Jueves, 09 de Julio de 2020

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Desconfinamiento

Diario de una periodista confinada: undécima semana

Así es mi día a día desde que convertí el salón de mi casa en un improvisado estudio de radio

Elena López en el estudio improvisado en su salón

Elena López en el estudio improvisado en su salón / Radio Coruña Cadena SER

Día 73 (25/05/2020)

Y sin darnos cuenta hemos pasado a la fase dos y las vallas ya están colocadas en Riazor y en el Orzán. Ir a la playa a tomar el sol o bañarse es la prioridad y la novedad más visible en esta ciudad cara al mar que ya ha llenado terrazas y que vive cada día más de puertas para afuera.

La semana comienza con bochorno y la llegada del dormitorio al estudio se hace a plena luz del sol en este verano adelantado. Todavía se escuchan los pájaros pero cada vez se ven menos, desahuciados por los ruidos de los coches y el movimiento de personas y tráfico. La vecina que estudiaba parece que ahora combina tele-estudio con biblioteca y las colas en el súper ya no son por la mañana, sino más hacia la tarde, después del paseo. Pero hoy la noticia está en cómo extender la toalla.

Con pocas horas de sueño y bochorno, escucho a través de los cascos que la tradicional diferencia de la Galicia del Norte con la Galicia del Sur hoy se traduce en cómo acceder a la arena. A través de fórmulas suaves para los norteños, con vallas y policías, y más severas para los sureños, con acomodadores, playas divididas por cuadrículas y hasta drones. Siempre fueron más duros a la hora de tomar medidas.

Y sin darnos cuenta avanzamos en la undécima semana del desconfinamiento. El teletrabajo continúa y las tareas escolares también, contando los días no para salir corriendo del cole, sino para salir del confinamiento de deberes que cada vez se hace más cuesta arriba. Con la incógnita de si habrá vuelta a las aulas y la de cómo hacer si no la hay, aún hay trabajadores en ERTE sin cobrar la prestación, pero hoy la noticia está en la playa. Hasta que caiga el primer chaparrón. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 74 (26/05/20209

No hay pacientes en las unidades de cuidados intensivos. No hay pacientes con coronavirus. Las UCIs del área sanitaria de A Coruña se vacían de covid-19 y esto es una buena noticia. Todavía hay enfermos ingresados, todavía hay personas recluidas en sus casas y todavía hay enfermos en las residencias de mayores, que ayer, por cierto, pudieron recibir las primeras visitas, pero la sensación es en general de alivio sanitario.

La baja presión hospitalaria coincide con las altas presiones atmosféricas y las altas espectivas de la gente. Ayer las redes sociales se llenaron de sonrisas sobre la arena, de baños bajo el cielo azul y de brindis en mesas con sombrilla mirando al mar. Como el primer día que se pudo hacer deporte en la calle o el primer día de las terrazas, ayer había que bajar a la playa sí o sí. Muchos cogieron el coche, que también se puede, y bajaron a la arena en los pueblos. Otros, la mayoría adolescentes, acudieron a Riazor y Orzán, como en el día de San Juan, en manada, pero ahora con pases de entrada y salida. Fue como un día de estreno.

Nosotros no estrenamos playa. Tampoco vamos en manada, pero sí estrenamos picnic. No tenemos terraza, ni jardín, pero sí un gran parque cerca de casa de donde los neoyorquinos cogieron la idea de comer sobre el cesped. ¿O acaso piensan que Central Park no tuvo un precedente? Pequeñas cosas en días de playas llenas y UCIs vacías. Por cierto, los aplausos también se han vaciado. Ha sido un día más o un día menos. Que la rado no pare.

Día 75 (27/05/2020)

Hoy tenemos que ir al colegio a recoger el material que los niños dejaron aquel 13 de marzo en las aulas con la repentina suspensión del curso académico. Mesas escolares que cogieron vacaciones a destiempo y que se quedaron con cajones revueltos y libros a medio abrir. El colegio virtual, la crisis sanitaria, el mazazo económico y el teletrabajo ya no son noticias. Lo que vivimos son días de incertidumbre sin saber hasta qué punto esa "nueva normalidad" va a crear raíces o vamos a estar trasplantándonos día a día. Y todo ello mientras en ocasiones nos sentimos "huérfanos de representación". Y es que en esta montaña que bajamos... la política se ha convertido en ése bastón que a veces no encontramos para apoyarnos en la desescalada.

A nivel local se ha visto cómo ha habido un cierre de filas en torno al gobierno que ha posibilitado que toda la fuerza se centrara en amortiguar una pandemia sin precedentes. No ha habido trabas a los cambios de presupuesto para potenciar el músculo de los Servicios Sociales y fortalecer la ayuda a la economía. Sin embargo, a nivel estatal la cosa cambia. En un paisaje desconocido, tenemos líderes que no saben la ruta y "opositores" pretenden dirigir un mapa que tampoco tienen escrito. Y detrás de ellos, una sociedad que vive al día y que camina con cortos o nulos objetivos con el único fin de acabar el día sanos, salvos y con dinero suficiente para poder bajar a la compra al día siguiente. Con la cabeza puesta en cómo recoger el material del cole a la misma hora en la que "le toca" trabajar y sin tener con quién dejar a los niños a esa misma hora ya que "los que marcan los planes" han dicho que hay que acudir al centro sin menores.

