo hicimos varias veces y cuando cerramos la ventana nos sentimos un poquito mejor. Aquí saltamos en la cama de la emoción y nos reímos a carcajadas.

Otra de las claves del día, menos explosiva, fue escuchar una rueda de prensa vía Facebook, mientras oía el pitido de la lavadora y a la vez que mis dos hijos menores hacían de equilibristas por el cantil del sofá. Ahora vale todo... Con seguridad, eso sí, "que no se puede ir al médico". Hoy uno de ellos se despertó a las seis y media de la mañana, y medio sonámbulo, llegó al salón. Yo ya estaba al ordenador, con mi flexo, quantum encendido. "Mami, ¿pero aún sigues trabajando?". Le dije que intentara dormirse un poco en el sofá, que era muy temprano. Le tapé con una manta y comencé a informar como si todo esto ya fuera normal. Y es que lo es. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 7 (22/03/2020)

Dicen que para que el cerebro humano se "acostumbre" a una acción, y ésta se convierta en un "hábito" debe reptirse durante tres semanas. Llevamos una semana encerrados. Una fórmula que en tiempos de pandemia no existe. En un estado de alarma sanitaria el cerebro también se acoge a eso que llaman "el espíritu de supervivencia" y se adapta en menos tiempo de lo que nunca hubiéramos pensado a "the new age". Se amolda como un chicle a la realidad.

Puedo afirmar que esta semana ha sido de "primeras veces" para todos. Hasta para nuestros mayores de los que tanto hemos aprendido. Hoy ninguna de esas personas que antes llamábamos "abuelos", "padres" para nuestra generación, "ancianos" algunos, gente de avanzada edad que ahora son "grupo de riesgo" nos puede dar un consejo... un simil... "en mis tiempos duró...." Y es que ninguno conoció una pandemia. La primera semana entera en estado de alerta, ya se cumplen nueve días, ha sido un terremoto, un ciclón, un abrir los ojos a que no somos independientes los unos de los otros y a que el "todos" es necesario y es más importante que nunca.

Nuestro confinamiento es duro, en el sentido más blando de la palabra, pero hemos sacado de ahí dentro sentimientos que desconocíamos. Todos los días que he encendido el flexo de mi "radio-casa" me he sentido afortunada de poder hacerlo y quedarme dentro. Han aparecido rincones nuevos, hemos hecho espacios que antes parecían imposibles y estamos aprendiendo a valorar la libertad.

A mitad de semana salió la palabra "cárcel". Mi hijo mayor comparó el encierro con la imagen que él tiene de una prisión. "Nos lo estamos pasando genial, pero no podemos salir. Es una cárcel". Qué triste, o no, que un niño de nueve años compare su vida con la de un centro penitenciario. Acto seguido siguen riendo y jugando porque ahora mami deja saltar en los sofás, jugar al tenis en el salón y hasta dar balonazos contra una pared. Sí, llámenme loca. Pero ya pintaremos y restauraremos a la vuelta. Se llaman prioridades. Como prioridad se ha convertido salir a la ventana.

Ayer mismo me emocionaba viendo el aplauso de las ocho de la tarde, en homenaje a nuestros sanitarios, cuando la responsable del supermercado de enfrente salía a la calle, se colocaba en el medio y medio de la calzada, y daba las gracias por el apoyo. Emocionante. "Mami, grábalo para meterlo en el matinal". Qué locura. Los niños se están dando cuenta de su importancia, de su trabajo, y del valor de esas cajeras que hoy se cubren la cara con una mascarilla. Y la importancia de CON-TAR-LO. Como darse cuenta de que el padre de un amiguito ahora da conciertos desde su terraza.

