Lunes, 21 de Junio de 2021

Otras localidades

HISTORIAS ANTIGUAS DE ÁLAVA

La desconocida calle de la Alberca Vieja que no tiene placa con su nombre

El callejón, en pleno centro de Vitoria, no tiene salida por uno de sus extremos y es de propiedad particular

El callejón hacia 1964

El callejón hacia 1964 / Archivo municipal

Se trata de una pequeña calle, más bien desconocida de Vitoria. En pleno centro de Vitoria y sin salida por uno de sus extremos. Un callejón justo al lado de la Plaza de la Provincia, justo en un lateral del Palacio Foral. Es una vía particular, no es pública, pero está en el callejero, aunque ni siquiera tiene una placa con su nombre. En nuestras historias antiguas de Álava, hoy nos paramos a conocer la historia del callejón de la Alberca Vieja.

En sus orígenes, esta calle llevaba el nombre mas antiguo de Alberque Viejo por un alberque -depósito artificial de agua-, que era utilizado principalmente para lavar la ropa de casa, y que se encontraba en lo que es la actual calle Diputación. Esta práctica para hacer la colada fue empleada en los lavaderos públicos de nuestros pueblos, a los que efectivamente se les llamaba alberques, y que fueron utilizados como mínimo hasta finales de los años cincuenta de pasado siglo.

El Alberque o Alberca

Uno de de los planos mas antiguos de Vitoria, que refleja el emplazamiento del alberque en cuestión, fue realizado por el capitán galo Maillart en 1812, durante la ocupación francesa de Vitoria, en la Guerra de la Independencia (1808-1814). El estanque se situaba en la actual calle Diputación (antes Constitución), a continuación del Parque del Espolón y del antiguo Juego de Pelota, ambos desaparecidos en 1821, construyéndose después otro nuevo frontón que sustituyó a este último, en lo que es actualmente la calle Vicente Goikoetxea.

Plano del capitán Maillart / IÑAKI ARMENTIA

En otro plano de la ciudad, realizado en 1825, también aparece dibujado el alberque. 

En el espacio en que posteriormente se emplazaría el callejón de la Alberca Vieja había entonces únicamente terrenos y huertas, no existía aun ningún edificio. El lindero entre parcelas fue el eje de lo que luego sería el callejón. Por su parte en el plano vemos que ya se habían construido para aquel año las viviendas colectivas de “Etxebarria”, un trozo en la calle Prado y otro hasta el entonces número 7 de la actual calle Diputación, justamente donde se encontraba la alberca.

Plano / Archivo municipal

Manuel Aranegui Coll, que fue presidente de la Diputación Foral entre 1957 y 1966, fue un amante de las antiguas costumbres y tradiciones de nuestro territorio, siendo quien restableció de forma simbólica las Juntas Generales de Álava, y uno de los pocos parlamentarios españoles integrante de la Unión Interparlamentaria de Ginebra.

Aranegui poseía un plano de la ciudad datado en 1836, del cual conserva una copia el Archivo Municipal. En el aparecen ya edificadas cinco casas, en el entonces camino, -que luego sería una calle-, que se dirigía a la Alberca Vieja. Esta vereda daba comienzo en la actual calle Vicente Goikoetxea- entonces Juego de Pelota- y finalizaba en la actual calle Diputación. Se observa en el mapa, que aún no se había terminado de edificar el Palacio Provincial: aparece en fase de construcción de los cimientos.

Plano / Archivo municipal

En 1844, el antiguo alberque fue demolido y se efectuó la venta del terreno que ocupaba a Atanasio de Lecea para que construyera una casa. El solar ocupaba una superficie de 42 estados cuadrados.

Las Brígidas, que entonces tenían su convento al final de la calle Prado, donde ahora se encuentra la Catedral Nueva, se interesaron por la piedra de sillería del antiguo alberque, para destinarla a la construcción de un lavadero.