Hoy en La SER alguien decía que "el político no suele dejar de pensar en términos electorales". Una afirmación que no niego pero que creo que dejará siempre en entredicho cualquier decisión que un político tome, aunque sea en estado de alarma, y que nos deja "huérfanos de representación". A veces el camino hay que adaptarlo a los que te siguen y no sólo a tu reto marcado. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 76 (28/05/2020)

Todo según lo previsto. Las playas se llenan mientras la crisis económica avanza con más fuerza. Afortunadamente las UCIS siguen sin casos por coronavirus, pero los sanitarios siguen pendientes de un posible rebrote.

Qué pronto hemos olvidado el miedo. Hace bien poco nos reconocíamos por las ventanas y nos daba reparo salir al descansillo. Los paquetes nos los dejaban en el portal y los niños eran unos apestados. Ahora se bañan alegremente, corretean por la arena y se chocan como antaño. Los adultos se miran con algo de recelo pero la ubicación de nuestras toallas no ha cambiado porque aquí siempre ha existido esa distancia, no conocemos, afortunadamente, las aglomeraciones de las playas del sur y los pies ajenos quedan bien lejos de nuestras pertenencias. El "Resistiré" ya no está de moda y ahora los adolescentes ya buscan el hit del verano y no será, seguro, ningún himno a la valentía humana.

La radio en casa va dejando su huella y aunque también ha perdido de ser novedad, ayer me enteré de que las entrevistas que hago se escuchan y los dos menores dan juicios de valor sobre si éste o ésta les cae bien o mal. Ayer uno de los protagonistas de estas semanas, no diré el nombre para no herir sensibilidades, quedó sentenciado. "Ya no me cae tan bién como pensaba", dijo el mayor. Y el motivo era porque después de hablar conmigo, no nos saludó por la tele. Vaya desfachatez. Así que andense con ojo y no descuiden el márketing.

Que pronto nos olvidamos. Ayer en la playa me afané en buscar un signo de confinamiento en las personas, una huella, un gesto... un kilo de más de tanto pan casero y bollería doméstica... o una tableta recién estrenada de tanto ejercicio diario entre cuatro paredes. ¿Recuerdan cuando todo eran aplicaciones para no perder la forma en casa? Qué pronto nos olvidamos cuando todavía hay colas en la cocina económica. Qué pronto nos olvidamos cuando todavía hay muertos sin velar. Qué pronto nos olvidamos cuando aún nos queda harina en la despensa y entre las llaves, la cartera y las gafas llevamos también la mascarilla. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

Día 77 (29/05/2020)

La guerra va finalizando, la pandemia va remitiendo y nuestras libertades van, de nuevo, acomodándose en nuestras casas que han dejado de ser un búnker para quedarse solas durante horas y llenarse de arena cuando el día se acaba. Confinamiento que muchos pondrán por bandera y que servirá para sumar una nueva medalla en nuestra chaqueta pero que, sin embargo, nada ha tenido que ver con una guerra. Nunca he vivido una. No cuentan, en este caso, las batallas vitales. Ésas que sí nos pueden dejar confinados de por vida.

Aún llevamos mascarilla y la pobreza hace cola frente a los bancos de alimentos. Hay quien perdió la renta mínima y hoy el gobierno central aprobará el ingreso mínimo vital. Aún llevamos mascarilla y la riqueza ha retomado las reformas en casa. Hay quien ya tiene reservado su viaje "para cuando se pueda" y hoy planea qué y cómo celebrar este fin de semana. La guerra va finalizando, pero las libertades no las hemos perdido, hoy vuelven a acomodarse en el sofá y en la terraza, pero nunca se han ido. Muchos de nosotros nos hemos sentido presos. Muchos creímos estar atados de pies y manos, pero la Libertad, con mayúscula, sólo se ha confinado por el bien general.

Hoy escuchamos la radio y a mi, sin vivirlo, se me viene a la cabeza cómo la radio fue símbolo de libertad en tiempos de guerra, de la guerra de verdad. Único medio que habló sin reparo de la censura de una dictadura que después le cerraba el micro por orden del dictador. Una falta de libertad en la que hubo coruñeses que abrieron la puerta de sus casas para ver cómo le robaban literalmente esos aparatos de radio, en muchos casos, comprados a plazos.

Los mismos coruñeses que se quejaron por la radio de que A Coruña estaba sucia cuando casualmente en ese momento el Ayuntamiento envíaba a sus jardineros a limpiar un pazo, el Pazo de Meirás. Casualmente... después de decirlo también vieron cómo esa radio se apagaba.

Nuestras casas se vacían y se llenan de arena. Fueron cárceles sin candado que apresaron nuestra libertad individual para, precisamente, preservar la libertad colectiva por la salud de una comunidad. Las censuras ahora llegan de otros lados.

Este fin de semana no esperamos cambio de fase. Seguimos, aun así, libres. Ha sido un día más o un día menos. Que la radio no pare.

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