Entrar en la radio para intervenir desde aquí se ha hecho "normal". Ya prácticamente no tengo que pedir silencio. Con un "entro" esta casa se queda muda. A los balances de infectados sumamos estos días cuadernos de multiplicaciones y pequeñas lecturas, las partes del aparato digestivo y los demostrativos. En esta escuela unitaria las tildes cuentan... o acaso en lo que yo escribo no cuentan. Pues aquí todos iguales. Hay veces que los veo mirándome fijamente cuando llamo para saber si el Servicio de Ayuda a domicilio tiene mascarillas o me escuchan que Riazor va a ser un albergue para los sin techo. Otras veces nos reímos con alguna rueda de prensa online. "¿Pero aún sigue hablando?, me dicen, y yo me río a carcajadas porque es exactamente lo que yo estoy pensando. Son los niños de lo inmediato que hoy aprenden a valorar sin pedir plazos. Hacen cuentas para saber si podrán celebrar su cumple, mientras yo hago cuentas para saber cuándo llegará el pico de infectados. Lo dicho, una escuela unitaria con una radio pirata. Unitaria por que a mi también me toca aprender. Pirata porque a veces a las seis de la mañana solo se me abre un ojo. De bandera no hay dos tibias. Hay un árbol verde pegado a la ventana que corona una ladera y toca el cielo azul. Algún día saldremos, viajaremos hasta allí sin que nadie nos multe y lo tocaremos. Tocarlo sí. Porque en tiempos de pandemia podemos ver y contarlo, pero no tocar, un lujo que, de momento, hemos perdido. Ha sido una semana, la primera de una cuenta atrás, y lo seguiremos contando. Que la radio no pare.

Día 8 (23/03/2020)

El octavo día laborable en confinamiento y el décimo encerrados empieza a dar algo de vértigo. Vuelvo a levantarme a las seis de la madrugada con poca sensación de lunes, mal cuerpo y con la cabeza puesta en la nueva fórmula del teletrabajo. Los expedientes de regulación temporal de empleo, específicos para esta crisis sanitaria empiezan a contagiar a los medios de comunicación, justo cuando más información demanda la sociedad, y es que mientras no haya vacuna para el Covid-19 tampoco saldremos nosotros de ésta. La actualidad manda, el número de fallecidos sigue aumentando, hay una señora desaparecida. Tiene Alzheimer y como otras tantas enfermedades no son compatibles con esta situación. Hay un operativo de búsqueda, mientras la sociedad se encierra en casa y tenemos que seguir remando. Comienza a amanecer, han salido adelante los dos informativos y la luz entra en mi salón. Como ya es habitual mi hijo mayor se despierta de primero y acaba de desperezarse en el sofá, mientras yo sigo al ordenador con el pinganillo en un oído. Una estancia que está cambiando cada día porque la mente empieza a necesitar despejarse. También el cuerpo. Ahora al lado de mi "estudio de radio" hay una pista de pádel, he despejado una parte de la sala para poder pelotear y es que por aquí hay mucha leña que quemar... Entre los múltiples whatsapps me ha llegado uno que dice que Clan comienza a dar clases de matemáticas para niños entre 6 y 8 años. Me va perfecto. A ellos les ha parecido que, ahora sí, llega el fin del mundo. Los horarios son difíciles de mantener y las fuerzas van flaqueando. Ayer en otro grupo de contactos llegó un mensaje de ánimo ante esta nueva etapa... "ahora, los que estamos dentro tenemos que mantener la nave a flote para que cuando volvamos a estar juntos ponerla a navegar". Lo suscribo, si no respondí es porque ando aún redecorando mi cabeza y ahí no hay hueco para una pista de nada. Y todo esto mientras en mi casa escucho alguna que otra frase menos concienzuda del tipo "yo no pienso estar 15 días más sin salir de casa, me da igual que lo diga Pedro Sánchez" o "el gobierno tiene que poner hospitales para golpes, ¿no se dan cuenta de que encerrados nos hacemos más daño? Están concienciados de que ahora no podemos colapsar más a los médicos. Otras realidades. Y seguimos aprendiendo. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 9 (24/03/2020)

El noveno día laborable en confinamiento y el undécimo encerrados se camina cuesta arriba. La vida dentro de mi casa estos días viene inevitablemente determinada por las cifras y el confinamiento se hace en ascensión mientras no llegue el pico de esta pandemia. "¿Cómo se sabe cuando estamos en el pico?" Me preguntaba ayer el mayor. Pues lo sabremos justo cuando veamos la primera bajada. Justo después. Cuando subes una montaña sabes que llegas arriba justo cuando "por el otro lado" vislumbras una ladera. No antes, nunca antes por mucho que desees llegar. Piensa en continuar y cuando crees que las fuerzas no dan para más... ahí estás en el pico. Los símiles está copando espacio en nuestras conversaciones porque los niños también necesitan saber. Nunca les he ocultado las realidades y ahora menos. Hay quien prefiere contarles que una manifestación es "un montón de gente que va a una fiesta", cuando realmente están reclamando derechos perdidos o nunca disfrutados. Así siempre habrá esquiroles. ¿Les dije que la normativa doméstica va aflojando?... bien, pues ayer, décimo día del encierro, fue la primera vez que el vecino del piso de abajo se quejó. Lo hizo a la vieja usanza, con unos toques en el techo, y enseguida nos dimos cuenta. El pequeño estaba con el balón. Acto seguido paró y no volvió a utilizarlo tras recibir una pequeña reprimenda. Los niños, sí, la población invisible de esta crisis global.

