Jueves, 03 de Diciembre de 2020

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La Columna de Carlos Arcaya

No tienen por qué ser las Navidades más tristes

Todos somos humanos y necesitamos horizontes de esperanza. A más largo plazo, como meta -digamos- final, tenemos la vacuna. Pero, si hacemos un símil con una etapa ciclista, la Navidad iba a ser una meta volante. Ahora, no podemos caer en la nostalgia después de que la Conselleria anuncie restricciones en Navidad.

La experiencia está para algo y el riesgo es que tras las fiestas vuelva a ocurrir lo que ocurrió en verano. Unas restricciones que, por otra parte, no deben afectar a las ventas del comercio.

Por tanto, es lógica la cautela. Aunque tampoco hace falta que nadie nos diga que estas Navidades no son de cenas de empresa ni de cotillones ni de grandes celebraciones ni de cabalgatas. Serán unas fiestas más íntimas.

Ya hay quien afirma que no serán las fiestas más alegres. Aunque, luego, eso, depende mucho de cada uno de nosotros. Pero ello, no significa que tengan que ser las Navidades más tristes.

Serán distintas. En cualquier caso, unas Navidades de mesura. Sin excesos. A fin de cuentas, lo mismo que piensan ustedes cada año cuando concluyen las fiestas. Que siempre se hacen el propósito de no volver a pasarse.

Permítanme la ironía.

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