Martes, 20 de Octubre de 2020

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Venta ambulante

La importancia de la venta ambulante en los pueblos sin tiendas de Cuenca

Acompañamos a uno de los vendedores ambulantes que recorren los pueblos de Cuenca hasta Ribagorda, pueblo sin establecimientos comerciales

Emiliano García, de Congelados Egea, atiende en su camión de venta ambulante a Ernesta y Rocío, vecinas de Ribagorda, en Sotorribas (Cuenca).

Emiliano García, de Congelados Egea, atiende en su camión de venta ambulante a Ernesta y Rocío, vecinas de Ribagorda, en Sotorribas (Cuenca). / Cadena SER

Los vendedores ambulantes son habituales en los pueblos, más si son pequeños y carecen de establecimientos comerciales, como ocurre con muchos de Cuenca acosados por la despoblación. En el siguiente reportaje os contamos cómo es la ruta de una de ellos, Emiliano García, de la empresa Congelados Egea, y el encuentro con las vecinas de Ribagorda, en el municipio de Sotorribas, en su parada de los lunes. Lo hemos emitido en Hoy por Hoy Cuenca.

Reportaje sobre la venta ambulante emitido en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

La venta ambulante no es un servicio nuevo en los pueblos. Desde los carros tirados por mulas que recorrían los caminos siglos atrás y en los que llegaban telas y retales a los pueblos, hasta el pescado congelado de hoy en día, muchos recordamos otros vendedores de todo tipo de productos que anuncian sus artículos por altavoces y que paran en la puerta de casa: el camión de los colchones, el chatarrero, el del butano, el que vendía pollitas y gallinas ponedoras, el de las naranjas en invierno, y sandías y melones del Tomelloso en verano, los tapiceros de La Gineta, ropa cosida de todas clases y otros muchos que nos han fastidiado la siesta muchas tardes de verano.

Más allá de los vendedores estacionales, hay algunos que realizan rutas fijas semanales por los pueblos de Cuenca. En Ribagorda no hay tiendas de alimentación. Ni comestibles ni ultramarinos. Y este verano no ha abierto el bar.

Emiliano para en la puerta de las casas de sus clientas, en este caso en Albalate de las Nogueras (Cuenca). / Cadena SER

Pilar, Ernesta y Rocío, vecinas de este pueblo y amas de casa, saben bien qué tipo de productos llegan cada día de la semana mediante la venta ambulante. “El lunes el del ‘pescao’, el miércoles la fruta, el pan todos los días”, enumeran. “Y gracias a ellos no nos tenemos que mover de aquí”.

Los lunes toca pescado en el camión de venta de congelado y frescos de la empresa Egea que hace parada en este pueblo del Campichuelo. Conduce y levanta la persiana del establecimiento rodante en cada parada, Emiliano García. “En estos pueblos hay carencia de venta de productos y, si no fuera por nosotros o por los fruteros, muchas cosas no las podrían comprar”, explica. “En verano aún viene los familiares, pero en invierno que aquí vive muy poca gente, pues tendrían que desplazarse a Cuenca o a otras localidades mayores que están a varios kilómetros”.

Congelados Egea es una empresa que se creó a finales de la década de los noventa y que, desde entonces, lleva años recorriendo los pueblos del centro de España acercando cada semana productos que, de otra forma, no llegarían habitualmente a la mesa de sus habitantes. “Lo que más nos pide la gente es pescado y pollo, se vende mucho pollo”, explica Emiliano que nos enumera la oferta de congelados: “Sardinas, boquerones, merluza, emperador, calamares, langostinos, gambas, sepia…”. El pescado congelado es su especialidad, pero el camión, una vez abierto, presenta un amplio escaparate de productos frescos: “Llevo carne fresca, productos envasados, fiambre, pollo congelado…”.

Parada en la ruta en la casa de Pilar, en Ribagorda. / Cadena SER

Esta empresa tiene sedes en Asturias, Cantabria, Madrid o Huesca, y desde allí salen varias rutas todos los días de la semana. “A Cuenca venimos desde la sede de Campo Real, en Madrid, y salimos un par de camiones cada semana”, dice el conductor y vendedor. “En mi caso además hago rutas otros días por Guadalajara y Ávila”.

Las rutas discurren por territorios poco poblados, por localidades carentes de algunos servicios, como estos pueblos de Cuenca. Emiliano, al que en estos pueblos conocen ya como “el del pescao” o “el del congelao”, sale de ruta cada mañana a las ocho para estar en los pueblos a partir de las nueve. A partir de ahí le espera una larga jornada de kilómetros por pueblos con poca gente. Los lunes empieza en la localidad alcarreña de Buciegas para seguir por otros pueblos como Villaconejos de Trabaque, Albalate de las Nogueras, Torralba, Ribagorda, Ribatajada, Ribatajadilla, Villaseca, Arcos de la Sierra, Zarzuela y Villalba de la Sierra”.

A lo largo de los años, Emiliano tiene clientas fijas a las que atiende en la puerta de su casa. En otros casos para en alguna plaza y toca el claxon. “Tenemos clientas de hace diez o quince años”, dice. Y ellas suelen estar pendientes de la hora “porque sabemos cuándo viene y ya estamos al tanto”, apunta Rocío.

Como buen vendedor, Emiliano trata con cariño a su clientela. Por ejemplo, siempre las llama “joven”, aunque en la mayoría de los casos son todo lo contrario. “Estos pueblos tienen una población muy envejecida, gente con muchos años, entre sesenta y cinco y ochenta”.

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