Nadie se acuerda de sus necesidades, de que sus mentes, más que las nuestras, están en continuo aprendizaje, y sus cuerpecitos en contínua expansión. Llenos de tareas y confinados en casa, ¿quién se acuerda de ellos? Siete millones de niños menores de 15 años en España han sido castigados sin salir. El enfoque adultocéntrico de la crisis nos deja clases on line, Google classroom, seguimientos... Los deberes son la peor parte de esta crisis para muchas madres trabajadoras. No hay tiempo, ni ordenadores para todos. Pedro Sánchez en su discurso habló de las necesidades de las mascotas. Ni una sóla palabra sobre los niños. Ahora han desaparecido. Son los "supercontagiadores asintomáticos". No deben verse. No deben molestar que estamos trabajando en salir de ésta. Que no hagan ruido. Por cierto, hoy el mayor no se ha despertado de madrugada. Cuando lo hizo ya estaban los dos informativos matinales liquidados. Los días son intensos, a estas alturas no voy a obligarles, también, a madrugar. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 10 (25/03/2020)

El décimo día laborable en confinamiento y el dúodécimo encerrados amanece, como siempre, arrojando luz natural sobre mi estudio de radio en el salón. Lo que pasa ahí fuera lo vemos desde la ventana, lo percibimos por los escasos movimientos de gente que atisbamos desde aquí y, por supuesto, por la avalancha de información que nos llega por diversos medios. Una de mis principales preocupaciones al inicio del confinamiento era el desabastecimiento... Ver desde casa cómo la cristalera del súper quedaba completamente tapada por cajas de pedidos, con gente dentro literalmente arrasando las estanterías, me generaba, cuanto menos, algo de tensión. Yo en ese momento fui contagiada... contagiada de miedo y, por primera vez en mi vida, me traje hasta casa el carro del super para ir subiendo poco a poco la montaña de aprovisionamiento. Hoy nos damos cuenta de que los mercados siguen abriendo y hoy la imagen es muy distinta. A la aglomeración le han sustitudo las colas, pero hoy de personas muy separadas, varias con mascarillas, y que llegan a la calle. Saben que tienen que entrar por turnos y después de que la gerente supervise su lavado de manos y la puesta de guantes. Ver esas colas de gente antes de las nueve de la mañana, antes incluso de que abra el establecimiento, justo al acabar el segundo matinal de las ocho y veinte, es... inquietante.

Cuando era libre leí "El niño con el pijama de rayas". Nada equiparable con la Segunda Guerra Mundial que dibuja de forma espectacular John Boyne, pero esta crisis nos instala en un escalofrío diario. También desde dentro de casa. Las nuevas formas de compra se van instalando y entrar en el super, las pocas veces que tenemos que ir, comienza a ser desagradable. Casi escoltados. Con los niños es un continuo no toques ahí, no te apoyes en ese cristal... no te sientes en el suelo. Es im-po-si-ble. Ahora, sin darnos casi cuenta, la pescadera, el carnicero o la frutera del comercio cercano, con menos gente y con miradas reconocibles detrás de la mascarilla, resultan tranquilizadores. Para mi sí. No estamos en un campo de concentración pero puede ser "La Guerra Mundial del Coronavirus", como lo definieron dos amiguitas, hermanas, de la clase del mayor. Quién nos iba a decir que íbamos a renegar de lo macro para preferir el calor humano del que te pregunta qué tal lo llevas, del que se fía de tus datos oficiales sobre la pandemia más incluso de lo que pueda ver en Internet. Y es que soy la clienta "periodista". Me di cuenta cuando en un ticket le dejé mi número y apuntó "Elena periodista". Bien es cierto que él en mis contacto es "Miguel carnicero". Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 11 (26/03/2020)

El undécimo día laborable en confinamiento y el 13º encerrados comienza a ser una montaña rusa. A los momentos de risas, suelen coincidir con la cita en la ventana, les siguen los enfados, suelen coincidir con la cita con las tareas. Las peleas entre dos cachorros encerrados van aumentando en intensidad y creo que a día de hoy todos tenemos alguna secuela. Las cuentas, los problemas y los ejercicios de lengua se han tornado en espesos y pegajosos. Ayer decidimos dejarlos, a ellos también, en cuarentena.

