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Alex Txikon rememora el infierno vivido en el Manaslu: "He disfrutado muy poco"

El alpinista, de vuelta en Katmandú, rememora los momentos más delicados de la ascensión a la cumbre del Manaslu

"Gabon desde Katmandú. Acabamos de llegar al hotel de Katmandú y tenemos la habitación llena de trastos, toda desordenada, ¡pero es que toda la ropa está todavía congelada!". Alex Txikon asegura haber vivido una de las expediciones de mayor sufrimiento de su carrera. El frío ha colonizado la semana decisiva que terminó el pasado viernes, 6 de enero, con la primera cumbre invernal del Manaslu (8.163 metros).

Sin embargo, Alex rememora con detalle el día clave de la ascensión: "Salimos hacia la cumbre el día cuatro de enero a las siete en punto de la mañana. En menos de 60 horas estábamos de vuelta en el campo base y habiendo hecho cumbre siete personas, todos menos Simone Moro", relata.

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Tercera expedición al Manaslu

Ha conseguido el objetivo al tercer intento, después de dos años en los que "hemos peleado igual. Ni antes éramos tan malos ni ahora somos tan buenos. Hemos tenido suerte, hemos trabajado mucho y hemos evolucionado en estos tres años. Los dos años anteriores hemos ido aprendiendo detalles de la ascensión y al final lo hemos conseguido", sostiene.

Txikon califica la ascensión de "muy difícil", sobre todo debido al frío. "Yo lo he pasado peor que en el Nanga Parbat. He disfrutado muy, muy poco y lo hemos peleado mucho. Ha habido momentos difíciles, sobre todo en el descenso. Vi cómo uno de los compañeros caía, delante de mí, desde los 7.250 metros hasta los 6.850. Pensé que, si hubiera fallecido, nada de esto habría tenido sentido. Pero afortunadamente está vivo después de una caída de tal magnitud", reconoce el alpinista.

Vista de la cresta final de ascenso al Manaslu desde el campamento

Vista de la cresta final de ascenso al Manaslu desde el campamento

El frío, insoportable

Después de poner punto final a la aventura, Txikon señala que "es difícil asimilar que ayer mismo estábamos ahí arriba, entre la vida y la muerte. Creo que la gente no es consciente de lo que supone salir hacia la cima de una montaña como esta". Esa dificultad se traduce en un frío intensísimo.

"Cuando salimos del Campo 3 eran las diez y media u once de la noche y había unos 40-45 grados bajo cero, pero era tan fuerte el viento que la sensación térmica caía por debajo de los 60º bajo cero", ejemplifica Alex. "No me había pasado en la vida. Llevábamos las cantimploras dentro de la ropa, pegadas a nuestro cuerpo, bajo el mono de plumas, y todas acabaron completamente congeladas", añade.

Coraje y valentía

Una vez de vuelta, descansando en el hotel de Katmandú, el de Lemoa echa la vista atrás y sostiene que "en esos momentos hay que sacar coraje y valentía. Ha sido muy difícil". Es más, saca a la palestra un ejemplo para intentar trasladar al común de los mortales de qué va el alpinismo invernal. "Es como cuando los antiguos gladiadores salían al circo romano sin saber lo que se iban a encontrar. Pues es una sensación parecida", dice.

No obstante, las montañas de ochomil metros atrapan a los alpinistas. También le ocurre a Txikon, que, apenas dos días después de haber estado en la cima del Manaslu asegura que volvería sin pensarlo dos veces: "Aunque suene paradójico, ahora mismo donde quiero estar es en el campo base, y sentir ese aire de libertad que sentimos allí", zanja Txikon.

 
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