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Entre la cuota del gimnasio, la última tendencia en ropa deportiva y los alimentos bio y eco, ¿cómo de caro es cuidarse?

Los mensajes de concienciación sobre la importancia de comer bien y hacer ejercicio para estar saludable contrastan con el coste económico que puede llegar a suponer

Entre la cuota del gimnasio, la última tendencia en ropa deportiva y los alimentos bio y eco, ¿cómo de caro es cuidarse?

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Lugo

El mensaje de lo importantes que son hacer ejercicio y alimentarse bien para tener una buena salud parece que ha calado en la sociedad. Cada vez somos más conscientes de que la actividad física y los alimentos de calidad son fundamentales para envejecer bien y prevenir enfermedades de todo tipo, pero ¿hemos pasado la raya de las campañas de concienciación para mejorar la salud de la población para rendirnos a las campañas de marketing que generan necesidades que realmente no tenemos?

En una sociedad en la que, cada vez más, todo cuesta dinero, esta no iba a ser la excepción. El catedrático de Economía de la USC Melchor Fernández apunta a que en los últimos años "el crecimiento tremendo de este sector vinculado a la actividad deportiva" ha terminado generando "nuevas actividades económicas" y "nuevos empleos. "Lo que para unos es gasto, para otros es negocio", recuerda.

"Siempre se habla de que la demanda crea oferta, pero en este caso es la oferta la que también va creando demanda", continúa el experto. Lo que sucede es que "todos estos sectores de actividad logran generar esas necesidades por las que obtienen un rendimiento económico muy alto, porque se convierte casi en un monopolio". Lo explica con un ejemplo: "Pagamos la cuota del gimnasio, pero después también tenemos que comprarnos la ropa deportiva o el material, que puede llegar a ser ciertamente caro".

¿Gasto o inversión?

"Adoptar una vida saludable implica costes, eso desde luego, pero también depende de cómo lo enfoquemos", reflexiona el economista. Plantea adoptar una perspectiva en términos de "inversión", y "no de gasto". "A la larga puede ahorrarnos dinero, porque evitaremos esos gastos asociados a una enfermedad que a lo mejor se puede evitar con estas acciones preventivas", explica. Esto supone un ahorro "a título individual", pero también "como sociedad", porque es más barato prevenir enfermedades que curarlas y prestar atención médica.

En todo caso, apunta Melchor González que "existen alternativas incluso gratuitas para practicar deporte o para reducir el coste de los alimentos". Se refiere, por ejemplo, a "hacer ejercicio al aire libre o aprovechando los recursos que ofrece Internet". En el caso de los alimentos cree que, especialmente en este momento, marcado por la subida de los costes energéticos y del transporte de mercancías, recurrir a productos locales y de proximidad puede suponer una vía de acceso a productos saludables y más baratos.

Pagamos más por esforzarnos menos

La conclusión del economista es que se puede acceder a productos saludables y hacer ejercicio sin necesidad de gastar mucho dinero, pero esto implica esforzarse por encontrar esas alternativas que "son más numerosas que nunca", pero que hay que buscar. Entiende que parte de las causas es que nos acostumbramos muy fácilmente a pagar más por ahorrar tiempo y esfuerzo.

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Esto sucede especialmente en el caso de la alimentación, una opinión que también comparte la nutricionista Lidia Marqués, que asegura que "lo que más juega en nuestra contra es la prisa". "Es importante mencionar el factor tiempo, que es lo que realmente nos indica si la cesta de la compra saludable es cara o si es que escogemos aquellos productos que viene listos para consumir y procesados y que por lo tanto tienen un coste más elevado", señala. También recuerda la importancia de cocinar nuestras propias comidas, por un lado, porque puede suponer un ahorro económico, y por otro, porque "sabemos lo que comemos".

Otra de las claves pasa por el tipo de alimentos que escogemos. Algunos se ponen de moda porque los vemos recurrentemente en las fotografías de comida que vemos en las redes sociales y nos acostumbramos a comprarlos, sin pararnos a pensar que existen "alternativas" que pueden ser más baratas pero "muy similares nutricionalmente hablando". No solo eso, sino que comprar productos fuera de temporada implica pagar el sobrecoste de transportarlos desde países en otras latitudes más cálidas.

Mercantilizar la salud

"La salud ante todo es un derecho, eso hay que reivindicarlo siempre, pero es cierto que en una sociedad como la nuestra es cierto que hay todo un mercado en torno a ella", señala el cardiólogo Ramón Ríos. Más que cuestiones como los "suplementos alimentarios que no son muchas veces necesarios, la cultura de buscar un resultado rápido o el sector fitness que se centra a veces más en la estética o el estilo de vida", son "los pequeños cambios en nuestra rutina" los que marcan la diferencia.

Entiende que "la falta de tiempo y las prisas son muchas veces los culpables", reflexiona, pero cuestiones como "priorizar caminar" o "hacer compras con tiempo y que nos permitan organizarnos las comidas de varios días" tienen un impacto muy notable en la salud.

 

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