Por suerte vivimos en una casa muy soleada y abrimos las ventanas de par en par para que nos entre de ahí fuera ese aire que nos falta. Hay compañeros que tienen la suerte de tener terraza y otros azotea común... familiares con jardín... Recuerdo cuando decíamos... "¿Aquí en Coruña para qué una terraza... para qué un terreno si sólo lo disfrutas unos días al año"... Cuántas frases hechas están haciéndose añicos con esta necesidad. "Mami, ¿me dejas tomar vitamina C?" comienza a ser la mejor escusa para tumbarse y no hacer nada. Hoy al mirar por la ventana, tras acabar el primer informativo del día, advertí que ahí fuera comienza amanecer un poquito antes. La sensación de notar que llega el verano solía ser de cosquilleo en el estómago, de alegría, de planes, hoy el estómago está confinado y no entiende de estaciones. El mayor ya preguntó si vamos a pasar la primavera aquí dentro. No creo, pero los planes futuros empiezan a tambalearse. Una de las nuevas ventanas que se abren estos días está en los móviles. Nunca antes tantas videollamadas soportaron. Amigos y familiares ávidos de ver más allá. Ayer vimos a "las primas". Su confinamiento también es de tareas pero ellas lo aliñan con decenas de trenzas en el pelo y nuevos piercings... La vida dentro de las casas que, como dice esa frase televisiva tan popular, "dentro todo se magnifica". Uno de los objetivos de este verano, que deja enseñar una patita, es juntarnos todos y "hacer unos kayacs". Uno de los objetivos de este verano es la libertad. ¿Lo lograremos? Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 12 (27/03/2020)

Hoy se cumplen 12 días de trabajo desde casa y 14 encerrados. Es viernes y mañana se cumplen 15 días en confinamiento. Cuánta celebración y qué pocas posibilidades de celebrarlo. Pero, ¿son realmente pocas?.

Estos días comenzamos a pensar en si el cumple del pequeño tendrá que celebrarse en "petit comité" y miren que les digo... pues igual es más especial. A los aplausos de las ocho ayer se sumaron las sirenas... las de los barcos amarrados a Puerto muy cerca de la Lonja. Las de las grandes embarcaciones del Gran Sol que han tenido que echar ancla en la orilla ante una crisis que también afecta a la venta de pescado. Hoy desde casa veo dibujos en las ventanas. Hoy desde casa veo voluntarios. Sí, de los que no cobran... de los de verdad... aparcando sus coches en la esquina para llevar comida o medicamentos a mayores que están solos o personas que no se valen por si mismas. Timbran con sus mascarillas en el portal y después de unos largos minutos... la puerta abre con un sonido grave y sin que nadie les haya preguntado quién es. Y es que ya llevan varios días haciéndolo. El miedo se nota incluso desde la ventana. Las caras de la poca gente que circula por la calle es grave y seria.

Ayer, sin ir más lejos, noté un ruido extraño en mis escaleras. Raro porque suele estar en silencio templario estos días. Venía del descansillo. Abrí la puerta sin pensarlo demasiado, soy de esas que aún cree que vivimos en un estado de paz, y allí mismo me encontré a la persona encargada de limpiar las zonas comunes. Con mascarilla instalada, se sobresaltó y rapidamente se alejó de mi asustada. Luego me ofrecí a separarle el felpudo y, aunque distante, me lo agradeció. Y es que hay miedo al contagio... aunque aunque haya algunos que prefieran celebrar los datos de infectados bailando y comiendo churrasco juntos en una nave industrial.

Quitando estos casos, que son excepciones, quien más y quien menos se ha parado a pensar cómo va a celebrar el fin de esta crisis... eso sí después de que pase. Frente a mi ventana he descubierto que hay una familia con muchos niños de corta edad. El otro día salieron a aplaudir y el mayor dijo: "mira, un cumple"... Y es que esa imagen es lo que para ellos es una fiesta. No hay más. El cumple del pequeño se hará y si tiene que ser dentro de casa, se celebrará con más ganas... porque estamos vivos.