La Abadesa de la Comunidad de Religiosas, presentó un escrito al Ayuntamiento en abril de 1845 en el que decía: “El hermoso alberque de piedra sillar de nuestra huerta, que al evacuar la Comunidad este Convento en 1835, quedó intacto, ha desaparecido como otra multitud de objetos durante nuestra emigración, sin que sepa la Comunidad que destino se dio ni quien se aprovechó de la piedra.

Solicita tenga la bondad de ceder, por su justo precio, la piedra suficiente para la construcción de un nuevo alberque, que tanta falta nos hace en nuestra huerta.”

El 24 de abril de 1845, el Ayuntamiento aprobó y comunico a la Abadesa “ceder gratuitamente la piedra del antiguo alberque, suficiente para construir un lavadero en su huerta.”

En 1869, ya se habían construido el resto de edificios en la actual calle Diputación y también la continuación de la manzana, con fachada a la Plaza de La Provincia. Un plano militar de ese año, refleja las dos entradas que existían al callejón de la Alberca Vieja: una por un pasadizo en la calle Constitución, a través de la planta baja de los edificios de viviendas, y la otra por la Plaza de la Provincia, en un punto cercano a la calle Juego de Pelota. Esta última entrada sufriría mas adelante una modificación.

Plano / Biblioteca Virtual de defensa

El almacén de sal

La Diputación era propietaria de un almacén de sal, construido en 1844, que tenía su entrada frente a la fachada sur del Palacio Provincial, lindando por la parte posterior con el callejón de la Alberca Vieja. En el plano anterior puede verse su emplazamiento.

En 1848 hubo necesidad de realizar obras de reparación en el mismo “por no haber sido construidas las paredes desde un principio con la debida solidez o por el peso y empuje de la cantidad introducida en los trojes” (estructura destinada al depósito de productos agrícolas). La obra presupuestada por el arquitecto Martín Saracibar, salió a subasta por 3300 reales de vellón, siendo adjudicada a Juan de Unzalu, como mejor postor, en la cantidad de 2840 reales.

Un plano de la planta y sección, elaborado por el arquitecto, nos muestra la parte del almacén que se reformó, cuya obra consistió en aumentar el grosor de los muros exteriores.

Plano / ATHA

En ese edificio se almacenaba la sal adquirida por Diputación, con el objeto de ser distribuida a los ayuntamientos, quienes la hacían llegar a todos lo vecinos para ser consumida y para utilizarla como conservante de la carne y sus derivados.

El administrador del almacén, Tomás Martinez de Suso, nombrado por la corporación alavesa, era el encargado de la instalación.

La sal era adquirida principalmente en la localidad alavesa de Añana / Gesaltza, en cuyo valle existe un abundante manantial de agua salada, del que se obtiene este apreciado producto desde hace cientos de años, por evaporación del agua al sol, en las llamadas “eras”. Hoy sigue funcionando de la misma forma y es un atractivo turístico.

Debía de tener un buen precio por su calidad la sal de Añana, como ocurre en la actualidad: es una sal utilizada por restaurantes de prestigio. Por ello el suministro del preciado condimento era también contratado en Bilbao, a donde llegaba en barco desde el sur de la península, y desde la capital vizcaína era transportado hasta el almacén de Diputación en Vitoria, en carruajes.

Un documento de noviembre de 1853 especifica que el administrador Martínez de Yuso pasa nota a la oficina de Intervención de la Diputación de Álava, de una compra efectuada, con el fin de que le sea satisfecho el importe de la misma: “Paso a manos de Vs. la factura de coste y gastos de 34 lastres de sal comprados en Cádiz, embarcados en el buque Español Sacra Familia, capitán José Manuel Rodríguez, para Bilbao, a la consignación de Juan de Gordia en donde han resultado 1044 y media fanegas vizcaínas, que hacen 1392 y media fanegas en esta provincia, las que han entrado en el almacén de mi cargo en el presente mes, resultando haber pagado por ellas la suma de quince mil ochocientos noventa y nueve reales de vellón.”

