Se cumple un año del apagón, también en las residencias, sin necesidad de nuevos protocolos
La Diputación destaca la “respuesta ejemplar” de los centros, mientras el sector admite que la situación “tuvo suerte” y refuerza algunos sistemas de emergencia

Se cumple un año del apagón, también en las residencias, sin necesidad de nuevos protocolos
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Bilbao
Un año después del histórico apagón que dejó sin luz ni comunicaciones a buena parte de Bizkaia, el balance en las residencias de mayores es claro. La red asistencial respondió con eficacia y no ha sido necesario introducir cambios estructurales en los protocolos. Así lo aseguran tanto el director foral de Promoción de la Autonomía Personal, Toño Barañano, como el gerente del grupo GESCA, Aitor Pérez, un año después de una jornada marcada por la incertidumbre.
El 28 de abril del año pasado, el Gran Bilbao y otras zonas del territorio se quedaron sin suministro eléctrico durante horas, lo que paralizó metro, tranvía, semáforos y comunicaciones. Municipios como Arrigorriaga o Lanestosa no recuperaron la luz hasta bien entrada la tarde o incluso la noche, lo que puso el foco en uno de los servicios más sensibles, como es la atención a las personas mayores dependientes en las 157 residencias autorizadas en Bizkaia.
“Los primeros momentos los recuerdo con mucha confusión. Se llegó a hablar incluso de incendio o de un posible ciberataque”, rememora Barañano. Desde el Departamento de Acción Social, la prioridad fue contactar uno a uno con los centros para comprobar su situación y ofrecer apoyo. La conclusión, según explica, fue positiva: “La respuesta general fue ejemplar. La capacidad de adaptación para manejar las incomodidades derivadas del apagón fue muy buena”.
Las principales dificultades estuvieron relacionadas con la falta de electricidad: ascensores fuera de servicio, reorganización de turnos de comida o dificultades para trasladar a residentes entre plantas. Sin embargo, los puntos más críticos fueron los sistemas dependientes de energía, especialmente la oxigenoterapia. En estos casos, los centros contaban con planes de contingencia: desde grupos electrógenos en algunas residencias hasta balas de oxígeno proporcionadas por las empresas suministradoras.
“Con esos sistemas se pudieron cubrir las situaciones más delicadas y, en caso necesario, había margen para activar recursos sanitarios”, explica Barañano. A pesar de que en algunas zonas el apagón se prolongó durante horas, no fue necesario desplegar equipos extraordinarios desde la Diputación, más allá de intervenciones puntuales de servicios de emergencia locales.
Tras el incidente, la institución foral solicitó a todos los centros un informe detallado de incidencias y protocolos activados. El resultado de ese análisis no ha derivado en cambios significativos. “No hemos visto necesaria la elaboración de un protocolo específico adicional. Con los actuales, bien mantenidos, la situación se solventó sin mayores dificultades”, afirma el director foral.
Desde el sector privado, el diagnóstico coincide, aunque con matices. Aitor Pérez, responsable de GESCA —grupo que gestiona 44 residencias y más de 4.700 plazas en Bizkaia—, recuerda aquel día como “sorprendente”, pero introduce un elemento clave: “Hay que estar contentos porque hubo suerte”.
Según explica, el hecho de que el apagón se produjera durante el día y no se prolongara más de 24 horas evitó un escenario más complejo. “Si llega a ocurrir por la noche o durante más tiempo, la situación podría haberse complicado bastante”, advierte.
Aun así, los centros contaban con sistemas básicos que garantizaron la seguridad, como iluminación de emergencia en pasillos y zonas comunes, así como sistemas de respaldo en muchos edificios modernos. Las incidencias, en su mayoría, fueron logísticas: residentes que no podían subir a sus habitaciones, comidas que hubo que reorganizar o traslados internos más complicados.
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DescargarUno de los factores que generó mayor tensión fue la falta de comunicaciones, especialmente con las familias. “Los familiares no sabían qué estaba pasando y eso también añade presión a la gestión”, señala Pérez.
Aunque ni la Diputación ni el sector han considerado necesario cambiar protocolos de forma generalizada, sí se han producido ajustes puntuales. Algunos centros han optado por adquirir pequeños grupos electrógenos para reforzar su autonomía en caso de futuras incidencias.