Acaba la semana y a las libretas escolares parece que les han salido pinchos. Cosas de este virus. Como es que en momentos de crisis los seres humanos, "creo", sacamos lo mejor de nosotros. Por cierto ayer en una residencia de A Coruña una mujer cumplió años. Sí en uno de esos centros en los que hoy se cierne la tragedia. Ana Liñeira Vázquez ha cumplido 100 años. Y es que en mitad de la oscuridad, siempre hay alguna luz. Felicidades. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 14 (29/03/2020)

Dos semanas metidos en casa. ¿Quién nos los iba a decir? Creo que no estuve tanto tiempo sin salir de estas cuatro paredes ni aquel febrero en el que el mayor y yo compartimos varicela. Asomarse a la ventana de la tercera semana en confinamiento me hace respirar hondo. Hasta ahora podemos decir que lo hemos llevado bien y más que eso. Como ya he contado en otras ocasiones mi salón se ha amoldado perfectamente a un estudio de radio... y lo que es más dificil es pista de pádel, de futbito, ring de boxeo y hasta simulador de surf sobre cogín. Cambia de estancia según la luz. De madrugada, con mi flexo y en la intimidad de los informativos es... acogedora. Algún día contaré mis conversaciones con los técnicos, maravillosos técnicos, cuando muchos de ustedes aún están enfase REM. Cuando va a amaneciendo es... renovadora y empieza a sonar. A media mañana es... bullicio y por la tarde... área de juegos. Trabajar mientras haces un puzzle o te piden elegir qué puerta abrirías: en la que hay un asiento, en la que hay un león que ha pasado hambre durante un año o en la que hay un fuego... es ya parte del teletrabajo. Es difícil no llegar a la noche con sueño. Y es que las nuevas formas de vida también agotan.

La semana que nos viene se inicia además con un endurecimiento de las medidas del estado de alarma. Ayer lo anunciaba Pedro Sánchez que, por cierto, es uno más del salón, y hoy se aprobará en Consejo extraordinario de Ministros. El mayor le increpó diciendo que "con una semana nos llegaba" con esa rotundidad de niño difícil de contradecir. Luego se reconcilió con el presi cuando habló, por fin, de la infancia. "Mami! Pedro Sánchez leyó tu diario! Ha nombrado a los niños!" Yo decido disfrutar del momento porque soy consciente de que la admiración de estos años se acaba y se torna... pues en otra cosa... Hemos aprendido a valorar "el ahora" porque mañana no sabes si un presidente decidirá que está prphibido abrir la puerta de tu casa. Por cierto en el acertijo yo elegí la del león porque de sillones voy servida y nunca supe apagar fuegos. Acerté... pero no por mi gusto por los felinos... sino porque el león ya habría muerto y me lo podía comer. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 15 (30/03/2020)

17 días encerrados y 15 trabajando desde casa. Salir algún día a la calle parece una utopía y la no socialización ya semeja hasta ser normal. Raro. La mente se amolda a la situación de tal manera que lo que antes era "normalidad" resulta raro. Hasta en la ficción. Justo antes de esta crisis sanitaria cayó en mis manos un libro. "Lo raro es vivir". Coincidencia o no esta novela de Carmen Martín Gaite cuenta cómo la mente es libre y crea universos paralelos, realidades que ¿por qué no? son más reales que la propia realidad. Universo "raro" como lo que hoy vivo dentro de mi casa. Sus bosques imaginarios me resultan más verosímiles que, por ejemplo, el hecho de que la protagonista baje al bar a hablar con un camarero o que entre en un metro plagado de gente. Situaciones a día de hoy... "raras".

Hoy ahí fuera empieza una parálisis productiva casi total. Se mantienen los servicios esenciales y los medios de comunicación lo son. Parece raro. La información lo es. Los periodistas lo somos. Qué raro parece esto en una sociedad en la que ésta, la nuestra, es una profesión infravalorada, muchas veces vilipendiada y todas la veces mal pagada. Mentimos, manipulamos y maquillamos la realidad. Lo raro es informar bien para todos. Con la pandemia se han instalado los ERTES, pero también con la pandemia los profesionals tenemos que cuidar aún más lo que decimos y cómo lo decimos.