Reproducimos seguidamente las peticiones de sal, efectuadas por parte de dos de los municipios alaveses, el de Valdegovía y el de Ehari/Ali: “Se autoriza a Manuel de Alejandre, mayordomo tesorero de este Valle de Valdegovia para que a su nombre solicite y extraiga de los almacenes de esta provincia setecientas cuarenta y cuatro fanegas de sal que son necesarias para el consumo de los habitantes de este valle, previo el pago correspondiente.” ;“Acompaño la relación de los pueblos y numero de fanegas de sal que los habitantes de varios de este distrito municipal de Ali, solicitan del almacén de esta Diputación de Provincia”

Petición de sal del ayuntamiento de Ehari-Ali / ATHA

El Diputado General o el Teniente de Diputado General eran quienes autorizaban el suministro a los municipios, mediante su firma. El responsable del almacén Martinez de Yuso hacía efectiva la entrega. Este efectuaba el cobro e ingresaba en Tesorería de la Provincia el importe. Así mismo era el encargado de la compra de la sal y el que pagaba a los suministradores..

Adquisición de terrenos

Al objeto de contar con terreno en las cercanías del Palacio de la Diputación, concretamente frente a la fachada sur del mismo junto al almacén de sal, la corporación fue adquiriendo una serie de fincas lindantes con el callejón de la Alberca Vieja.

Plano terrenos adquiridos / IÑAKI ARMENTIA

El 5 abril de 1866, se efectuó la compra de un solar (número 2 en el plano), en el “Paseo del Juego de Pelota con vuelta a la Diputación”, ante al notario José Benito de Rota. Fue vendido por los hermanos Miguel Ricardo e Isabel Álava Carrión. El primero era sobrino del famoso General Álava. La entidad foral estuvo representada en la firma de la escritura, por su Diputado General, Pedro Egaña Díaz del Carpio.

El 2 marzo 1867, ante el notario Antonio Cerain, Feliciana Arciniega Vallejo (viuda de José Aberásturi), vendió a la Diputación una huerta y una tejavana (numero 1 en el plano) pegante a la adquirida a los Álava.

En la condición quinta de la escritura de venta, se estableció una cláusula, que tendría su influencia en el futuro: “La Diputación se compromete en caso de cerrar el actual paso de servidumbre para el callejón, a abrir otro cubierto o descubierto según le convenga y de una anchura mínima de ocho pies y nueve de altura, pudiendo hacerlo por el punto que mas le conviniese”.

Se deduce que se planteaba que la parte del Callejón de la Alberca Vieja que discurría sobre la finca objeto del contrato de compraventa fuera sustituida por otro acceso diferente.

El 29 noviembre 1866, la Diputación adquirió a Martín Saracibar Lafuente -arquitecto autor del proyecto de la Casa Palacio de a Diputación-, un pequeño edificio destinado a cochera de carruaje, con fachada principal a la Plaza de la Provincia y fachada posterior al callejón (numero 3 en el plano).

Finalmente en abril de 1887, en sesión celebrada por Diputación, se acordó adquirir a Aquilina y Carmen Lecea “el triangulo que forma entre el citado callejón de la Alberca Vieja, la pared de la llamada cochera junto a los almacenes de sal, y la línea de calle” (número 4 en el plano).

De esta forma la Diputación se hacía dueña de cuatro propiedades, que formaban con el almacén de sal un conjunto único, parte del cual se utilizó para vivero de plantas, destinadas a repoblaciones forestales.

Una magnífica fotografía de 1885, que conserva el Archivo Municipal, nos muestra el aspecto de los edificios del callejón a los que nos hemos referido anteriormente.

Edificios del callejón / Archivo municipal

Sustitución de parte del callejón

El 13 de enero de 1879, Feliciana Arciniega, Juan de Ayala, Vicenta Ayala y Casilda Ruiz de Cortázar recordaban en un escrito dirigido a Diputación “que de acuerdo con lo pactado en la escritura de 2 de marzo de 1867, se proceda a abrir el nuevo paso, cerrando el existente, para que las cuatro casas señaladas con los números 2, 3, 4 y 5 del Callejón del Alberque Viejo puedan continuar comunicándose libremente con el camino semicircular que rodea la Casa Palacio, según que por espacio de 34 años lo han verificado”.