En uno de mis grupos laborales de watsapp se ponía de manifiesto este fin de semana que en ocasiones los datos oficiales no reflejan la realidad. Y de eso también estamos preocupados. Como raro nos suena que Pedro Sánchez diga que los medios de comunicación están haciendo "una labor importante de pedagogía de asesoramiento", sobre todo, para los colectivos más vulnerables. Raro es conseguir el terrible equilibrio entre "dar el dato puro y duro" y "cuidar el bienestar de la sociedad". Raro suena que sobre nosotros pese una responsabilidad social, un colectivo "raro" que para algunos no vale ni un euro y no lo sacan ni para pagar un periódico o una suscripción. Si lo que dice Sánchez es verdad parece raro que los gobiernos no muevan ni un dedo para garantizar nuestra viabilidad sin afectar a nuestra independencia. Raro.

Quizás "la hibernación" me permita acabar el libro y que después... la persona que me lo regaló me lo dedique. Seguro que sí, amiga. "Lo raro es vivir". Un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 16 (31/03/2020)

18 días encerrados y 16 trabajando desde casa.

Cuando estás confinada... el tiempo ahí fuera se mide desde la ventana. La sensación térmica, como otras muchas cuestiones, es irreal. 18 días aquí dentro te confiere el superpoder de superar la barrera del frío o el calor. La calidez se instala, que no la templanza, y crees que ya no existen las estaciones y eso que sabemos que la primavera ha llegado. Lo hizo sin pedir permiso en mitad del estado de alarma. Cuando confinas en un piso, el bajón de las temperaturas se nota a las ocho de la tarde. Que ha pasado de ser "la hora del bizcocho" a ser "la de los aplausos". Así, en frío y sin rima. Chistes aparte, fue a esa hora cuando el mayor notó que su piel reaccionaba al fresco que entraba de lleno en el salón y su cara de asombro volvió a hacerme pensar en este encierro.

Ayer nevó y lo hizo donde hemos pasado los mejores momentos de nuestra vida. Allí hoy también están confinados pero quizás no con el hermetismo del urbanita. En esta situación he decidido no hacer planes más allá de los menús diarios y de la intendencia "laboeducodoméstica" pero en ese rincón de la esperanza, que yo tengo muy bien amueblado, guardo un billete para volver y poder respirar ese aire y ese fuego intenso que sólo de esa manera abrasa allí la tierra caliza. Cuando seamos libres... quizás nos daremos aún más cuenta, con la piel de gallina, de lo afortunados que somos. Dicen que la nieve es sinónimo de buen presagio. En enero seguro que sí... en tiempos de coronavirus quizás el vale de suerte no caduque hasta abril.

Todas las madrugadas antes de entrar en el salón para trabajar, compruebo las posturas que Morfeo adapta en los pequeños durmientes. Les tapo, entró en mi estudio y enciendo el flexo. Hoy al pequeño le tuve que poner la parte de arriba del pijama. El fresco de la madrugada contrasta con el calor del día. Siempre aquí dentro. No se qué pasara cuando pongamos un pie en el asfalto. Quizas tengamos que vestirnos como para coger un telesilla.

Y al tercer lunes... nevó. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 17 (01/04/2020)

La música... después de 19 días encerrados en casa se hace necesaria. Ayer mismo compré un altavoz para el móvil con el objetivo de poner a todo volumen esas canciones que nos dan alas aunque estemos entre cuatro paredes. Soy consciente de que debo comprar en el comercio de proximidad... pero en tiempos de confinamiento cada vez que llega el chico de Amazon... es como si llegarán los tres Reyes Magos, todos en uno, juntos, en plena madrugada del seis de enero. "Mamiiiiii.... Amazon!". Saltos, gritos, "abre la puerta", "¿abriste abajo?", "no, abre tú", "abreeeee, que no puedo". Y después de las carreras por el pasillo, llegó el sonido envolvente. También un nuevo teclado y una alfombrilla... que, como los hermanos pobres de la tecnología, quedaron relegados a ser abiertos en último lugar. Estuvimos toda la tarde poniendo música. En orden de gustos y por orden de prioridades, primero las de los niños, claro, y luego salimos a la ventana. Tengo que decirles que con menos éxito del que esperábamos. Hubo un momento en el que creímos que podríamos ser un tal David Guetta en pleno extasis del Ushuaia o un Josiño Destroyer en plena sesión de tarde de Bambina, pero no... creo que, de momento, nos faltan voltios y destreza...