5 de febrero de 1879. Diputación accedía a abrir un nuevo acceso y paso, de acuerdo con el informe del arquitecto provincial, pero no se llevó a efecto.

Después de cuatro años, tras reunirse con los propietarios de las casas del callejón, el 30 de junio de 1883 el Vicepresidente de la institución provincial emitió un informe en el que decía que la nueva entrada “cabe colocarla en línea con los almacenes de sal , con una puerta que tenga diferentes llaves para uso de los propietarios interesados.”

El 9 de julio de 1883 se aprobó convertir una ventana del almacén de sal, en puerta de acceso nuevo al Callejón de Alberca Vieja, anulándose la parte antigua del callejón que discurría sobre las fincas adquiridas por el ente foral.

El 10 de julio de 1883 Diputación solicitó autorización al Ayuntamiento para que se aprobara lo anterior, siendo autorizado el nuevo acceso, por este, el 26 de julio de 1883.

De esta forma, quedaba anulado el paso del callejón, sobre las fincas adquiridas, estableciéndose el nuevo acceso a través del almacén de sal, entrada que continúa hoy día situada en el mismo lugar.

Modificación acceso al callejón / IÑAKI ARMENTIA

El callejero

El nomenclátor del callejero vitoriano señala que los cinco portales del callejón, desde 1855 a 1867, pertenecieron a la calle Constitución -hoy Diputación-; que desde 1867 a 1881 pertenecieron al callejón del Alberque Viejo; pasando posteriormente a denominarse la calle como Alberca Vieja.

Se facilitan también otros datos: en 1880 los cinco edificios estaban habitados por 27 personas; en 1903, eran 37 los empadronados; en 1910 los habitantes eran 43; en 1920 los portales seguían siendo 5; igualmente 5 casas había en 1940, matizando que en el número 3 existía un almacén de carbones, y en el número 4 estaba instalado el centro “La Blanca”; finalmente el nomenclátor señala que en 1970 solamente había dos números de portal, uno de los cuales correspondía a una vivienda de la carpintería de Garibay.

El farol de la iluminación

La iluminación pública del callejón generó un largo conflicto entre los vecinos y el ayuntamiento.

Diez de esos vecinos se dirigieron al consistorio en noviembre de 1883 tras eliminarse el único farol que iluminaba el callejón solicitando que el servicio se restableciera de inmediato. Señalaban: “Hasta los primeros días del mes de julio próximo pasado ha existido en dicho callejón un farol para alumbrado, habiendo desaparecido desde entonces, dejando totalmente a oscuras todo el transito. Los recurrentes ignoran las causas de esta supresión y lo único que han oído es que considerándose el repetido callejón como de propiedad particular no debe colocarse la luz, por cuenta del erario público.”

Aquella solicitud nos sirve para conocer los nombres de diez de los vecinos, que eran los que firmaban el escrito : Tomasa Apodaca, Pedro Aranguren, Damiana Guillerna, Lorenzo Lejarazu, Plácido Guillerna, Dorotea Uralde, Martín de Zabalo, Manuel González de Peñalva, Juan Borinaga, y León Sarria.

Edificio carpintería Garibay / I. Armentia

El 1 de diciembre recibieron la contestación del ayuntamiento que decía: “El paso a que se refieren es de propiedad particular, por ello los interesados deben recurrir a los que creen ser los propietarios del expresado callejón en demanda de lo que solicitan”

El 18 de diciembre recurrían la resolución indicando que “El farol se colocó por mandato de V.E., sin gestión previa de los que hablan (solicitan). Privarles ahora de la continuación de este servicio municipal, equivaldría a imponerles un verdadero castigo, que por cierto ni han merecido. Sería una desigualdad injusta negar a unos vecinos lo que con tanta esplendidez se otorga a otros. En la Plaza Nueva se ha triplicado sin que nadie lo pida el número de luces ordinarias y se han colocado además hasta setenta y tres aparatos cuyos mecheros apenas se encienden media docena de veces al año. En los jardines de la Florida y en el nuevo Salón sobran durante nueve meses del año la mitad de los faroles que diariamente se encienden,”

Finalizan diciendo que se trata de conservar una mínima parte absolutamente indispensable a ciertos vecinos”.

De nuevo el ayuntamiento comunicó a los interesados su negativa a reponer la iluminación, manteniendo el argumento de que el suelo del callejón era de propiedad particular.

Impuesto de la matanza

En febrero de 1884 los vecinos de la Alberca Vieja recibieron del ayuntamiento una comunicación en la que se señalaba el importe del arbitrio que debían satisfacer por “la matanza de reses de cerda”. El día 12 de ese mes presentaron un escrito en el que decían: Habiendo comenzado la matanza de reses de cerda para el necesario surtido de sus respectivas familias, observan que se les exige por entero el importe del arbitrio que V:E. tiene dispuesto por este concepto.

Siendo los deberes y derechos de todos los vecinos debidamente recíprocos, no es en manera alguna justo que los recurrentes cumplan con los primeros y no disfruten de los segundos. A todos los habitantes que residen dentro del perímetro interior de la ciudad se les acude con el indispensable servicio del alumbrado, y vigilancia, ni menos necesario de los serenos.

Les consta que el primero de estos derechos no existe desde hace varios meses y sin que se sepa la causa, para las once familias que viven en el Callejón.

Solicitan que se rebaje el impuesto a la mitad, según se cobra a los habitantes de las afueras y de lo contrario se restablezca el indispensable servicio de alumbrado.”

De nuevo la contestación del consistorio es la de que no ha lugar a colocar el farol, ni a aminorar el importe del arbitrio.

Vuelven a la carga

Pasan doce años y los vecinos vuelven a la carga, presentando un nuevo escrito el 9 de noviembre de 1896, en que dicen: “Habiendo presenciado varias escenas nada agradables, ni muy armonizadas con la moral, y no encontrándose muy garantizada la seguridad personal de dichos vecinos, por carecer dicho callejón de alumbrado público, suplican encarecidamente se digne colocar un farol donde mas crea conveniente, para evitar ciertas escenas poco cultas, y quizás algún incidente que podría traer graves consecuencias.”

El 11 de diciembre reciben la contestación, en la que de nuevo no se atiende su solicitud, señalando el ayuntamiento la solución que deben adoptar: “Los recurrentes son los llamados a colocar el farol que reclaman, y de no convenirles hacer este gasto, cierren la puerta que tienen en la calle de la Constitución a la hora que previene el bando de la Policía Urbana en su artículo 5º, y de este modo se evitaran las escenas o accidentes a que hacen referencia.”

En febrero de 1965, se confirmó la teoría de que la propiedad del suelo del callejón es privada, al solicitar Vitoriana de Electricidad al ayuntamiento permiso para colocar un transformador, en el callejón en cuestión, siendo preciso tener garantizado el acceso durante las 24 horas del día.

El ayuntamiento contestó a la compañía, como lo venía haciendo años ha: “El referido callejón, es de propiedad particular exclusivamente, y por ello la consulta deberá dirigirla al propietario o propietarios.”

Si observamos hoy el callejón vemos que sigue careciendo de iluminación pública, ya que las farolas de que se dispone han sido colocadas por la Diputación, cuyos empleados acceden a las oficinas técnicas por la Alberca Vieja.

El callejón, hoy

La placa metálica que señalaba el nombre de esta calle calle fue eliminada, y hoy día no existe ningún letrero que la señale. Como hemos expuesto repetidamente, el suelo de esta vía es particular, pero sin embargo la calle si figura en el callejero vitoriano. No estaría de mas que se recuperara la placa en cuestión.