En crisis mundiales, los artistas sacan a pasear a sus musas, confinadas en tiempos de horarios y vida social, y ayer también pudimos escuchar dos nuevos temas compuestos por el hermano músico. Con más devoción que Pattie Boyd o Jane Asherlas... estos conciertos domésticos nada tienen que envidiar a aquellos multitudinarios que, sin coronavirus, montaban de los de Liverpool en plenos años 60.

La música. Hoy se cumplen 19 días... y 500 noches. Y este mes nos preguntaremos quién nos ha robado el mes de abril.

Hoy el mayor se ha despertado demasiado pronto... y ha venido conmigo al estudio del salón. Ha llegado justo antes de entrar en la ronda de temperaturas de toda Galicia. Hablamos de las seis y media la mañana. Ha aparecido con los ojos a medio abrir, pelo alborotado y aún con los sueños resbalando por el pijama. En otras ocasiones, debo meterlo en la cama y prometerle que, si se vuelve a dormir, volveré para el desayuno, incluso antes de que se dé cuenta. Hoy no me voy y poco después el pequeño se enreda en mis pies mientras sigo escribiendo. Hoy compartimos estancia haga lo que haga. Es aún de noche y mi voz dando las noticias es como oír llover o escuchar música ambiente... cuando quieres la escuchas y cuando no... forma parte del salón. Ventajas de la cuarentena. Vamos sumando sensaciones. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 18 (02/04/2020)

Día 20 de confinamiento y ya casi no pensamos en cuando volveremos a salir a la calle. La concienciación, y la concentración, dentro de casa es tal que cuando el otro día les dije que en Italia los niños iban a poder salir de casa una hora al día, mi emoción exaltada, que pensaba iba a ser generadora de alegría y saltos explosivos, provócó poco menos que una completa abulia momentánea. Después de un breve silencio, de esos en los que de las cabezas de los inerlocutores se pueden ver como salen los bocadillos de los comics en forma de pensamiento, la respuesta del mayor al anuncio napolitano fue: "Ya... pero el problema es que no saben que, si nos dejan salir, vamos a salir todos juntos". Yo, perpleja, callé. Y aunque me daban ganas de reir... lo cierto es que creo que soy más optimista de lo que las circunstancias requieren.

Dicen que los sueños nacen en un porcentaje indeterminado de lo que se vive en la realidad. Hoy soñé que me daban un premio... no sé excatamente porqué. De regalo, iba de vacaciones a Canarias. A un resort de esos de pulserita. No se si resulta más extraño que me den un premio o que yo vaya a un "todoincluido" a cualquier parte. No me atrae eso de estar en una tumbona viendo la vida pasar y creo que en la lista de "cosas que tengo que hacer postconfination" la de ir a un resort se va a caer de la vida. O no, nunca se sabe. Hoy cuando sonó el despertador acababa de mirarme perpleja esa pulsera y cuando a las seis de la mañana me levanté, para encender el flexo y el quantum, aún guardaba esa sensación de estar rodeada de palmeras y piscinas. Poco después la radio me contaba que esta madrugada han llegado dos pateras a las islas Canarias.

A la península han dejado de llegar. En ellas iban adultos, pero también niños. Huyen de su realidad también en tiempos de coronavirus. Y a mi se me vienen a la cabeza todos esos que "huyen" cómodamente a sus segundas residencias con jardín y piscina, algunos también llevan pulseras, cuando sólo se les ha pedido que se queden en casa. O aquellos que vaciaron las estanterías de los supermercados al inicio de todo esto pensando únicamente en el bien propio. Si en una pandemia queremos huir y no pensamos en el otro, quizas algunos empiecen a entender lo que llega a hacer la especie humana para huir de una guerra. Una guerra de verdad.

Los niños hoy no se despertaron hasta bien entrada la mañana. Cada vez cuesta más iniciar el día. No se si ellos soñarán con resorts... lo que no creo es que sueñen con salir a la calle... a la vista de la respuesta a mi emocionada noticia. No les veo el bocadillo con los sueños. Sí las sonrisas que en el pequeño se transforman en carcajadas aún durmiendo. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?