Placa de la calle eliminada / ATHA

De aquellos cinco edificios antiguos, solamente queda uno, que en su día fue vivienda de operarios de la carpintería de los González de Garibay y que hoy es utilizado por el dueño del restaurante Sagartoki, de la calle Prado. El edificio que albergó una escuela y el Centro “La Blanca” ha sido rehabilitado y ocupado por oficinas provinciales. En el lugar que ocupó un terreno y una cuadra en la que guardaba su caballo Francisco Juan de Ayala, hoy existe un pabellón que se utiliza como garaje comunitario. Las antiguas viviendas de la Plaza de la Provincia, cuyas traseras daban al callejón, fueron reconvertidas en nuevas oficinas de la Diputación.

La entrada a la Alberca Vieja por la calle Diputación fue suprimida al construirse un edificio nuevo en el año 1977. José Mari Sedano refriéndose a ello, escribió en su columna “Se ve se oye, se cuenta”: “Bien podemos decir que ahora se ha convertido en un callejón sin salida”.

El callejón hoy / I. Armentia

¡Ah! y por supuesto el almacén de sal no existe. En el lugar se instalaron los almacenes de Sucesores de Aguirre, empresa veterana fundada en 1840, especializada en hierros y aceros. En los años setenta del pasado siglo, se construyó en su emplazamiento un edificio en el que se dio cabida a las oficinas técnicas nuevas de la Diputación.

Eso si, la entrada al callejón por la Plaza de la Provincia continua existiendo, bajo el citado edificio de las oficinas técnicas, en el mismo lugar que estuvo cuando había que atravesar el antiguo almacén de sal.

Acceso al callejón ayer y hoy / IÑAKI ARMENTIA

Los Junkers

Uno, al escribir los artículos, tiene un esquema de como desarrollarlos, con los datos de que dispone, pero a veces surgen de repente en la memoria recuerdos que merecen ser añadidos y contados. Este es el caso.

Muchos recordaran, como yo, que en el centro “La Blanca”, al cual se accedía como se ha dicho desde este callejón, al final de los años sesenta y principios de los setenta del pasado siglo, los fines de semana la gente acudía a bailar disfrutando de los ritmos de la “nueva ola”. Los conciertos eran ofrecidos por varios grupos, surgidos con el “boom” de la guitarra eléctrica. Uno de aquellos conjuntos -como se les llamaba entonces-, era “Los Junkers”.

Los Junkers / Archivo municipal

Pues bien, el batería de aquella banda, el incombustible Ramiro Centol , sigue hoy día manejando a la perfección ese instrumento musical y forma parte desde hace años de un nuevo grupo, Blue Mikys, del que forman parte otros aguerridos y veteranos músicos, que intervinieron en otras bandas, y que son: Juanjo Aberásturi (de “Txo”), Alberto Agirre (de “Nakar”) y Carlos Díaz (de “A la Vuelta de la Esquina”).

No puedo resistirme a reproducir un vídeo, de una de las actuaciones de estos chicos, en la que demuestran claramente que siguen estando como unos mocetes.

Lamentablemente la “pande” los ha dejado en el dique seco, pero espero y deseo que la tormenta pase pronto para poder verlos y escucharlos de nuevo en directo.

Decir también que en la tasca de La Blanca, se tomaban unas pócimas que levantaban el ánimo y hacían mover el esqueleto: ginebra preparada, vaca verde, cubata, destornillador, japonesa, rioja libre -al que desde 1973 se le llama kalimotxo -, etc.

Iñaki Armentia

Cargando

Escucha la radio en directo

Cadena SER
Directo

Tu contenido empezará después la publicidad

Programación

A continuación

    Último boletín

    Emisoras

    Elige una emisora

    Cadena SER

    Compartir

    • Notice: Undefined variable: lb_es_acceso_con_movil in /mnt/filerprod/html/produccion/datos/rhabladas/cadenaser/ser/templates/includes/v3.x/v3.0/include_player_permanente.html on line 118

    Tu contenido empezará después de la publicidad

    Cadena SER

    ¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?